Invierto el orden de los temas. El rotundo fracaso de la gira de Isabel Díaz Ayuso es rotundo; fracaso y mayúsculo ridículo del PAN y de Salinas Pliego y de todos quienes la trajeron, aplaudieron y justifican, tratando de usarla como ariete para sus tonterías acostumbradas.
Tonterías como las que soltaba una priista, conminándola a dejarlas, pero era necia y seguía, porque al PRI no le da para más. El desaguisado de Ayuso puede titularse cómo ¿“De los creadores de ‘Traigan a México el documental de la Melania’, ahora ‘Invitemos a Díaz Ayuso’”? y el zafarrancho no altera las relaciones bilaterales. No da para eso. Por cierto: en España dicen que le costó venir 310 mil euros públicos. Al PAN y sus gobiernos ¿cuánto? o ¿serán igual de opacos no informándolo, cual es costumbre del PAN el ser opaco?
La reacción torpe del panismo a la salida de Ayuso, es elocuente. No les da la gana entender que este es un país libre y que no es cosa de pensar diferente –debate, imposible, no les interesa sostenerlo– y que no pueden arrastrarse, traer opositores nada más porque no les da su regaladísima ir en una responsabilidad compartida de un proyecto de país y, desde luego, optan por ultraderechistas. Admitan de una vez que igual lo son, para que los electores sepan nuevamente a qué atenerse. Es inaceptable que en boca de sus dirigentes –Campos, Anaya, Romero mismo, Marko Cortés– clamen que hay autoritarismo repitiendo la misma estupidez del secretario general del PP en España –partido de Ayuso– llamando facista a este gobierno, vocablo propio de la derecha que ellos y ustedes son y admiten serlo. Y al mismo tiempo, la bobalicona de Ayuso dice que vamos al comunismo. ¡Por fin! ¿fascista o comunista? Estando ya en México, el 7 de mayo en entrevista vía satélite a un medio español volvió a referirse a México de esa forma y esta vez desde México: narcoestado. Su postura raya ya en la imbecilidad. Eso hizo con el soso tono perdonavidas y asistencialista que la viste. La próxima vez, siquiera traigan a alguien que conozca de México –dejemos lo de si nos quieren o no, que nadie está obligado– que lo importante no es que lo escriba con j, sino que sepa de México. Quizá entonces se abstenga de escribirlo así. Una cosa puede llevar a la otra. Y sí, Cortes es un tema que merece abordarse desde todos los tópicos. Y…¿cuándo dejará el panismo de hacerse fuera de la bacinica? Igual que Ayuso, llamando Malinches a las mujeres ¿migrantes? de Madrid. Qué torpeza tan tono PAN.
Es de aplaudirse y de pie, la respuesta de la nueva dirigente de Morena, Ariadna Montiel, al secre del PP reprobando sus descalificaciones a Sheinbaum: “barra su casa antes que las ajenas”. Y es correcto, por entrometido, porque su partido trae muchas gordas, Ayuso señalada de corrupta y pactos con impresentables. ¿Qué alardea? Dando lecciones de democracia que no está en posición de dar. Y Montiel, a diferencia del bajo perfil de Alcalde, asume y sí responde como corresponde a un partido articulado que no las deja pasar ni adentro ni afuera. Eso sí posiciona a un partido y da liderazgo.
¿En qué momento el PAN dejará de ser tan vendepatrias, tan tapetero? tan de ir a contrapelo de la política nacional, de no cerrar filas ante posturas maniqueas y discursillos de ultraderecha, de odio, como el de la obtusa de Ayuso o agasajando al líder impresentable de Vox, Abascal. ¿Dónde está parado el PAN? ¿dónde para que, en voz de Marko Cortés, cacaree autoritarismo, cuando él ni siquiera tuvo competidores a dirigir Acción Nacional? ¿Dónde lo de ser dictadura y ser ustedes los panistas la gente de bien, sin serlo? ¿a quién quieren tomarle el pelo aliándose siempre con impresentables?
Abrazaron a una impresentable, panistas. Se quemaron. Se han mofado de ella la izquierda española y los ciudadanos libres –no solo de bien– por el ridículo en México. Se la han comido con patatas. Eso de la mano de ciertos empresarios señalados de evasores fiscales. Reuniéndose con Cano, acusado de no dar de alta en seguridad social a sus trabajadores en un musical de narrativa sosa, pestilente. Y sí, claro que sin Cortés no habría México, pues aquí no llegaron rusos. De manual. Pecan de obvios. Y venir a México a criticar la política gubernamental no es admisible. Más que provocadora, Ayuso es torpe. Y la gente y la izquierda no se la perdonaron. Y como cabía, empezando por la Sheinbaum, que ha hecho lo correcto.
¿El PAN desconoce que la corrupta Ayuso tiene al novio acusado en tribunales y a su jefe de gabinete, también? Pues… con ella se hicieron la foto. Medios españoles califican a la alcaldesa de sello priista Rojo De la Vega de ser poca monta. Bien dicho. Pasearse por la alcaldía, lo confirma. La medalla al mérito al amparo de la corruptita gobernadora panista de Aguascalientes y el alcalde de su capital, cuánto les costará a sus gobernados. Un PAN tan extraviado que pone a Taboada a hablar de corrupción ajena teniendo la propia. ¡Vaya que van desvergonzados! y van por ayuda para serlo más, como si la necesitaran.
Las palabras de Ayuso son necedades y victimizarse la pone en el más absoluto ridículo, uno que nada más confirmó. Nadie la echó. Solita decidió largarse y fue lo mejor. Y lo sabe. Lo dicho: ¿cómo se atrevió el PAN a arropar a una tipa que insultó a México? Eso es el PAN. Cual si nos les bastara el escándalo de permitir agentes del hacia operando en Chihuahua. Ya saben que este país rechazó su presencia con movilización ciudadana y una izquierda combativa. Articulada porque hay conciencia, porque hay capacidad de respuesta, con descendientes del exilio republicano español que la defenestró desde que llegó. Zunzunegui puede seguir diciendo barbaridades y edulcorando oídos con sus sandeces y con ese deje de suficiencia insufrible, a lo Anaya. Eso no cambió las cosas. Y la que besó la mano a Ayuso…qué patética.
Donde sí merece tomarse un café –carísimo, por cierto– es en el nuevo restorán del Castillo de Chapultepec, situado bajo su jardín de las pérgolas. Merece aludirse por varias razones: décadas atrás hubo una suerte de fuente de sodas frente a su explanada. Mesas con sombrillas. Mucho después, en torno al cambio de siglo, hubo una nevería de afamado nombre bajando las escaleras de tal jardín, pero hacia la derecha. Cerró y cuya misma salida era el pasaje que conduce hasta la puerta flanqueada por serpientes emplumadas que desemboca en la vereda por donde se asciende al alcázar.
Ahora hay de nuevo un sitio para servir refrigerios. En redes se quejan de la oferta esperando una suerte de elaborados desayunos mexicanos. No. Un museo que se precie puede contar con un establecimiento para refrigerios. Una pausa o un disfrute valedero, breve. No tiene que ser ni desayunador ni merendero. Sí, en efecto, debe mejorar el servicio, pues es lentísimo por desorganizados. Ni es ni puede ni pretende ser un restorán en forma. Quienes se quejan nos recuerdan a los turistas que hartaban a Tiffany’s en Nueva York antes de 2017, preguntando por dónde se llegaba a su restaurante, por lo de “desayunando en Tiffany’s”. Qué no. Vean la peli, atentos: la Hepburn con café y “danut” se detiene frente al escaparate de la joyería, admira algo y prosigue su camino. Punto. Hoy, la joyería posee un lujoso sitio para comer y el Castillo, otro modesto. Refrigerio y ya.









