Aunque haya tenido una salida institucional al viejo estilo PRI, el gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya hizo estallar una profunda crisis política, de gobierno, nacional e internacional que tuvo como escenario general los cárteles de narcotráfico, la narcopolítica y la presión del Gobierno de Estados Unidos.
La falta de información política hizo hervir la política en modo de redes de amplificación digital, donde cada uno dio su explicación definitiva sobre lo ocurrido. Las presuntas explicaciones pudieron haber sido válidas, pero surgieron de intereses interpretativos, y en medio de una falta de información oficial por razones de la crisis y por el perfil de los principales involucrados.
Los únicos que tienen información para explicar la decisión del gobernador con licencia Rocha Moya de regresar al cargo después de más de 100 días fueron: la Casa Blanca, el expresidente Andrés Manuel López Obrador, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el propio Rocha Moya.
Lo más cierto en los millones de mensajes digitales fue lo que menos se quiso tomar como punto central de la crisis política en Morena y del Gobierno federal: México le pidió a Estados Unidos pruebas más que acusaciones para darle proceso legal a la solicitud de arresto con fines de extradición del gobernador Rocha Moya y nueve presuntos cómplices de la narcopolítica en Sinaloa; la Casa Blanca no movió ninguna oficina para satisfacer los planteamientos mexicanos, la última semana la presidenta Sheinbaum declaró en la mañanera que México no contaba con información para extraditar al gobernador con licencia como narcopolítico y que en la lógica sistémica podría regresar al cargo y la crisis entró en zona de ruptura la noche del jueves 13 cuando Andrés Manuel López Beltrán reventó una crisis dentro de la crisis al anunciar que le habían quitado su visa estadounidense y difundió una carta pública en términos de guerra y ruptura.
La decisión de Rocha Moya el viernes para anunciar que retomaba el cargo de gobernador –sin duda que apuntalado por las declaraciones oficiales de la presidenta Sheinbaum de que estaba limpio y de que técnicamente podría regresar al cargo– provocó la peor crisis política en el Gobierno de Morena y dejó indicios de que los hilos de la política nacional con efectos partidistas, políticos internacionales mostraban por primera vez caminos separados entre la presidenta Sheinbaum y el expresidente López Obrador.
Los intentos de explicación de lo ocurrido tuvieron que recuperar aquella versión del escritor Carlos Monsiváis ante situaciones similares: “o no entiendo lo que está pasando o ya pasó lo que estaba entendiendo”. Y la crisis alargada con la solicitud de licencia del gobernador Rocha Moya también revivió aquella afirmación de la picaresca política que gustaba de usar el jefe José Pagues Llergo, director de la combativa revista Siempre: “en este país no pasa nada, y cuando pasa no pasa nada”.
Las estructuras de Morena reventaron la crisis con mensajes de la presidenta Sheinbaum en su red X, con declaraciones contrarias a Rocha Moya, después de quienes hace cien días salieron a defenderlo a gritos –“¡no estás solo”– y de los gobernadores que en su momento publicaron una carta de apoyo al sinaloense, pero que cambiaron bandera cuando Rocha Moya retomó su cargo porque no estaba acusado de nada y los mismos pasaron a criticar a su compañero de sector y de partido.
El trasfondo de la crisis política que evidentemente nunca será reconocido por ninguno de los protagonistas se localizó en las evidencias de dos caminos políticos que afectaban definiciones de gobierno y sobre todo relaciones geopolíticas con Estados Unidos: el expresidente López Obrador como el defensor de Rocha Moya y la presidenta Sheinbaum tratando de administrar márgenes milimétricos –pliegues, en lugar de espacios– para no darle la razón a Estados Unidos, pero tampoco otorgársela al expresidente.
El detonador de la crisis política por la decisión de Rocha Moya para regresar a su cargo de gobernador fue la crisis que nunca pudo aplacarse por la carta –más que por la visa cancelada– de Andy López Beltrán porque todas las interpretaciones coincidían con razón en que el asunto no era Andy sino un presunto mensaje de Washington de que la narcopolítica mexicana que ha denunciado el presidente Trump tenía su centro neurálgico en López Obrador y su estrategia de seguridad de “abrazos, no balazos” como la responsable de la denuncia formal de que los cárteles del narcotráfico tenían padrinazgo gubernamental.
Hoy lunes la presidenta Sheinbaum en su mañanera –si acaso no tiene un agravamiento de su gripe– estará obligada de manera formal a encarar desde la Jefatura del Gobierno federal la crisis política, partidista, de seguridad, de gobierno y geopolítica de los casos ya articulados Rocha Moya-Andy.
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Política para dummies: La política se nutre de la especulación y el chisme cuando no hay informaciones oficiales.
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