El regreso del hombre de las tres vidas

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Hay políticos que nacen en el poder y otros que lo conquistan a fuerza de persistencia. Rubén Rocha Moya pertenece a la segunda especie.

 

Nacido el 15 de junio de 1949 en Batequitas, un rancho de Badiraguato, Sinaloa, creció entre maíz, ajonjolí y la pobreza de padres que él mismo describió alguna vez como “analfabetos funcionales”.

 

De ahí a la Escuela Normal, de la Normal a la rectoría de la Universidad Autónoma de Sinaloa y de la universidad a la gubernatura hay un camino de casi setenta años que parece escrito para una novela de realismo mágico político.

 

Maestro de matemáticas, líder sindical universitario, diputado local en los ochenta, candidato a gobernador en 1986 y 1998 (ambas veces derrotado), senador por Morena en 2018 y, por fin, gobernador desde noviembre de 2021. Tres intentos, tres décadas de espera. Cuando llegó al poder, Sinaloa le entregó más del 56 % de los votos.

 

El profesor se había convertido en “don Rubén”, el hombre fuerte del estado. Hasta aquí, la narrativa es casi ejemplar: el hijo del campo que asciende por el estudio y la militancia de izquierda. Pero en Sinaloa las narrativas ejemplares suelen terminar en sombras.

 

Todo se oscureció…

El 25 de julio de 2024, el día en que Ismael “El Mayo” Zambada fue capturado y trasladado a Estados Unidos, y el mismo día en que fue asesinado Héctor Melesio Cuén Ojeda, el nombre de Rocha Moya quedó atrapado en una versión que él niega con vehemencia: que el capo esperaba reunirse con él.

 

Desde entonces, la sombra no se ha ido. En abril de 2026 la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York lo acusó, junto con nueve colaboradores, de conspirar con la facción de Los Chapitos: protección, sobornos y apoyo electoral a cambio de facilitar operaciones de narcotráfico. Rocha pidió licencia el 1 de mayo. Dijo que lo hacía para que lo investigaran sin fuero. Pasó 112 días en un silencio casi absoluto, afirmando que no se movía de su casa en Culiacán.

El regreso…

El 21 de agosto de 2026 regresó. “Aquí estoy”, dijo en un video breve. La Fiscalía General de la República, según él, no encontró elementos para procesarlo. El fuero volvió a protegerlo. ¿Qué significa este regreso? Para sus defensores, es la victoria de la presunción de inocencia frente a una acusación extranjera con motivaciones políticas.

 

Para sus críticos, es la confirmación de que en México el poder todavía puede diluir las sombras más densas.

 

Mientras tanto, Sinaloa sigue viviendo una guerra entre facciones del cártel, con miles de homicidios y desapariciones, y una economía que se resiente.

 

Rocha Moya es, al mismo tiempo, el producto de una generación de izquierda que creyó en la transformación y el símbolo de las contradicciones de esa misma transformación cuando se topa con las realidades del norte del país.

 

Académico que escribió libros, rector que administró una universidad, político que cambió de siglas sin perder el olfato del poder. Tres vidas en una sola biografía.

 

Hoy, de regreso en el sillón de gobernador, enfrenta la pregunta que ningún discurso puede contestar del todo: ¿cuánto de lo que se dice de él es verdad y cuánto es la guerra mediática que él denuncia? La respuesta no la tiene él solo.

 

La tienen las instituciones mexicanas, la evidencia que eventualmente salga a la luz y, sobre todo, los sinaloenses que todavía esperan que el hombre que prometió gobernar para el pueblo no termine gobernando para las sombras.

 

¿Qué representa Rocha Moya hoy?

Más allá de la persona, Rocha Moya se ha convertido en un símbolo de las tensiones de la Cuarta Transformación. Para sus defensores, es un hombre de origen humilde que ha sido víctima de una embestida mediática y de la injerencia estadounidense.

 

La presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una distancia cuidadosa: ha dicho que solo se procederá si hay pruebas contundentes y ha cuestionado las motivaciones políticas de las acusaciones externas. Sinaloa, mientras tanto, sigue esperando respuestas. Respuestas sobre la seguridad, sobre las redes de contratos públicos, sobre lo que realmente ocurrió el 25 de julio de 2024 y sobre si un gobernador puede realmente gobernar cuando su nombre aparece en una acusación federal estadounidense.

 

Pero la política no se mide solo por la capacidad de permanecer. También se mide por la capacidad de esclarecer, de transparentar y de devolver certeza a una ciudadanía que vive entre el miedo y la esperanza.

 

El hombre de las tres vidas está de regreso. Ahora falta ver si la cuarta —la del legado— será de claridad o de más sombras. En Badiraguato se nace con el peso de la tierra. Y a veces ese peso, por más lejos que se llegue, nunca se termina de soltar.

 

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