1995-2021: prensa, sociedad y poder, una transición que aún no ha llegado

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I

En agosto de 1995 en que circuló el primer ejemplar de la entonces llamada, por derechos de autor, Revista Mexicana de La Crisis, el ambiente político nacional estaba lleno de sobresaltos: había pasado el colapso de 1994 y el presidente Zedillo comenzaba su gestión en medio de una gravísima crisis posdevaluatoria y con efectos recesivos profundos y costo social aún no recuperado, además de que el colapso provocado por el alzamiento zapatista guerrillero el 1 de enero de 1994 se había descarrilado por la persecución policiaca y penal contra la dirección política del EZLN y no en el desafío de una transición de sistema. En esa edición, La Crisis recogía las exigencia a Zedillo para renunciar al cargo.

Los medios de comunicación entraban en 1995 en una nueva etapa de relaciones con el poder político del Estado y se consolidaba con Zedillo el tránsito de la vieja clase política a una nueva casta tecnocrática de economistas educados en el extranjero y especializados en materias técnicas, con poca formación política. Luis Echeverría y José López Portillo habían sido los dos últimos políticos en la presidencia; y, aunque forjados en la burocracia del poder, condujeron las relaciones con los medios hacia puntos de ruptura: el primero con una crisis provocada en el periódico Excélsior y el segundo quitándole la publicidad gubernamental a la revista Proceso, ambos por el contenido crítico de sus políticas editoriales. Los gobiernos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari formalizaron las nuevas relaciones a partir del criterio de que los medios podrían ejercer la crítica hasta cierto límite, pero sin convertirse en medios antisistema.

La revista La Crisis surgió en medio de este replanteamiento de relaciones de poder y con objetivos más de crítica que antisistema. Hacia 1995, los medios ya habían roto sus relaciones de dependencia política con el sistema político y buscaban el replanteamiento de nuevas relaciones informativas. Como dato revelador de las nuevas relaciones, en 1988 Manuel Camacho Solís, como operador político de Carlos Salinas de Gortari, me había hecho una pregunta que retrataba con precisión las nuevas relaciones prensa-poder: “¿por qué la prensa escrita mexicana había votado por el candidato opositor Cuauhtémoc Cárdenas?” Con esa indagatoria, Camacho estaba reconociendo en los hechos los nuevos espacios de articulación de la comunicación política del poder. Se suponía que los medios habrían de mantener una relación de lealtad con el sistema/régimen/Estado priísta de dónde provenían sus recursos publicitarios; sin embargo, la cobertura informativa de la campaña 1987-1988 había sido con mayor simpatía hacia el disidente Cárdenas y no a favor del oficialista Salinas de Gortari.

Las relaciones prensa-gobierno habían pasado por un periodo de replanteamiento de lealtades y dependencias de la crisis de Excélsior en julio de 1976 a las elecciones de 1988, apenas un par de sexenios. En esos años ocurrieron deslindamientos fundamentales en los medios y nacieron nuevas plataformas informativas con objetivos más políticos. De 1988 al 2000, un amplio espacio periodístico crítico propició una transición no programática del régimen de dependencia autoritaria de los medios hacia el Estado y de conquista de nuevos espacios para el ejercicio de la crítica.

El nacimiento de la revista La Crisis no fue producto de una reflexión teórica, sino consecuencia de una relación de amigos que tenían sus propios medios de comunicación para sus textos y que participaron en la convocatoria para construir una revista como nuevo espacio analítico, aún manteniendo sus espacios originales. La iniciativa fue mía, acompañado de dos periodistas que colaboraban conmigo: Óscar Hinojosa, a quien había conocido en la revista Proceso, y Álvaro Cepeda Neri que provenía de La Jornada. El proyecto pudo cuajar por la audacia irresponsable –en el buen sentido– del editor Fernando Mendizábal, entonces vinculado a una editora de publicaciones que incluía al crítico Rius, la editorial Posada.

La revista comenzó con buenos augurios porque en aquel entonces había fuentes de financiamiento de publicidad política basados en el interés de promover nuevos espacios, pero también por relaciones políticas de amistad que no miraban contenidos excluyentes, además de que el costo de producción era relativamente bajo. En la élite política gobernante existía entonces una amplia gama de formaciones políticas que oscilaban entre la dependencia presidencialista y la autonomía relativa de opiniones, relaciones y alianzas. Y los ingresos necesarios eran para la impresión, sin que la revista pudiera producir utilidades.

La primera etapa de la revista duró hasta el principio de la Presidencia de Fox y tuvo que cerrar sus puertas en 2003 por razones de financiamiento escaso. Luego hubo una incursión breve de 2003 a 2006 como intento de diario vespertino, pero el mercado ya estaba deteriorado. Sin embargo, varios años después, en 2016, pudo rescatarse una segunda etapa en versión impresa, pero con corta duración por el problema de los costos de impresión. En agosto de ese año la revista se hizo mensual e inauguró una segunda época formal con una edición especial de diez mil ejemplares por la importancia de su contenido: gracias a la generosidad del poeta Gabriel Zaid, la viuda del poeta Octavio Paz, Marie Jo, autorizó a La Crisis la publicación por primera vez en una revista impresa de circulación amplia del texto de Paz titulado México: la última década, que le sirvió en 1969 como base para su famosa conferencia en La Universidad de Texas en Austin y que fue la fuente analítica de su percepción de la crisis del sistema político priísta que lo condujo a redactar su célebre ensayo Posdata, en febrero de 1970, y que implicó el principio del camino como ensayista político de fondo.

La Crisis pasó, después de las elecciones de 2018, a revista semanal digital como se edita hasta la fecha y llega a su número 100. Han sido, estos últimos, cinco años de esfuerzo conjunto de un equipo editorial para mantener el ritmo, la calidad y la conjunción de un grupo plural de colaboradores que escriben sin ningún rasgo de censura sobre sus enfoques políticos de la realidad.

 

II

La relación de la prensa crítica o independiente con el Estado no ha sido fácil. Ha tenido que pasar por el túnel del tiempo y las circunstancias a partir de 1968 en que un sector de la prensa reaccionó de manera positiva a aquel reclamo de las manifestaciones estudiantiles a las puertas de los periódicos Excélsior y El Universal gritando “¡¡¡prensa vendida!!!” a los medios que estaban ocultando la realidad de la protesta juvenil. Uno de los efectos colaterales del 68 mexicano fue justamente la apertura obligada de los medios de comunicación ante las protestas juveniles; destacaron, sobre todo, el periódico Excélsior que era una cooperativa manejada de manera política por la Secretaría de Gobernación, y el periódico El Día, dirigido por el político priísta Enrique Ramírez y Ramírez, de formación en el Partido Comunista Mexicano y vinculado al sector progresista del PRI, entonces con cierto espacio de izquierda democrática. Otros medios abrieron sus páginas las protestas, ante la preocupación de Gobernación para evitar la conversión de la prensa en un aliado opositor.

Se pueden detectar diez etapas en el funcionamiento de la prensa escrita en México de 1968 al 2021. Se trata de una periodización no muy académica, pero sí ajustada a las fases de comportamiento de los medios ante tensiones, reacomodos y nuevas alianzas de poder:

1.- La prensa escrita fue construida por el estado priísta, siguiendo el modelo de Althusser, como un aparato ideológico del Estado y su partido, en tanto que el contenido de los medios ocultaba la realidad o la presentaba en los términos de legitimación del grupo gobernante. El control político de clases por el sistema corporativo priísta impedía que existiera algún empresariado con capacidad de financiamiento de medios independientes en tanto que se trataba de formaciones productivas subordinadas a la autoridad inflexible del Estado y su partido.

2.- La crisis del 68 abrió las esclusas de la libertad política y de expresión y obligó al Estado, al gobierno y al PRI a despresurizar el ambiente político permitiendo espacios controlados de crítica al sistema. El medio que aprovechara esas nuevas condiciones habría de avanzar en su conquista de nuevos lectores. el periódico Excélsior, dirigido por el periodista Julio Scherer García, fue el que abrió este tipo de crítica severa al sistema ya el poder y sin representar a ningún partido de oposición, sino apenas colocándose en los espacios centrales de una disidencia política. El problema fue que el sistema no tenía la suficiente flexibilidad interna como para encarar una crítica consistente como la de Excélsior y en septiembre de 1972 ocurrió una nada sorprendente alianza entre la derecha empresarial y el gobierno de Echeverría cuando la cúpula del sector privado, encabezada por el dirigente Juan Sánchez Navarro, de una empresa cervecera, publicó un desplegado anunciando el boicot de publicidad empresarial contra Excélsior por sus ataques al gobierno. La crisis prensa crítica-gobierno estalló en 1976 cuando el gobierno de Echeverría facilitó una campaña de desprestigio y de acoso contra Excélsior buscando el relevo de la dirección de Scherer García, lo que logró en julio de 1976 con una asamblea de cooperativa controlada por la Secretaría de Gobernación que le cerró los espacios internos al director y sus aliados y lo llevó a aceptar su derrota y salir del diario. La crisis no significó una ruptura, sino un reacomodo porque el gobierno de López Portillo estuvo a punto de regresarle el periódico a Scherer, un operativo frustrado por la delación realizada por el periódico The New York Times.

3.- La crisis en Excélsior no representó una derrota, sino que potenció una nueva de fase de la prensa mexicana: la fundación de nuevos medios ya sin necesidad de cumplir con las reglas del viejo régimen y sin solicitar el beneplácito político gubernamental. En pocos años se fundaron la revista Proceso, el periódico unomásuno, el periódico La Jornada y el periódico El Financiero, todos ellos alejados de la dependencia gubernamental, con mayor intensidad crítica y ajenos a alguna complicidad partidista opositora. Los gobiernos de López Portillo, de la Madrid y Salinas de Gortari tuvieron que convivir con una prensa más crítica, ya sin el poder de control de la publicidad, los voceadores y el monopolio gubernamental de papel. Hacia finales de siglo surgieron Reforma, Milenio y la venta de Excélsior a dueños privados y más tarde periódicos como 24 horas y Contra Réplica.

4.- De 1976 al 2000 los medios de comunicación consolidaron espacios de independencia crítica en diferentes niveles y con sus críticas contribuyeron a la alternancia presidencial en el 2000. La crítica jugó el papel de una perestroika: derrumbó al presidencialismo como el muro de Berlín y al PRI como la estatua de Lenin del viejo régimen autoritario priísta. No se ha analizado una parte fundamental de esta época que fue 1994, cuando el grupo guerrillero EZLN rompió el equilibrio autoritario del régimen y construyó un espacio mediático de periódicos y revistas fuera del control gubernamental para el envío de sus comunicados. La lista de publicaciones destinatarias de mensajes del EZLN se convirtió en una política pública-social de comunicación y le quitó bocinas al régimen.

5.- La falta de experiencia en manejo político del régimen de López Portillo, De la Madrid y Salinas de Gortari facilitó la reorganización de los medios de comunicación. El control de medios desde la Secretaría de Gobernación obedecía a mecanismos subterráneos del régimen que eran poco conocidos fuera de la política. Los economistas en el poder prefirieron usar la relación institucional, a sabiendas de que la prensa escrita no era antisistema ni antirrégimen, sino que explotaba y exploraba a veces con miedo los espacios de libertad. El enojo de Salinas contra la prensa por la crisis electoral de 1988 y el desdén de Zedillo contra la prensa que asumía como dependiente del poder dejaron mayores espacios de libertad para la crítica. Ni Salinas ni Zedillo se atrevieron a aplicar sanciones de publicidad a los medios, aunque sí disminuyeron su volumen.

6.- Las relaciones prensa-gobierno salieron muy lastimadas de la crisis guerrillera en Chiapas y la candidatura presidencial del PRI en el 2000 careció de fortaleza institucional y de apoyo presidencial, porque el presidente Zedillo no pudo colocar a ninguno de sus validos –Guillermo Ortiz Martínez o José Ángel Gurría Treviño– porque el PRI le había puesto candados a la candidatura presidencial con la exigencia de un cargo previo de elección popular que ellos no tenían; por tanto, la candidatura de Francisco Labastida Ochoa fue circunstancial y no tuvo la representación de Zedillo. La imagen mediática del panista Vicente Fox Quesada planteó la posibilidad de la alternancia que se asumió desde el punto de vista de la inevitabilidad histórica, no desde un proyecto programático intencionado. Los medios percibieron el descuido de Zedillo hacia Labastida y sentaron las bases informativas de erigir a Fox como un candidato opositor con rango de alternancia partidista en la presidencia. Fox aprovechó esos medios y esos espacios para potenciar el discurso verbal de su campaña.

7.- No hubo, por lo tanto, ningún proyecto articulado de transición, ni de parte del gobierno priísta, ni de los grupos panistas alrededor de Fox, ni menos aún de la propia prensa crítica. En este sentido, la prensa escrita que participó de la crítica del régimen careció de alguna propuesta de transición de política informativa de antes a después de la alternancia –no hubo una perestroika mexicana–, aunque en los hechos tampoco el panismo foxista que ganó las elecciones tuvo alguna idea de transitar de régimen. Peor aún, la derrota priísta no condujo a una transición de sistema/régimen/Estado y se quedó en una mera alternancia de funcionarios de primer nivel. Ante la inercia de la crítica al poder, el gobierno de Fox reaccionó como gobierno priísta y se dedicó a administrar los fondos presupuestales para comunicación con el viejo modelo de premios y castigos. Lo mismo ocurrió con el gobierno de Calderón, aunque con menor intensidad porque la prioridad no era la sobrevivencia del régimen sino la resistencia del Estado ante el embate de los cárteles del crimen organizado

8.- La campaña presidencial y el gobierno de Enrique Peña Nieto en 2012 funcionaron en el viejo modelo priísta –que tuvo un prototipo de manejo de medios con bolsas ilimitadas de dinero en el Estado de México–, intentando una reconstrucción del modelo de premios y castigos del pasado. Sin embargo, Peña Nieto se encontró de frente con un ferrocarril en sentido contrario que fue la cobertura de prensa de tres de los principales temas negativos de su gobierno: la revelación por un medio de comunicación electrónico de la casa particular de la familia Peña-Rivera –la casa blanca— en marzo de 2014, la matanza de 43 normalistas de la normal de Ayotzinapa en septiembre de 2014 y el desprestigio del PRI por la corrupción de gobernadores que llevó al colapso priísta en las elecciones de gobernadores de 2016. Los medios revivieron dinamismo con estos tres casos, aunque sin plantear nuevas definiciones estratégicas.

9.- Los medios de comunicación en este ciclo de 1968 a 2021 carecieron de modificaciones estructurales y de contenido y sólo se movieron en los espacios del ejercicio de la crítica, por lo que no fijaron un modelo de transición comunicacional como ocurrió por ejemplo con las transiciones de otros países autoritarios a la democracia, de manera muy cercana el caso español. La configuración de propiedad de los medios siempre fue empresarial, sin que los propios medios con la autoridad del Estado planteasen la opción de la propiedad social. De catorce periódicos de circulación diaria con presencia nacional, solo uno –el 7%– tiene formación social de sus trabajadores: La Jornada. los otros trece medios tienen propiedad empresarial y responden a consorcios de empresas privadas en las que la prioridad son los accionistas.

10.- Si los medios formaban parte en el ciclo priista-panista de las estructuras ideológicas del Estado, en el ciclo de López Obrador no encuentran un lugar en el espacio. Peor aún, el discurso político del presidente coloca a los medios como adversarios en una fase superior a la crítica política y los ubica como oposición de sistema/régimen/Estado, como si fueran partidos políticos. Asimismo, la nueva estrategia de comunicación redujo a su mínima expresión la bolsa de publicidad gubernamental que solía mantener los ingresos sustanciales de los medios, provocando con ello un colapso en el funcionamiento empresarial. Los medios en estos dos y medio años de gobierno trabajan de manera deficitaria o con financiamiento indirecto de algunos de sus aliados estratégicos o con ingresos de los grupos empresariales a los que participa.

 

III

El futuro de los medios de comunicación es incierto, y ha empeorado en los tiempos de la pandemia. Los medios escritos están siendo ahogados por los costos de producción en maquinaria, papel e insumos y los altos salarios que pagaban en los años de auge. La prensa digital ha tenido un despegue sobresaliente porque muchos de los periodistas de medios escritos perdieron en su empleo o sus ingresos y optaron por pequeños espacios en el mundo internet en donde la publicidad cae a cuentagotas y sin satisfacer siquiera sus necesidades de financiamiento indispensables.

La estrategia restrictiva de financiamiento a medios de comunicación ha colapsado el ambiente de la crítica y ha llevado el contenido de los medios a un clima de polarización que está pervirtiendo el sentido analítico de la información periodística, alegrado de que muchos analistas y columnistas escriben para confrontar de manera directa al presidente de la república y no para analizar y evaluar la realidad del país y sus problemas.

El asunto se ha complicado aún más con la consistente decisión presidencial de airear su confrontación con los medios y llevar al presidente de la república al terreno del derecho de réplica con mayor intensidad crítica que aclaratoria y a la siguiente etapa que ha sido la creación de un grupo especial de análisis para evaluar el contenido de los espacios críticos en los medios, creando una tabla de calificación denigrante para los medios y también para el presidente de la república.

El desafío de los medios de comunicación es triple: construir empresas competitivas en cuanto a costos y funcionamiento, crear canales de financiamiento privado y social que no pasen por censuras gubernamentales y modernizar el contenido de sus críticas para salirse de la confrontación personal con el presidente y colocarse en el territorio del debate de realidades con un periodismo más de investigación y análisis que de opinión y confrontación.

En esta etapa de 1968 al 2021, la prensa crítica ha sido más crítica que prensa y ha perdido la oportunidad de introducir el discurso de la realidad en el debate cotidiano de sus relaciones con los poderes institucionales. Las escuelas de periodismo en este periodo colapsaron su matrícula por la incapacidad para flexibilizar sus planes de estudio y adecuarlos a las nuevas circunstancias del debate y la coyuntura del país.

Los propios medios se olvidaron de la reflexión autocrítica para establecer responsabilidades y necesidades y no han podido lograr una caracterización adecuada de los destinatarios de su información, muchas veces supliendo a los partidos políticos en tanto crítica con enfoques de alternancia en el poder y no de revelación de los secretos del ejercicio de la política en México. Las redes sociales, sobre todo Twitter, han contribuido a la perversión del ejercicio del periodismo de información y análisis, en tanto que se usan como canales de confrontación y de guerras mediáticas y no para llevar la atención a los problemas de la coyuntura.

 

IV

La revista de La Crisis arriba al número 100 de su segunda época arrastrando los mismos problemas de los otros medios en tanto que no ha habido ni ha encontrado ni ha abierto los espacios para una reflexión autocrítica de la situación de la prensa y ha quedado atrapada en la dinámica de la confrontación presidencial.

Lo que viene en adelante no augura mejores posibilidades, sobre todo porque los agentes políticos siguen sin entender la dinámica de los cambios políticos en el 2000, 2012 y 2018 y no han abierto espacios de reflexión y análisis para los tiempos que vienen. Tal como están ahora, los medios de comunicación no van a contribuir al debate político ni a la educación institucional de la sociedad, sino que seguirán su camino de confrontación con el poder político suponiendo que los medios de comunicación son un contrapoder, pero sin entender que los medios no son un poder para dominar al otro sino un canal de contribución a la toma de conciencia de los ciudadanos respecto a su realidad para entenderla, y si asumen el desafío de la toma de conciencia, contribuir a su transformación.

Lo que falta de la segunda parte del sexenio actual es un espacio oportuno para debatir el papel de la prensa y de la crítica en la etapa de una transición política y de instituciones que el país ha eludido desde 1968 y que se ha desarrollado sólo en la intención de buscar la sustitución de élites dominantes y no en lo que sería el verdadero debate del futuro de México: no una democracia que se agota en los procedimental y justificatorio, sino en la construcción de una república de leyes e instituciones.

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