¿Cuates?, los aguacates…

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Diego Martín Velázquez Caballero

La suspensión del comercio de aguacate vía exportación en México a Estados Unidos ha dejado sentir la dependencia absoluta de la economía nacional hacia el imperialismo del poderoso vecino en el Norte. Forma parte de la paradoja neoliberal que mientras se define a nuestro país como un modelo del libre comercio, temas como el jitomate, chile, cilantro, aguacate, limón y otros productos del sector agrícola; generen pánico cuando Estados Unidos decide frenar su importación. Además de reconocer la enorme brecha para la industrialización del país, el hecho admite señalar la dimensión que tiene el dedo del Tío Sam.

La antropología de la sucesión presidencial mexicana constituye una fachada que se combina con los intereses y estrategias del sistema político estadounidense. México es un sistema social funcional del Imperio Norteamericano no sólo por haber proporcionado la parte territorial que define al vecino país del Norte, sino también por constituir un flanco de seguridad geográfica. Para Jorge Chabat, el neocolonialismo de México constituye también una interdependencia imperfecta en múltiples cuestiones que definen la geopolítica norteamericana para Iberoamérica.

La designación autoritaria del presidente de México y la probable elección democrática del mismo, son dependientes de Estados Unidos de América. Así como en los aguacates del Superbowl, el Imperialismo yankee cuenta con un importante poder de veto para adelantar y controlar la sucesión presidencial en nuestro país. El dedazo presidencial no es solamente representativo del faccionalismo colaborador que la oligarquía mexicana requiere para mantener su hegemonía, también constituye un acuerdo político neocolonialista para configurar un gobierno funcional a Estados Unidos. Por ello, el dedazo presidencial implica más una muta sociopolítica local que la transexenalidad de una camarilla. La facultad metaconstitucional que tiene el Jefe de Estado mexicano para ejercer control, influencia y garantía electoral en la figura de un heredero político, no significa que el presidente de la república ejercerá un poder allende el fin de su sexenio; por el contrario, el dedazo implica una eutanasia política así como un pacto de impunidad y la subordinación a Norteamérica, indispensable para el control neocolonialista.

La sucesión presidencial en el México contemporáneo, durante la etapa autoritaria y democrática, es un pacto oligárquico geopolítico con Estados Unidos para no modernizar el país y contribuir a la hegemonía imperial de la super potencia americana con cualquier tipo de recurso que sea necesario. Cambiar esta dinámica, o pretenderlo, implica un suicidio. Por ello, conforme la idea de Miguel Basáñez, quizá es la hegemonía económica lo que explica mejor el pulso de los sexenios que la dinámica de las camarillas, la que, si bien no es insignificante; siempre está en una posición de colonialismo interno y externo.

La integración de las élites políticas nacionales con la dinámica económica de Estados Unidos, constituye el ejemplo del peso específico que el criterio norteamericano tiene en la sucesión presidencial. Un diferendo económico simple, es muestra de la relación asimétrica en Norteamérica y el funcionalismo que México guarda en correlación con la geopolítica imperialista. ¿Sotana o Narco? ¿Qué presidente para la majestad imperial?