Opciones: salir del neoliberalismo o quedarse estancado en la cola

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El presidente de EE.UU., Donald Trump muestra una tabla con los aranceles que va a aplicar a los socios comerciales de EE.UU. durante una rueda de prensa celebrada en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca en Washington, DC, EE.UU., 02 de abril de 2025. EFE/ Kent Nishimura / Pool

La principal conclusión mexicana del “día de la liberación arancelaria” del presidente Trump parece estarse quedando en la percepción de que no habrá crack económico, pero a todos los indicios señalan que el sexenio 2024-2030 estará ahogado en la mediocridad productiva de 0%.

Todo modelo de desarrollo debe girar en torno a un principio vital: qué porcentaje de crecimiento económico se necesita para atender las necesidades de la población y qué estructura económica local estaría garantizando el bienestar social asociado a la economía productiva y no dependiente de subsidios improductivos que le disminuyen potencialidad a las finanzas públicas.

Los castigos arancelarios mixtos están mandando un mensaje inocultable: se terminó la asociación comercial del Tratado 1993-2024 y lo que se pueda rescatar de la asociación comercial será solo la que beneficie a la economía de Estados Unidos a costa de seguir desdeñando las cifras de desigualdad mexicana que entraron en colapso en 1981.

Las expectativas económicas del Gobierno de la presidenta Sheinbaum se reducen a la meta establecida en el Plan México y en los Criterios Generales de Política Económica con escenario 2025-2030: solo 2.5% de PIB máximo promedio anual, cuando las cifras de desigualdad social, de deterioro de la calidad de vida y de la población que se incorpora a la actividad económica cada año tienen una necesidad máxima de 6% de PIB y mínima de 4%.

Los primeros indicios de la reacción mexicana a la liberación arancelaria de Trump están colocando el PIB promedio anual en 0%, frente a un promedio de un millón de mexicanos que se incorpora a la actividad productiva y que necesitaría mínimo 4%-5% de promedio anual para tener acceso al empleo formal.

La desarticulación arancelaria del T-MEC colocó de un día para otro a México en la orilla de la crisis de viabilidad del comercio exterior. México multiplicó por diez su comercio exterior porque Estados Unidos redujo al mínimo los aranceles de importación; pero el nuevo arancel a los automóviles afectará en 1.7 puntos porcentuales al PIB.

La disfuncionalidad del T-MEC por la política arancelaria de Trump descoloca a la planta productiva mexicana ante el desafío de una reorganización total en el corto plazo como prioridad inclusive por encima del bienestar social y sus programas centrales. La baja del PIB implicará una disminución de la recaudación el presupuesto público entrará en una crisis de funcionalidad.

El neoliberalismo mexicano 1975-2018 puso al mercado por encima del Estado y el posneoliberalismo 2024-2030 regresó a la hegemonía del Estado aunque sin fondos públicos, sin proyecto de desarrollo y sin alianza para la producción con el sector privado. El modelo posneoliberal lopezobradorista podría amortiguar un poco el efecto arancelario de Trump, pero no podría garantizar de ninguna manera la meta de 2.5% de PIB de la administración de Sheinbaum, menos podría alcanzar la meta óptima de 5% para crecimiento con bienestar y desde luego habría un retroceso en el bienestar social 2018-2030 por efecto de un PIB promedio anual de alrededor de 0%.

México necesita de manera urgente una reorganización total de la planta productiva industrial y agropecuaria o estará condenado a seguir hundiendo en la mediocridad del modelo maquilador. El Estado lopezobradorista ha demostrado agotarse en los subsidios sociales improductivos. El detonador de una nueva fase industrial y agropecuaria radicaría en un gran acuerdo político entre Estado y empresarios privados, con el consenso sindicalista.

Por la crisis fiscal agudizada por la parte presupuestal que absorbe la política de subsidios improductivos –dinero regalado–, las posibilidades de una reorganización del modelo de desarrollo serán mínimas. El Estado lopezobradorista fracasó en el pasado cuando no supo entender ni dinamizar programas contracíclicos que hubieran mantenido activa la planta productiva, pero destinó el presupuesto a subsidios de bienestar social que no se convirtieron en detonador de la actividad económica. La presidenta Sheinbaum parece estar enfilada a cometer el mismo error de prioridades.

Trump puso a México a la orilla del dilema histórico: el Estado para aliarse con los empresarios y construir una planta industrial y agropecuaria competitiva y con un alto grado de autonomía o seguir priorizando el gasto social sin efecto productivo y con límites presupuestales marcados por la mediocridad del crecimiento económico.

 

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Política para dummies: la política la determinan los grandes desafíos.

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