La manía opositora por hacer lecturas erráticas 

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No aprenden y no entienden que no entienden. Los opositores salivan cada vez que se anuncia una llamada de Trump a la Sheinbaum. Se avientan cada tontería que da escozor leerlos. En la última llamada aseguran que se mencionó a Rocha Moya. Bueno, es que a su vez les dijeron y se han creído que Trump dijo que ahora sí quiere que se vaya por políticos corruptos con ligas o que ayudan al narco y de ahí coligen, infieren, derivan o se mal creen que textual, dijo Rocha Moya.
Su principal error consiste en seguir leyendo en clave nacional a la realidad internacional. Y seguirán neceando. Como el metiche embajador yanqui y sus amenazas de que apoyar delincuentes traerá consecuencias. Su país los apoya y hasta en Oriente Medio. Debiera mejor de callarse ese metomentodo.
Por su cabecita tropical a los opositores no les suena que igual tienen candidatos a ser detenidos y entregados a EE.UU. de una vez por todas. Nombres como Cabeza de Vaca y ni mucho menos piensan en gobiernos panistas como el de Guanajuato, tan solapadores e inactivos frente al narco y estado donde el PAN es titular desde 1991. No, a fuerzas en sus cabecitas locas solo cabe Morena. Sí, sí, ellos, en cambio, tan blancos. Ya sabemos que los priistas, otros con la realidad bien alterada, solo escupen que Morena es narcogobierno, aunque la mitad del nuevo PRI que es el de siempre, está en la cárcel por nexos con el narco cuando fueron (des) gobierno. Son bocones. Ahí tiene a De la Madrid diciendo que espera que recuperemos la capacidad de soñar juntos. Se entiende que no bajo Morena, como si con el PRI del que fue beneficiario, hubiéramos soñado justos priistas y los que no lo eran. Nada qué ver. Otro con la realidad bien alterada. Será porque vivía en Los Pinos y no se enteraba de nada. Los priistas siempre soñaron para sí y sus negocios.
Regresando a los yanquis. La manía de ciertos medios mexicanos, así como de “analistas” sesudos, de sobredimensionar lo que sucede en Washington por estar encandilados con los yanquis, obnubilados, apantallados para que me entienda, sin deje alguno de crítica a ellos porque los idolatran, es que los lleva reportar lo que sucede allá sin el mínimo análisis, crítica o cuestionamiento, sin el mínimo atisbo de crítica, celebrándoles todo; y eso pasa por creerlos honrados y perfectos como para no cuestionarles; y van muy equivocados  si eso creen y, por supuesto que necean, insisten en verlos como dioses impólutos y no les cuestionan sus injerencias. Si presionan a Ia presidenta Sheinbaum, la culpan de ello y no son capaces de cuestionar el injerencismo trumpista. Dejemos de lado las falsarias felicitaciones ramplonas de su metiche embajador, quien desde la misma página de su embajada difundía un burdo mensaje señalando que los utensilios que usan los mexicanos para celebrar su independencia, son chinos. Y la respuesta merecida al yanqui es:  ¿y a usted qué le importa?
Qué comentario tan de mal gusto de los yanquis, que se ha merecido la reflicha de ciertos sectores aquí y la reprimenda china, certera, mandándolos al Diablo diciéndoles que con su deplorable actitud meten cizaña en una fecha tan importante para México. Bien dicho. A China no le importa perder visas para ir a Disneylandia como a ciertos agachones mexicanos de todos los colores, que se quedan callados ante las insolencias yanquis. Hay algún ”analista“ opositor que dice que a muchos políticos morenistas les importa retener su visa. Los habrá entrevistado… y ni que la visa yanqui fuera necesaria. Sacudámonos tan absurda idea.
Por cierto, ¿le gustaría más al mentecato embajador yanqui que los adminículos fueran comprados en EE.UU.? estaría feliz ¿no? ¿anda ardido? se ve que no pueden con China, el rival que les está retando el dominio del mundo. Ya vimos que si Venezuela les entrega su petróleo bajo coacción, entonces sí les gusta y la sacan de informes unilaterales que la condenaban y ahora hasta la elogian. Desvergonzados. Ley del embudo, hipocresía yanqui de toda la vida y tan propia de sus vulgares instituciones. Tampoco nos extraña.
Lo importante es que no nos traguemos el cuento de que todo de allá, importa. El exembajador Sarukhan desde la palestra que tiene para demeritar a ese gobierno, como si no hubiera  quedado tanto a deber su gris y tapetera gestión en EE.UU. en tiempos de Calderón, nos muestra justo al encandilado que no suelta la más leve crítica a EE.UU.. ¡Bah! valiente embajador. Da vergüenza. Va solo de engañaincautos. Su gestión no quitaba el sentido, así que no está para presumir ni criticar a otros en México. La verdad es que no está para dar lecciones y sus críticas son sosas. A toro pasado y eso sí es fácil.
Total, que si Trump insiste en presionar a México con un tema de seguridad, mientras usa como trabuco el asunto para sacar más y más ventajas comerciales abusivas en su favor en una negociación leonina de un extraño y repudiado tratado de libre comercio, solo confirmará su miserable condición. Un tratado que ya no sabemos ni cómo se llama, si de verdad continúa, en qué va la negociación dichosa o si Canadá sigue en tal, dado el zafarrancho que lleva ese par; y en donde Marcelo Ebrard no es capaz de decirnos en qué vamos, con lujo de detalle, y como no detalla qué sí y qué no, solo deja dudas y la certeza de que no ha conseguido quitarnos aranceles. Ergo, las presiones de Trump son peligrosas así como fátuas, pero por su propia naturaleza y nos suponen riesgos graves si no se explican.
Y la explicación no puede ser la sobada –y dejen de repetirla– que todo es por razones electorales de allá. No lo es todo. Eso es como balbucear en México que todo es político. Ambas «explicaciones» explican nada y solo revelan la ignorancia de quien las expresa. Una suerte de pereza mental por desentrañar los procesos en juego. Así, primero saber que da igual y una llamada de Trump o una declaración boba de Marco Rubio –¿es que hace de otras?– no dan para tanto. No tiene que importarnos sus votantes. Dudosamente siguen la relación bilateral. Lo importante es si a México tales acciones le significan algo. Y se dificulta saberlo porque todo los sobredimensionamos, no distinguiendo lo importante de lo mucho irrelevante que pasa en Washington no viendo las cosas en su justa dimensión. Y no basta decir que es algo político, es necesario saber los entresijos.
Las presiones trumpistas no se acabarán cuando vengan las elecciones de mitad de periodo allá. Se acabarán, si bien nos va, cuando se largue Trump. Da igual si hay o no elecciones allá. Lo que importa es ver la tenaza que se cierne sobre México.
Como ejemplo de malas lecturas de analistas de acá: se admite el ingreso de militares yanquis para entrenar a mexicanos. Los opositores celebran: “¿no qué no?”. No tan rápido.  A ver:¿sabes que no es igual que permitir o buscar una invasión o abrir bases militares? o ¿apoderse del petróleo venezolano?  Si así lo equiparas, tu análisis es asaz errático y tus conclusiones, muy equivocadas, impidiendo comprender un fenómeno tan complejo y de tantas aristas como tiene la relación México-EE.UU. que no necesita encandilados para ser atendida ni debemos conformarnos con análisis sosos y acríticos con los yanquis. Tómelo en cuenta.