Unión Europea y Turquía celebran cumbre de reconciliación

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  • La oferta de Bruselas incluye la posibilidad de modernizar la unión aduanera, liberalizar las reglas de visado, más dinero por los refugiados sirios, entre otras cosas.
  • El Estado turco es una pieza clave en el Medio Oriente para mantener la estabilidad y la paz en la zona, gracias a su posición geoestratégica.

Los dos máximos líderes de la Unión Europea viajaron a Turquía para presentar al presidente Recep Tayyip Erdogan, las condiciones del bloque para mejorar los lazos bilaterales, después de una leve reducción de tensiones entre Bruselas y Ankara.

Charles Michel, el titular del Consejo Europeo y Úrsula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea,  ofrecieron «la perspectiva de ganancias económicas y diplomáticas fundamentales» para Ankara, incluida una mayor financiación para que Turquía acoja a millones de refugiados sirios.

No obstante, la «hoja de ruta» para relanzar la cooperación, acordada por los líderes de la Unión Europea en una cumbre realizada en marzo, requiere que Erdogan actúe, según Bruselas, «de manera constructiva y continúe reduciendo las tensiones» en el Mediterráneo oriental.

La Unión Europea se ha visto alentada por medidas de conciliación de Ankara en meses recientes, incluida la reanudación de las conversaciones con Grecia sobre disputas fronterizas y medidas para reiniciar los esfuerzos de paz de la ONU en Chipre.

La oferta de Bruselas incluye la posibilidad de modernizar la unión aduanera, liberalizar las reglas de visado, más dinero por los refugiados sirios y la reanudación de los diálogos de alto nivel sobre temas que van desde la seguridad hasta la salud.

Pero cualquier paso sería «gradual, proporcionado y reversible», y si Ankara da marcha atrás Bruselas advirtió que podría adoptar sanciones: «Si Erdogan no coopera, todo se bloqueará», advirtió Michel.

Turquía abrió de manera formal las conversaciones para unirse al bloque en 2005, pero ese proceso se ha congelado y, de hecho, el jefe de política exterior del bloque, Josep Borrell, insistió en que la última oferta de cooperación de los líderes del bloque «podría ser un nuevo capítulo en las relaciones UE-Turquía» luego de las crisis de 2020: «La situación sigue siendo frágil, pero la UE da la bienvenida» a los gestos de Turquía y «ha respondido extendiendo su mano», dijo Borrell.

Un elemento central de la relación es el papel de Turquía al acoger a cuatro millones de refugiados de Siria: Ankara presiona a Bruselas para que actualice un acuerdo alcanzado hace cinco años para detener la llegada a gran escala de migrantes a la Unión Europea a cambio de ayudas multimillonarias.

Ante tal contexto, la Unión Europea señaló que Turquía debe «aprovechar la oportunidad» que le ofrece el bloque para mejorar las relaciones, antes de que se pueda sustanciar una agenda con la que aumentar la cooperación económica y renovar el acuerdo migratorio de 2016.

«Queremos avanzar para tener unas mejores relaciones en el futuro. Pero estamos al principio de este camino y las próximas semanas y meses mostrarán cuan lejos podemos llegar en esta senda juntos», ha indicado Von der Leyen en una rueda de prensa tras el encuentro.

En la misma línea, el ex primer ministro belga ha puesto el foco sobre Erdogan, al insistir que ahora depende de Turquía aprovechar la oportunidad para abordar la agenda positiva que Bruselas quiere plantear. En todo caso, ha señalado que los líderes de los Veintisiete retomarán este tema en junio, por lo que no se espera ninguna oferta en firme antes de ese plazo.

La visita a Turquía escenifica la voluntad de la UE de encauzar las relaciones tras las turbulencias vividas el pasado año, en particular en las tensiones con Grecia y Chipre por las disputas marítimas. Bruselas entiende que Ankara es un vecino ineludible en el vecindario europeo y juega un importante papel en la estabilidad de la zona y en la propia política migratoria europea. Para ello estudia una agenda de mutuo beneficio que aumente la cooperación económica, impulse la movilidad entre la UE y Turquía, así como el diálogo a alto nivel para retos como la pandemia, el clima o la transición digital y garantice la buena gestión de la migración.

Este paso llega en un momento en el que Ankara ha rebajado las tensiones en el plano regional con Grecia y Chipre, con los que ha iniciado sendos procesos para resolver los conflictos pendientes. Esto ha sido aplaudido por Bruselas, pero aún así en la capital comunitaria preocupa el deterioro de los derechos en Turquía con la salida de la Convención de Estambul sobre violencia contra las mujeres o la persecución a la minorías políticas como el prokurdo Partido Democrático de los Pueblos.

Para analistas, el Estado turco es una pieza clave en el Medio Oriente para mantener la estabilidad y la paz en la zona, gracias a su posición geoestratégica. Del mismo modo, Turquía en los últimos años ha ido expandiendo su influencia en la zona del Próximo Oriente, principalmente en Azerbaiyán, Siria y África.

Turquía, como la mayoría de los miembros de la UE, son parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La canciller alemana Ángela Merkel en varias ocasiones ha reiterado la importancia de Ankara para este organismo, así como para mantener la estabilidad e integridad territorial en Siria. Además, de la importancia que ha tenido Ankara en la lucha contra el terrorismo en el Medio Oriente.

A pesar de lo anterior, Grecia y la isla de Chipre, miembros tanto de la UE como de la OTAN, se han visto afectados desde el año pasado por las exploraciones en busca de energéticos de Turquía en el Este del Mediterráneo. Algunas de las exploraciones se hacían en aguas que Grecia reclama como zona económica exclusiva. Y en el caso particular de Chipre, una parte se encuentra bajo ocupación turca desde 1974.

La UE se encuentra en un momento complicado, pues si bien busca estrechar relaciones con Ankara por la importancia del país euro-asiático, la situación se ha complicado por las acciones ilegales del Estado Turco en Grecia y Chipre.