Primera supercrisis de la globalización Migración: fracaso de modelo neoliberal… y posneoliberal

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Si bien se recuerda, el impulso al Tratado de Comercio Libre en 1991-1993 estuvo dado por el compromiso del presidente Salinas de Gortari de construir un modelo de desarrollo impulsado por la globalización que tuviera efectos positivos en el aumento del empleo nacional y disminuyera el flujo –verdadera sangría– de mexicanos hacia Estados Unidos en busca de empleos que la economía mexicana no proporcionaba.

El saldo está a la vista: de 1983 a 2018 la tasa promedio anual del PIB fue de 2.2%, contra una necesidad de 6% para atender el flujo anual de 1.4 millones de mexicanos que se incorporan al mercado de trabajo formal y de muchas maneras atender el rezago existente de subempleo crónico.

El Plan Nacional de desarrollo de la 4ª-T se comprometió a una tasa promedio anual de PIB de 4%, el doble de la del ciclo neoliberal. Sin embargo, el marco macroeconómico previsto por Hacienda para la segunda mitad del sexenio arrojará una tasa promedio anual del PIB de 1.7%, cifra menor a la del periodo neoliberal.

La crisis de migración está mostrando las causas estructurales del flujo de personas hacia Estados Unidos en busca de salarios, empleo y bienestar que no encuentran en sus países de origen. Aquí hay que registrar el hecho de que los sistemas productivos de América Latina y el Caribe dependen y son una reproducción del sistema productivo capitalista de Estados Unidos, lo que quiere decir que la locomotora estadounidense ya no es capaz de potenciar el desarrollo en sus países aliados y comienza a enfrentarse a la realidad de la crisis del desempleo a través de las caravanas de cientos de miles de migrantes.

Los datos oficiales estadounidenses revelan que en el periodo enero septiembre de 2021 han sido arrestados más de un millón de personas que intentaban cruzar la frontera sin cumplir con los requisitos legales, sin tomar en cuenta los que lograron cruzar, los que fueron impedidos en la frontera y los que están estacionados en ciudades fronterizas mexicanas a la espera de una oportunidad.

El debate sobre la migración, por lo tanto, no debe centrarse en la ilegalidad de las intenciones ni en el número de personas a la espera de cruzar por cualquier vía la frontera. El caso más dramático es el de Haití, un país considerado en la lógica estadounidense cómo “no viable” en función de la ausencia de un sistema político funcional a la democracia y a la falta de un modelo económico capaz de generar empleos, salarios y bienestar.

Pero Haití ha sido un país controlado por Estados Unidos en lo político, económico y geopolítico, con el padrinazgo de la Casa Blanca a las dictaduras de Papá Doc y de Baby Doc porque respondían a las necesidades geopolíticas de la seguridad nacional estadounidense. Los gobiernos de Reagan a Biden se han desentendido de su responsabilidad con el sistema político de Haití que ha funcionado en relación con los intereses geopolíticos de Washington.

Las propuestas estadounidenses y mexicanas para enfrentar la crisis de migración se niegan a reconocer que el problema del flujo de millones de personas fuera de sus países en busca de empleo y bienestar es producto del fracaso de la globalización económica y productiva. Peor aún, existen datos que revelan el hecho de que la integración internacional productiva produjo afectaciones en la planta productiva y el empleo en los países que se han integrado de manera subordinada al capitalismo estadounidense.

De ahí que la crisis de la migración sea producto del actual modelo económico internacional y plantea la necesidad de discutir nuevas formas de integración internacional y un nuevo sistema comercial que obligue a los países centrales atender e invertir en las necesidades de las naciones satélites. Las propuestas mexicanas para generar empleo provisional sembrando árboles son un keynesianismo agotado como trampa económica para mantener subsidiado el capitalismo estadounidense con el sacrificio de la población de otros países que debe conformarse con la insatisfacción de sus necesidades.

Hasta ahora lo que ha fallado no es la globalización sino el modelo exaccionista del capitalismo central en Estados Unidos para asumir a los países aliados en tratados comerciales como aportadores de mano de obra barata y sin satisfacer las demandas de bienestar de esas poblaciones. Para Estados Unidos, el eje de sus tratados comerciales se localiza en la satisfacción del american way of life o modo de vida americano o confort, pero pagando precios menores a sus asociados para que las satisfacciones a la élite social estadounidense –de manera aproximada el 40% de su población en total– se pueda lograr a precios baratos por mano de obra y sus ministros baratos.

Este es el tema central que debiera proponer México a discusión aprovechando el discurso presidencial de una propuesta posneoliberal. Pero ni la ONU ni la CEPAL han intentado abrir foros de discusión para analizar el fracaso de la globalización capitalista. Y si los países afectados tampoco promueven esas mesas de discusión, entonces la solución a la crisis migratoria seguirá estando en manos de la border patrol.

indicadorpolitico.mx

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