La autoderrota del cardenismo

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Si se quiere inscribir el debate de la reforma energética en un escenario de largo plazo, podría fijarse el origen del cambio constitucional en la circulación del Plan Global de Desarrollo 1980-1982 redactado por Carlos Salinas de Gortari como director de política económica y social de la Secretaría de Programación y Presupuesto.

Ahí se estableció la estrategia de finiquitar el papel del Estado como agente económico, se llegó a la conclusión de que el modelo de desarrollo de la Revolución Mexicana ya no daba de sí por la obesidad irresponsable del Estado y se definió el criterio de la reforma del aparato público vendiendo empresas paraestatales.

Y si se quiere un horizonte político e ideológico más amplio, entonces habrá que señalar que el responsable de la derrota del proyecto revolucionario del general Lázaro Cárdenas delineado en su campaña y desarrollado en el periodo 1934-1938 fue nada menos que… el propio general Cárdenas al decidir la sucesión de su gobierno en la figura del conservador general Manuel Ávila Camacho, quien cambió el rumbo del Estado. Luego vendrían Miguel Alemán, Ruiz Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz, un largo ciclo conservador de 1940-1970.

Luis Echeverría quiso corregir el rumbo del Estado y regresar al modelo de la Revolución Mexicana, pero no modificó la política económica estabilizadora, sólo aumentó el gasto público, mantuvo el mismo nivel de los ingresos, disparó el gasto público y el déficit, dinamizó la inflación y todo llevó a la devaluación. López Portillo sustentó el PIB en el petróleo pero la crisis de precios petroleros colapsó la economía en 1982 y la inflación-devaluación llevó a la quiebra nacional.

Los tecnócratas ofrecieron estabilizar la economía disminuyendo el papel del Estado y su intervención en la economía para consolidar la estructura productiva de mercado, en una fase en la que el estatismo y la intervención del Estado carecían de viabilidad financiera. El populismo fracasó no por aumentar el gasto o el Estado sino por carecer de una política sana de ingresos, aumentando el gasto vía déficit presupuestal.

Los opositores a la reforma energética sólo han ideologizado la decisión en la lógica derecha-izquierda, pero sin reconocer que el punto de inflexión que prohijó la élite política conservadora lo provocó el general Cárdenas al optar por el conservador Ávila Camacho en lugar del revolucionario Francisco J. Mújica. Ya para entonces –en 1940– se había decretado la muerte de la Revolución Mexicana como proyecto ideológico y populista.

¿Dónde estaban en esos años de conservadurismo del priísmo y la Revolución Mexicana que hoy critican con estridencia la reforma energética? Todos estuvieron hasta 1988 en el PRI, pero en el entendido que el quiebre ideológico del sistema priísta fue de largo aliento 1940-1988. Cárdenas y sus seguidores se salieron del PRI para no avalar el ciclo neoliberal del salinismo y fundaron el PRD pero sin darle al partido un proyecto ideológico neocardenista.

La reforma energética tomó al PRD y al neocardenismo en la precariedad ideológica, sin capacidad siquiera para organizar una resistencia. La propuesta energética del PRD pasó de noche, no pudo socializarse y se perdió sólo en la figura del general Cárdenas. Peor aún, la figura de Cárdenas se fue borrando de la historia de México sin que los cardenistas hicieran algo para fortalecerla.

De ahí que la derrota energética del PRD haya sido una autoderrota cardenista.

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