«Cuando la democracia como Águila asediada…”

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Antonio Agar

“Cuando la democracia como Águila asediada,

alza el vuelo del Ágora de la Patria, huyendo

de la algarabía de los cuervos”.

Lejos estamos de las admirables intervenciones de los diputados políticos de la talla: Emilio Castellar, Cánovas del Castillo, Sagasta, José de Echegaray, Manuel Azaña etc. y en los que su brillante oratoria reinaba dentro de la Sala del Hemiciclo, como un eco armonioso que percutía como salmo de invocación a la Justicia que se reflejaba en la Bóveda acristalada de su cúpula, revestida con personajes ejemplares de nuestra historia: Cervantes, El Cid, Colon con alegorías a las virtudes cardinales, que plasmó el arte pictórico de Carlos Luis Ribera.

Incendiarias arengas en los medios audiovisuales de políticos que aspiran a gobernar, auspiciando la salida a la calle de las masas en sus reivindicaciones sociales, propiciando un clima de MIEDO Y TERROR, caldo de cultivo para el ODIO Y EL ENFRENTAMIENTO fratricida de infaustos recuerdos.

No deja de ser insólito que El Sr. Casado y sus adláteres de la derecha más radical, alienten en sus apariciones ante la prensa a trabajadores, quienes en defensa de sus intereses, extremen sus reivindicaciones con la quema de mobiliario urbano e incendios de vehículos, poniendo en peligro la integridad de los agentes de la autoridad que cumplen con su deber de mantener con firmeza el orden democrático.

Solo puede explicarse por su virtual intelectualidad, con masters sorteados en la tómbola de los pedagogos oportunistas y siguiendo la alocución del gran dramaturgo Jacinto Benavente:

«Mejor que crear afectos y hombres instruidos, establecer relaciones de intereses”.

Le recomiendo a los señores Casado y Egea, que antes de lanzar sus improperios y de sermonear a los ciudadanos con soflamas subversivas, lean con sosiego y detenimiento el libro de nuestro eximio intelectual Ortega y Gasset “La Rebelión de las masas” que tanto éxito tuvo fuera de nuestras fronteras con traducciones a todos los idiomas.

Narra en su obra que el hombre de los inicios del siglo XX exhausto y desvalido tras el padecimiento de las dos guerras mundiales, y la cruenta guerra civil, busca su lugar con su reconocimiento y participación social, pero sin un background de formación intelectual ad hoc para sustentar cargos públicos de responsabilidad. No obstante, Ortega y Gasset encomia a esos ciudadanos inquietos que luchan por salir del anonimato de la masa del pueblo, pero advirtiendo del peligro de que una turba no instruida, se deje fácilmente adoctrinar con aviesos consejos como ha realizado recientemente el Sr. Casado ante los disturbios surgidos en el Sur de España (Cádiz, Puerto Real). Profetizaba el genial pensador que si esta masa de individuos, perdieran el sentido de la disciplina ante una perorata seductora, puede buenamente sumergirse en el remolino de la ira, sin reflexionar lo que está en juego: Si el progreso a través de la violencia o el atraso.

Resulta paradójico que el miedo y los temores de los ciudadanos al rechazo de unos fondos económicos tan necesarios para remontar la crisis de la pandemia, se alimenten de las propias disensiones de la clase política. Como ya he reiterado en mis crónicas, no profeso ninguna ideología de partido, solo intento guiarme por el Sentido Común, de tal suerte que evocando el aforismo de dirigente chino Deng Xiaoping: “Blanco o negro, lo importante es que el gato cace ratones”.

Este estadista asiático en un alarde de valentía, quebró la ortodoxia del partido de Mao, abriendo las cadenas de un comunismo oxidado, e iniciando una andadura del inmenso país a través de la vía del mundo capitalista dentro de un neoliberalismo férreamente vigilado por el totalitarismo estatal.

Este magno acontecimiento, debe de servirnos de ejemplo, como el ave Fenix levantando el vuelo de nuestras cenizas, de nuestras luchas cainitas con la solidaridad puesta en salvaguardar nuestra querida España.

Como pensamiento esclarecedor para disipar los miedos y el pánico que muchos ciudadanos sienten ya en sus entrañas, relato una breve semblanza de uno de los más geniales intelectuales del siglo XX el alemán Ernst Jünger, soldado legionario, entomólogo, filosofo, periodista, escritor y poeta, una figura saltando las distancias de una hiperactividad creativa y combativa por la vida, semejante al renacentista Leonardo Da Vinci que como sabemos se distinguió por sus actividades artísticas como científicas con la invención de instrumentos aplicables a la industria a la navegación y la guerra.

A los 17 años se alistó en la legión francesa, ejerciendo epopeyas y aventuras destacables durante unos años, hasta que estalló la primera guerra mundial. No tardó en incorporarse en la vanguardia del ejército de su país, consiguiendo la máxima condecoración prusiana “Blauer Max”. Fruto de esta experiencia publicó en 1920 el libro “Tempestades de Acero” que lo catapultó a la fama como escritor. El tercer Reich a sabiendas del potencial talento de este escritor, decide a uno de sus máximos dirigentes Goebbels, mantener una estrecha amistad con Jünger considerando que ello, podría suponer un respaldo para el Nacionalsocialismo nazi. De inmediato el periódico del partido nazi utilizaba los escritos de Jünger y especialmente hicieron una tirada especial del libro al que mitificaron como una alabanza a la guerra y al carácter supremo de la raza aria.

Empresario

Publicado originalmente en elimparcial.es