España y su plan ante la guerra

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El año 2022 inició con la expectativa de vencer al SARS-CoV-2 en medio de rumores de la posibilidad de que la OMS diera este año por concluida la pandemia. Todos los países tenían la mirada puesta en una sola palabra: recuperación libre de coronavirus.

No habíamos acabado de relamernos las heridas, tras la destrucción económica provocada por los cierres y los confinamientos obligados, para contener la ralentización del contagio y la invasión de las tropas rusas en Ucrania nos recordó que el escenario puede cambiar tan solo en un abrir y cerrar de ojos.

La guerra ha sido un tsunami para los mercados fundamentalmente para los commodities que han saltado por los aires. En poco más de un mes ha sucedido un desastre absoluto: no solo la Bolsa de Moscú permaneció cuatro semanas sin operaciones sino que hemos atestiguado una serie de sanciones férreas contra Rusia, su presidente, sus ministros, sus congresistas y hasta se ha perseguido a sus oligarcas y empresarios millonarios.

Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Canadá, Australia, Japón y otros países están conscientes que con tales medidas para forzar al dictador Vladimir Putin, no solo al cese al fuego sino a la salida de las tropas de Ucrania, también se han pegado un tiro en el pie. Han elegido con ello la condena moral aunque resientan un daño económico como consecuencia colateral de las sanciones impuestas.

El propio presidente norteamericano, Joe Biden, reconoce ante sus empresarios la disyuntiva y se muestra convencido de que al final se saldrá con una economía más fuerte mientras esgrime la retórica de defender al mundo libre.

Aquí en Europa, las consecuencias son mayúsculas. Todo  cuesta más dinero, sobre todo las frutas, las verduras, la carne fresca, el pescado y no se diga la gasolina que llegó a escalar por encima de los 2 euros el litro; casi cincuenta pesos por litro de gasolina en países como España.

Pero los estragos son generalizados porque Europa tiene muchas debilidades económicas al ser un importador neto de  energéticos, se trata sobre todo de su flanco más vulnerable.

Si la pandemia ha dejado claras lecciones, no solo a nivel país también a nivel internacional, evidenciando además las deficiencias de los organismos internacionales (con la buena voluntad de mejorar todo lo malo y no volver a cometer los mismos errores) esta invasión ha sacado a flote la grave dependencia de países como Alemania hacia el gas y el petróleo ruso.

La Unión Europea que tiene como meta la descarbonización después de 2030 debería  poner como meta esencial la búsqueda de la autosuficiencia energética basada en energías limpias y verdes.

Por muchos años ha estado en debate el uso de la energía nuclear para generar electricidad. Alemania cerró varias de sus plantas durante la Era Merkel e intentó que fuese una tónica en común en toda la UE ante la oposición francesa.

 

A COLACIÓN

España tiene una cesta energética más diversificada. Sin embargo, los estragos del alto precio del petróleo a nivel internacional han puesto de cabeza a los consumidores y a los productores. La inflación corre hacia el 10 por ciento.

Ante las presiones  de la huelga general del sector transporte, durante el Consejo de Ministros en la Moncloa, fue aprobado el Plan de Choque de Respuesta a la Guerra.

El gobierno del socialista Pedro Sánchez intenta encontrarle la cuadratura al círculo en un país de 47 millones de habitantes, poco más de 10 millones se encuentran en pobreza y corren el riesgo de caer en una mayor marginación afectados por lo mal que están los precios y la subida del costo de la vida.

La estratagema gubernamental pasa por un plan que estará vigente hasta el 30 de junio y que consiste en repartir 16 mil millones de euros en diversos paquetes: entre créditos y subvenciones.

Si en Italia, el gobierno subvencionará con 25 centavos cada litro de gasolina, en España solo serán 20 centavos por cada litro. Respecto de la electricidad (otro de los grandes golpes al bolsillo ciudadano) el IVA permanecerá en 10% para los pequeños consumidores.

En cuanto a las revisiones del precio del alquiler no podrán ajustarse por encima del 2% –hasta junio– y el ingreso mínimo vital herencia de la pandemia subirá un 15 por ciento.

Al sector transporte se le inyectarán 1 mil millones de euros y un fondo de 450 millones de euros en ayudas directas para  transportistas de mercancías y de pasajeros. También hay ayudas para la agricultura, la ganadería y  la pesca. Se antoja ya un programita que no resuelve el talón de Aquiles de un sector energético maniatado por sus costos de producción y encorsetado por una serie de impuestos draconianos.  Después del 30 de junio volverá el quebradero de cabeza…

@claudialunapale