Golpe de Estado fallido en EU

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La única forma de explicarse la pendenciera actitud del presidente de México ante el presidente electo Joe Biden es que concuerda con Donald Trump, quien a pesar de su derrota insiste que la elección fue fraudulenta, y por lo tanto apoya su intento de golpe de Estado como él mismo lo intentó en 2006.

Al ser el último de los mandatarios extranjeros en felicitar a Biden cuando fue declarado oficialmente electo, con una nota fría aludiendo a la soberanía que él enlodó al entregarse sin reservas a Trump, se suma acabar la cooperación con EU frente a grupos criminales y ahora ofrecer asilo político a un individuo impresentable, Julian Asange, acusado de delitos gravísimos en EU.

Ambos candidatos fracasados negaron la legitimidad de la elección de Felipe Calderón, en el caso del mexicano, y de Biden en el de Trump. La diferencia es que en EU el presidente en funciones tiene enorme poder y el megáfono del puesto para incitar a sus leales a la asonada que le permita quedarse.

En 2006 el perdedor mexicano tuvo la complicidad de Marcelo Ebrard, a la sazón alcalde de la capital, que le dio dinero y los apoyos necesarios para armar su teatrito tomando ilegalmente y bloqueando por meses diez kilómetros de las principales calles, avenidas y plazas del centro de la ciudad.

Anteayer se suponía que el Congreso de EU, en una sesión puramente ceremonial de las cámaras de diputados y senadores que iba a culminar el proceso electoral contando los votos ya certificados en las entidades federativas, fue impedida por hordas violentas azuzadas Trump que asaltaron el Capitolio y forzaron suspender la sesión en un grave hecho sin precedente alguno.

Al fin, legisladores aliados que habían apoyado abyectamente a su presidente, empezaron a distanciarse y a denunciar que era un intento claro de golpe de Estado, mientras que oportunistas que anhelan heredar el mantra populista de Trump, se hicieron eco de la acusación de fraude para frenar el desarrollo de la ceremonia con el pretexto de ventilar objeciones espurias.

Yo estoy seguro de que el perdedor de la elección de 2006 en México, que hasta la fecha y ya como presidente sigue insistiendo que le robaron aquella elección y todas las demás que ha perdido en su vida, apoya solidariamente a su hermano siamés Donald Trump y celebra la turbamulta que amagó el Capitolio.

El cobarde de Trump, después de incitar a sus fanáticos a marchar hacia la sede del Congreso, lo que hicieron con violencia, ante la ineptitud de la policía del Capitolio para frenarlos, se fue a refugiar a la Casa Blanca y, tratando de esconder la mano que aventó la piedra envió un tardío tuit invitando a la calma, aunque reiteró que él había conseguido una victoria abrumadora.

Al igual que el perdedor de 2006 intentó por todos los medios impedir que el vencedor tomara posesión, Trump logró trabar la culminación del proceso electoral que oficializaba su derrota. Ambos fracasaron en el intento, pero su mendacidad y estafas tuvieron y seguirán teniendo graves consecuencias.