INE: disputa por el poder 7.- Poder político, no electoral

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1.- El pecado original del sistema electoral posterior al conflicto fraudulento de las elecciones presidenciales de 1988 ha radicado en la permanencia de un aparato de control político del régimen priista y no la búsqueda de una oficina encargada solo de organizar elecciones.

2.- El modelo de IFE-INE trae la marca de Carlos Salinas de Gortari, el beneficiario de las irregularidades electorales de 1988 y responsable de sentar las bases de una estructura electoral también controlada por el Estado priista, con el PRI o con el PAN en modo PRI.

3.- La existencia de un organismo electoral con funciones de aparato político para definir el tipo de democracia procedimental e ideológica ha pervertido a la oficina organizadora de elecciones.

4.- El diseño del organismo electoral posterior a 1988 encontró en el camino a una clase intelectual funcional a los intereses del proyecto político-ideológico priista y configuró a una casta burocrática que se apropió no solo del aparato administrativo para realizar elecciones, sino del discurso democrático-procedimental que a la larga no han sido más que argumentaciones para –¡sorpresa!– una democracia sin adjetivos.

5.- Las ocho reformas electorales previas al Plan B construyeron un Consejo Electoral como espacio de intermediación administrativo-política a partir de consejeros electorales propuestos por el presidente de la República y votados por mayoría calificada legislativa, permitiendo las complicidades ocultas de los consejeros con los partidos votantes.

6.- Una verdadera reforma electoral debió haber excluido a los partidos de la configuración y aprobación del Instituto Electoral y debió de haber creado una oficina con la función exclusiva de organizar elecciones y contar los votos. Hoy El INE ha asumido para sí la función histórica de definir qué es democracia y qué no es y de utilizar los instrumentos autoritarios para castigar expresiones políticas e ideológicas radicales que hasta ahora no han roto con las reglas de la democracia.

7.- El IFE-INE de Woldenberg a Lorenzo Córdoba Vianello se ha echado en hombros la tarea de frenar todo lo que el organismo define como populista, sin entender que la democracia real tendrá que pasar la prueba del populismo en tanto que este movimiento de bases sociales cumpla con las reglas de la democracia procedimental.

8.- Las nueve reformas electorales posteriores a 1988 –incluyendo el Plan B— han ido perfilando un poder electoral con autonomía relativa de la dinámica política del verdadero centro de la democracia: el poder legislativo donde se expresa en todo su esplendor la pluralidad ideológica de la República y los equilibrios electorales, configurando en el Congreso la soberanía popular a través de los diputados como representantes del pueblo, en tanto que los once consejeros electorales del INE han sido intelectuales que llegaron al cargo negociando en secreto con los partidos que votaron sus cargos.

9.- La clave de una verdadera reforma electoral no estaba en el INE, sino en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación donde debieron de construirse estructuras para regular la competencia en las urnas, dejando al Instituto solo la función de instalar casillas, administrar votaciones y contar votos. El INE de Woldenberg y Córdova es una aduana ideológica ajena y a veces contraria a la democracia.

10.- La crisis electoral de 1988 fue una crisis del sistema/régimen/Estado del grupo priista dominante justo en las dos caracterizaciones, a partir de Gramsci, que hizo Manuel Camacho Solís como politólogo de El Colegio de México: “el límite del sistema político cuando las instituciones dejan de funcionar dentro de sus propósitos de dominación política, dirección política y administración social o cuando la clase política pierde la capacidad de hacer uso de las instituciones políticas” y “el límite del Estado cuando el orden de las clases y fuerzas sociales prevalecientes pierden su capacidad para crear las máximas posibilidades para la expansión del grupo a la clase en el poder”.

11.-La crisis electoral de 1988 fue provocada por la ruptura de la cohesión del sistema/régimen/Estado y el grupo priista dominante se negó a asumirla como el agotamiento del modelo democrático priista.

12.- El Plan B no entendió el proceso de crisis de sistema/régimen/Estado y solo se propuso desalinizar al Instituto Electoral y agotar el ciclo de los intelectuales salinistas, pero no configuró una propuesta de transición a la democracia.

 

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