Elecciones 2024: el incorregible autoritarismo del PRI. El extravío irremediable del PAN

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Ambas actitudes presentes en esta campaña, invitan a negarles el voto el 2 de junio a los dos partidos, tan coaligados ellos.

 

Empecemos por una cepillada al PRI: Laura Haro, la candidata priista que postula la coalición opositora en Jalisco, dijo el martes 23 de abril en Radio Fórmula que Morena no entraría en Jalisco. Así de autoritaria, así de prepotente la priista. El PRI se siente dueño de Jalisco, se siente, se cree dueño de México y no lo es. La priista dijo también que Morena y MC son corruptos. Lo dijo ella, ¡la priista! cuyo antecesor, el gobernador Aristóteles Sandoval, terminó asesinado. Y no por ser monja carmelita ni su partido la alegría del huerto. Vamos, el burro hablando de orejas es como se ve la candidata priista. Si tiene a Alito de dirigente, mejor no hablar de la corrupción de los demás que en casa es bastante e insuperable, sobre todo. La priista no está en posición de señalar a nadie de corrupción, cuando su impresentable partido se distingue por serlo y por serlo se destaca en todas partes, Jalisco para empezar –en donde dejó mal fario con Sandoval– y por poner a ustedes un excelente ejemplo, que el gobierno de Sandoval terminó igual de pestilente que el del priista Peña Nieto, cuyas palabras recientes también dan bostezo y alipori y son intrascendentes.

 

Llama poderosamente la atención el rancio discurso y la actitud prepotente priista de todas las palabras de la candidata. Esa deplorable actitud priista que no piensan cambiar. La Haro será “joven” pero está educada en la verborrea priista dinosáurica, antediluviana y en trasnochada idea de país que piensan los priistas que les pertenece y pueden mangonear a su antojo. ¿Quién es ella para decir quién gana o quién entra o no en Jalisco? Le habla a ciudadanos libres, no a sus siervos. Y el PRI no es dueño de Jalisco. Tenemos un PRI putrefacto que solo mira al pasado y a sus privilegios perdidos o casi, que clama por recuperarlos y piensa hacerlo de la mano de la priista Haro si le da usted el voto y de su candidata Xóchitl Gálvez. El PRI jamás resuelve bien.

 

¿Qué Morena no entrará en Jalisco?  ¿dicho por? ¿por una priista? Vamos, sean serios. En dado caso, que sea por el dicho libre en las urnas de los ciudadanos, no por la candidata priista, y luego, priista; y no por el PRI que no manda nada. El PRI como siempre y ahora por boca de su candidata, mal creyendo a México como si fuera su dueño, como si pudiera todavía decidir quién hace qué y cuándo. Va muy mal el PRI, creyéndoselo y actuando en consecuencia. El PRI no ha entendido ni le interesa hacerlo ni tiene la elemental capacidad de hacerlo, que no está para dar órdenes ni para definir destinos de nadie, que ya no decide mayor cosa y que cada vez se le echa más de los cargos públicos por su nulo aporte, por posicionar ladrones y ver los cargos como botín particular. El priismo no entiende que el PRI no puede hoy decidir quién hace las cosas y que nadie, ningún ciudadano libre está para cumplir caprichos de priistas. ¿Qué Morena no entrará en Jalisco, dicho por una priista? Que desafortunada declaración. Suena igual de rancia y autoritaria y muy despreciativa de la democracia en la que el PRI jamás ha creído, como aquella zarandaja de la desquiciada priista derrotada, Alejandra del Moral, quien gritaba cual posesa vociferando que “¡El Estado de México no se toca!”. ¿En serio? ¿El Estado de México no se toca? ¡ja! ¡por favor! dicho por quién. Por fortuna, los mexiquenses sí echaron al PRI de la gubernatura. Se tocó y se pudo. Jalisco tiene la gigantesca oportunidad de impedir que el PRI regrese, siendo un partido de tan triste memoria para Jalisco.

 

Como está claro que México no necesita reposicionar privilegios y la visión arcaica, vetusta del PRI de siempre, el tricolor por si alguien tiene dudas, el de Insurgentes Norte, ni sus privilegios o recuperárselos, ambas candidatas priistas ya pueden saber lo que les aguarda en las urnas con el favor de las mayorías dándoles las espaldas merecidamente, ya que las encuestas no se han movido mayormente en pro de ambas. Quién sabe a qué acudió Haro a la Ciudad de México y los medios y conductores antiMorena se apresuraron a darle micrófono. Qué raro si la campaña es en Jalisco.

 

El PAN va de mal en peor. Su dirigente nacional, el impresentable Marko Cortés, dice a los gobernadores panistas que impulsen el triunfo de Xóchitl. Que dizque gobernando bien. Estará de broma y esa es de las pesadas y de muy mal gusto. Y los convoca a la ilegalidad metiéndolos a la campaña.  ¿Gobernar bien? No lo dirá por Guanajuato, incendiado por la incapacidad panista demostrada a raudales  con el panista Diego Sinhue Rodríguez. En esa misma, el PAN nos confirma una vez más su errático discurso, pendenciero e incapaz de leer 2018 y el rol patético que ha jugado el PAN este sexenio. Y los panistas lo saben, así que rezongar sí sobra.  No les gusta su llamada transformación de cuarta, comportándose como oposición de quinta.

 

En sus spots el PAN dice que han estado del lado correcto de la Historia. Mienten. Para empezar, depende de qué historia y depende de quién la cuente. Pues bien, además de sentirse dueños de la democracia, ahora usurpan la Historia intentado también secuestrarla. No tienen llenadera. El PAN no será el que diga cuál es el lado correcto. Si apenas si sabe dónde está parado, menos sabrá distinguir aquello. Y no lo hará porque ni le corresponde ni le pertenece la verdad absoluta. Nada más por eso.

 

Aunque repita en sus spots que defendió guarderías (o sea, ¿los negocios de embodegar niños que solapó por años? ) y pidió ayuda para los damnificados de Otis –no obstante que no vimos a Marko Cortés levantar ni una mísera palmera o un necesario poste de luz en Acapulco, porque no predica con el ejemplo– eso no basta para que se les de el voto. No, oponiéndose a todo, sin proponer nada sensato y ecuánime a cambio. No nos dice qué, cuáles acciones reales hizo el PAN y no dice qué sí hizo: los disparatados y esquizofrénicos discursos de Kenia López Rabadán –otra gritando cual posesa– o sea solo bla, bla, bla. Eso no es ponerse del lado correcto de la Historia ni de broma, como no lo es cobijar a Ricardo Anaya como candidato pluri –pues, en su vida atendió ni ha ganado una elección directa– o cobijar a Cabeza de Vaca con ficha roja de Interpol o a García Luna trabajando para los dos presidentes panistas al tiempo que con el crimen organizado.

 

Es que el PAN está muy evidentemente en el lado equivocado de la Historia, permanentemente. Por eso es que no se puede votar por el PAN. Y no se ayuda. Cuando está en apuros saca por delante a cartuchos quemados a declarar: Creel, Fernández de Cevallos o Fox. Lo más decrépito y desprestigiado del partido. O eso o a los del cartel inmobiliario o, de plano, a la Rabadán. Así no se puede.

 

¿Sabe? Naucalpan, Cuautitlán Izcalli están gobernados por coaliciones que incluyen al PRI pero dan la cara los panistas. Son los municipios percibidos como los más inseguros de México. El PAN fue un desastre gobernando desde que regresó en 2021, cuando ganó las elecciones de 2021. Resultan inaceptables los resultados entregados demostrándonos que fueron ineptos, corruptos y, muy importante, no fueron mejores que Morena, cosa que se sabía, pues a los panistas ya se les había echado por las mismas razones en 2018. Es escandaloso que la alcaldesa panista de Naucalpan, Angélica Moya, quiera un tercer mandato. El Panismo no se harta del poder, tampoco, y resulta irónico que eso lo critique en otros.

 

Que lo critique en otros, como critica que Morena use la palabra ‘continuidad’ en su oferta. El PAN responde con un “vamos por más” en su propaganda buscando el voto. ¿Por qué el PAN reprueba la palabra usada por Morena y le parece tan estupendas las propias? Eso es amañado y eso lo torna intolerante y antidemocrático. Muy priista. Lo mío sí vale, lo de los demás, no. Eso es prepotencia panista, además. Como el ofrecer desde el PAN tarjetas rosas, asistencialismo populista, tal y como lo hacen los de enfrente y decir que eso sí vale, lo que hagan los otros, no.  Lo dicho:  ni un voto al PAN el 2 de junio.