Salinas Pliego presidente. Really? No, gracias

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Y es que se supone que se trata de avanzar, no de retroceder ¿no es verdad? Entonces es verdad que siendo así, Salinas Pliego no es la persona idónea.
Si los opositores a Morena insisten en plan nivel neceo en que lo es, se están llenando con una simple tostada. Tal cual. Qué decepcionante. Se les tomaba por más sensatos, más cuerdos y de ideas más claras y puntuales sobre lo que necesita México desde su peculiar óptica. ¿Están tan obnubilados con Morena que ya no distinguen el blanco del negro? todo indica y así van, ya lo hemos expresado antes, de tropiezo en tropiezo.
¿Qué Salinas Pliego quiere ser presidente, de 70 –con miras a emprender la carrera presidencial a los 75 para salir de 81– y no lo ha dejado claro? Es correcto. No está tan claro que quiera él. Da traspiés y mete buscapiés, pero nada concreto. Peor nos la ponen. Entonces busca en cambio ¿un títere para mangonearlo a su antojo? México no necesita factótums. Si Salinas Pliego, sus seguidores y quien haga falta impulsan a uno o no lo han entendido o no quieren aprender del rotundo fracaso de la intentona de Claudio X. González, y entonces sí que están pero si bien perdidos, opositores.
¿México necesita a un misógino, a un prevaricador y a un evasor de impuestos? no puede tener tales dividendos y pretender ser presidente. Y si lo que busca a es a otro, ese otro cargará con la pésima imagen de su padrino Ricardo Salinas y será un pelele. No podrá sacudirse ambos lastres. No. Salinas Pliego no puede ser deudor de los montos que se acusa le debe al erario y pretender presentarse como empresario exitoso, a menos que la moraleja sea esa: si eres evasor, eres un triunfador. No, pues chido. Su alharaca de llamar gobiernícolas a los gobernantes, solo está colocándolo en calidad de un cavernícola que ha demostrado tantas veces carecer de entendederas. Por lo demás, sus insultos, ocurrencias y aspavientos no impresionan. Acaso solo a los despistados. No es una persona seria. No es opción.
La actitud perdonavidas que lo describe, su sonrisa fingida, sus insultos a la burocracia, rictus forzado en plan de no lo merece el suelo que pisa, no impresionan ni auguran progreso y bienestar. Le hacen mucho juego hasta sus opositores, concediéndole la importancia de la que carece. Les da pie por darle foro a que les conteste tan ufano como torpe en la articulación de sus peroratas. Quién sabe a quién quiera impresionar o dejar boquiabierto. Ni impresiona ni inspira, es una vergüenza su proceder cotidiano. ¿De dónde lo de ser presidente o impulsar a alguien que esté bajo sus órdenes? Como vergonzante resulta ver a tantos empleados suyos con micrófono secundándolo en su fotaza mostrando no unidad, sino complacencia y servilismo abyecto a más no poder. Patéticos. Ha sido tan decepcionante ver a ciertos rostros arropándolo, como previsible toparse con otros que se destacan por ser sus lamesuelas y simplemente por sosos en sus “análisis” de odio a Morena. No son imperdibles sus ocurrencias y sus gracejadas desinformadoras no son ejemplares ni secundables. Son ridículos. Y ahora suman apoyar al sujeto. Quienes sostienen que Salinas Pliego es un Trump no saquen las cosas de quicio.
La imagen Salinas Pliego, de socarrón, explotador y briboncillo desafortunadamente pesan más que sus presuntas y dudosas dotes empresariales. Y que sus pretensiones presidenciales. ¿Qué le vamos a hacer? Desde luego que Andrés Manuel López Beltrán no es un ejemplar edificante que nos convenga de presidente. Pero este otro, Salinas Pliego, no vende piñas. No nos equivoquemos. Tampoco es opción. Y quien lo secunde a su imagen y semejanza, pero todavía. Fatal.
Total, que Salinas Pliego presidente o por interpósita persona, no es lo que México necesita. Aún retumba en nuestros oídos su hueca promesa de hace 32 años de darnos una televisión de calidad que jamás llegó de su mano, visto en qué ha convertido a TV Azteca. Es para decirle: ¿usted presidente? No, gracias. Ya tuvimos bastante de usted y sus locuacidades. Está de guasa cuando dice que este gobierno es comunista y que hay que acabar con la corrupción. Ya se le ha respondido: de comunista, nada y lo de la corrupción, gracias a ella y parafraseando a Sor Juana, acusándola sin ver que sois la ocasión de lo mismo que juzgáis, debería amarla porque estamos como estamos gracias a en el caso Ricardo Salinas Pliego. Darse un balazo en el pie es síntoma de lo nada serio que es.