Gaza. Partamos de cuatro premisas puntuales e inobjetables por ser verdades completas. Primera: México no tiene para qué apoyar a una de las partes y condenar a la otra. Nada saca de ventaja, pues. No tiene para qué. Clama por su entendimiento y hace votos para que lo consigan. Dos. México reconoce a Palestina y a Israel y al igual que esta columna, defiende que coexistan los dos estados. Tercero: es una rotunda supina estupidez sostener para justificar el genocidio perpetrado por Israel ya así declarado por la ONU –y a Netanyahu tildado de criminal de guerra– que se responda amañadamente diciendo que defender el derecho inobjetable palestino a existir en Palestina es defender el terrorismo. Resulta una postura muy chantajista y amañada, asaz tramposa. Debe rechazarse, siempre. Ha sido una forma manipuladora de revolver conceptos. Cuatro: y que México tiene el pleno derecho de no secundar chantajes como el emitido por el gobierno israelí – que lo hizo recién otra vez de manera evasiva, esquiva y torpe para variar– respondiendo a la postura de la presidenta Sheinbaum al recalcar que tenemos embajadora palestina.
Dicho todo ello, el mapa de países que se levantaron en la ONU para no atender a Netanyahu –dado que el genocida no atiende razones ni le interesa nada del mundo– incluye a México y como el israelí es cabezudo, ergo la postura mexicana es positiva: no secundar a Israel.
No obviamos ni olvidamos que no faltará quien quiera que Sheinbaum, judía no practicante, se alinee con Israel. Así como otros piden que rompa relaciones diplomáticas. La embajadora israelí en México ha sido siempre bastante poco prudente –muy torpe, déjese en claro– con la postura mexicana y qué bueno que no se la atiende en sus desatinos frecuentes. Como sus colegas connacionales en otros países, desde el 7 de octubre de 2023 ha ido siempre de tropiezo en tropiezo al justificar a toda costa a su país. Pobre. Pueda ser que tanta tontería que dice solo siga las instrucciones de su impresentable gobierno y allá ella. Que clame en el desierto. Y a quienes quieren que se rompa relaciones diplomáticas con Israel, recordarles que más vale las represalias. Se gana poco rompiéndolas, en cambio se gana más secundando acciones multilaterales que defiendan el derecho palestino inobjetable y justo. Después de todo, que nadie olvide que Israel sí ha hecho boicots a México, como el de tiempos de Echeverría por votar a favor de las iniciativas de ONU equiparando sionismo a racismo (1975) revocada en 1991. Y el sionismo sí lo es en gran medida, desafortunadamente. Así, es mejor secundar al multilateralismo fijando posturas colectivas propalestinas. Es mejor arma.
México ha hecho muy bien en hacer un llamado a la paz y sus conciudadanos cada vez más están en las calles clamando por ella y enarbolando banderas palestinas, pues a nivel mundial ya la voz palestina no la calla nadie. Y eso es positivo para conocer las dos versiones de todo, pues solo había imperado una, la israelí. Oír la palestina evita decir o avalar que se diga que defender el tema palestino te convierta en antisemita. Menos estupidez cabe pedir y es rechazable también semejante disparate de supuesto antisemitismo. ¡Basta de pasarse de listos quienes quieren que solo impere Israel!
La agenda con Israel es basta en tropiezos. Más que nada del lado israelí por defender lo indefendible. No es México el interesado en que Israel desaparezca. Los errores son sobre todo, israelíes. Recordemos: de las muy torpes declaraciones de Netanyahu alabando el muro de Trump en su primer mandato cuando levantaba el propio contra los palestinos, que hasta el presidente de Israel tuvo que enmendarle la plana al ahora declarado criminal de guerra, a cobijar Israel a pájaros de cuenta como Roemer o Tomás Zerón, que esperamos extradite Israel sin ya tantos remilgos. Así que en mal momento escoge Israel para enemistarse con México, y medio planeta, cuando tiene en su contra a la mayoría de los países del mundo por sus execrables procederes contra Palestina y cuando desde distintas palestras le han reprochado que un 7 de octubre no es equiparable ni justificable a la forma en que ha respondido y que la legítima defensa tiene límites y los traspasó hace ya rato.
En cuanto a México, es de celebrarse la postura de su gobierno que no tiene porqué ser arrastrado a defender intereses de Israel como pretende ese gobierno en su extraño comunicado poco después de que Sheinbaum recordara que su gobierno ha recibido y desde meses atrás, a una embajadora palestina. Seamos claros: es que Roemer puede quedarse en Israel, si desean encubrirlo, que no será moneda de cambio para aplaudir las acciones genocidas –así calificadas por ONU– de ese país con los palestinos. Lo demás ya es lo de menos.
Dicen opositores muy extraviados para variar, por leer con clave interna el relajo internacional, que Sheinbaum perdió la oportunidad de ir a la ONU. No, no es así. Hay que ser sensatos. De entrada, nada se perdió porque México ya reconoce a ambos estados. No como otros países que necesitaron ir a la ONU para hacerlo. De entrada, sí hay diferencias.
No, no fue un error esta vez evitando enfrentarse a Trump. No lo fue porque visto cómo está el patio fue acertado no acudir. Ni como judía ni con Trump enfrente era necesaria su presencia y con ese galimatías que es Gaza, es una batalla que se dejó pasar acertadamente. El tema Gaza ya es un callejón sin salida y a eso lo han conducido todos los actores. Solo resta aguardar.
Cosa distinta es la precaución que se requiere con China. No ser parte de la guerra sino-estadounidense. Cuando el gobierno mexicano ha anunciado aranceles a todos los países con los que no se tiene tratados de libre comercio –un error priista de la época del impresentable Herminio Blanco en la administración Zedillo y que casi nos costó el tratado con la Unión Europea de 2000– pareció una medida errática por varias razones. ¿Cuáles? No necesitamos enemistarnos con China, para que de alguna manera ella sea dique contra las apetencias yanquis. No está explicado que se necesite el dinero arancelario recaudado por esa vía o cuáles ramas de la economía los ameritan, siguiendo los lineamientos de la Ley de Comercio Exterior que mandata justificarlos; que no por darle al violín le acabemos dando al violón y, finalmente, China (y Corea del Sur por lo que atañe) han respondido. No solo habla de reciprocidad como respuesta –aunque haya mesa de negociación de por medio, que debe contar para impedirlo– sino que en un despacho de El Financiero del sábado 27 de septiembre, amaga con revisar los aranceles que México pone a Asia. Bueno, que revise lo que guste, si bien China puede meter en un mismo morral a todo Asia, que es muy diversa y las relaciones de México con Asia, también lo son, pero el anuncio sí advierte el riesgo de enemistarnos con esa segunda potencia económica mundial que no requerimos de enemiga.
A esta columna no le interesa vender humo. No secunda aquella versión sosa de que los aranceles aludidos llegaron por presiones de Rubio y se diga sin ofrecer pruebas. No. Por eso es importante explicarlos desde el gobierno mismo y no solo decir que se le impusieron a todos. Lo que no está detallado por el señor Ebrard, él siempre tan explicativo y tan parlanchín, por ejemplo, es porqué eran necesarios así y en medio o de corbata nos llevásemos a China. Eso es lo que falta de explicar y eso es justo lo que faltando, puede perjudicarnos con China, conflicto que no hace falta, pero sí le hace el caldo gordo a los yanquis. Y ahí sí con tal panorama, la Sheinbaum ha de conducirse con mucho cuidado para no entrampar a México en la rivalidad sino-estadounidense ni como objeto ni como sujeto de la misma.








