Perú

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Ha sido un tropiezo inadmisible de la administración Sheinbaum el llegar a la ruptura de relaciones diplomáticas con Perú. Ello por un injerencismo en temas peruanos que no competen a México ni conviene a México hacer de ellos un diferendo; con dos declaratorias de persona non grata que no requieren recibirlas la investidura presidencial mexicana y su prestigio. ¿Qué más hacía falta? y no, no vale decir «no nos importa Perú». Debería, porque va el nombre de México de por medio, por ser nación hermana y por sernos estratégica. Solo por eso y para empezar.
Sí, fue Perú el que rompió, pero para el caso el resultado es el mismo y no se debió llegar a eso. México colmó el plato y es el único responsable.
No necesita México este panorama, nos perjudica, esta vez no nos posiciona y puede ser muy adverso en varios sentidos.
Veamos. Antes, cabe mencionar que se ha llegado a esa ruptura no por Perú, que no se mete en temas mexicanos, sino más por heredar una agenda contaminada del sexenio pasado, y desde el priista Peña, y ya en el actual gobierno, Sheinbaum no resolvió y todo gracias a un injerencismo nutrido de ideología y propio de haber comprado pleito ajeno y por partida doble. De ideología por apoyar a un gobierno tildado, desde México, de izquierda –sin reparar en que el expresidente Castillo ahora preso, pudo brincarse las trancas y que embebido de toloache se le hizo fácil transgredir la ley de su país con tal impericia que cayó en las garras de sus adversarios, que hoy declaran persona non grata a Sheinbaum.
México mostró una solidaridad más allá de las reglas mínimas de las relaciones diplomáticas y del derecho de asilo y ha perjudicado a México. México podía extender el derecho de asilo, pero no tener a un embajador en Lima metiéndose al congreso peruano a cabildear vaya usted a saber qué, pues de tal se le acusó, traspasando sus funciones y expulsándolo. Por eso lo echaron los peruanos con justa razón. Los diplomáticos mexicanos no se destacan por esas acciones y por ello es deplorable lo ocurrido.
Además, el gobierno Sheinbaum al proseguir innecesariamente el pleito heredado de López Obrador, nos condujo a un asunto que no tenía por qué complicarse. Ya se había asilado a la esposa de Castillo. Era suficiente con que se siguiera la ruta de Chile’73. Azuzar las cosas con descalificaciones frecuentes al gobierno peruano resultante de la caída de Castillo, era avivar innecesariamente un fuego de forma grosera, impertinente, a menos que la ideología moviera esas acciones ejecutadas con gran torpeza y la ideología per se no puede ser el motor principal de un actuar, dejando de lado intereses puntuales de un país.
Años atrás, dado que se rastrean los orígenes del diferendo peruano-mexicano, ya fue bastante darle asilo a la hermana de Keiko Fujimori o que nos inmiscuyéramos en Venezuela en tiempos del priista Peña avalando equivocadamente desde un gobierno priista –por aquella cantaleta priista burda y de comprensible rebuzno diciendo que los priistas sí saben hacer política exterior– el impresentable Grupo de Lima al que jamás debimos avalar. Íbamos haciéndole el trabajo sucio a otros de dentro y de fuera. Y abandonarlo después ya con López Obrador, nos atrajo las reperiquetas peruanas.
México debió entender qué si Perú lleva 8 presidentes en 10 años, el jaloneo interno peruano podía arrastrarnos si nos inmiscuyéramos  innecesariamente. Debió entender que podía ser usado el país como parte del golpeteo político interno y lo está siendo. Y Sheinbaum no reaccionó, antes bien llevó a nuestra diplomacia a ponerse en las patas de los caballos.
Ya antes, el congreso peruano calificó de persona non grata a López Obrador. Ahora a Sheinbaum. ¿Necesitamos los mexicanos una mandataria así calificada? Su trayectoria no lo merece, pero su necedad se la gana. Es irresponsable minimizar el hecho o que sus simpatizantes respondan con supina torpeza que el actual presidente peruano no fue elegido o que Perú no importa. Lo primero se desestima porque no es el presidente peruano quien la declara, aunque se sirva de ello; lo segundo, es equivocado.
Negarse el gobierno mexicano a reconocer y opinando de Boluarte, no le correspondía. México no extiende reconocimientos ni los requiere. Esa regla de oro no debió de romperse. Por si faltara, tenemos la arbitraria postura de López Obrador negando, entorpeciendo la presidencia pro tempore a Perú en nuestra estratégica Alianza del Pacífico por el zipizape de Castillo, descalificando tiro por viaje a la presidenta Boluarte, quien tenía su propio debate interno que no era de la incumbencia de los mexicanos y ni López ni Sheinbaum lo quisieron entender. Se suma a que Sheinbaum perdiera la ocasión de acercamiento con su colega. Hubiera sido un paso interesante y que dos mujeres de dos naciones respetadas en el contexto iberoamericano hicieran suma de fuerzas como en su día lo intentaron Bachelet y Fernández. Qué oportunidad perdida tan más grande para ambas naciones. A la Boluarte ya la depusieron y a la otra la declararon non grata.
La aludida Alianza sobrevivió a los vaivenes de partidos de todos los países miembros y ahora está en entredicho, aunque se niegue, con la ruptura de relaciones entre dos de sus componentes. Qué tamaña torpeza propiciarlo por la necedad mexicana de ser injerencista en temas de incumbencia peruana y nos está costando caro. Demasiados e innecesarios problemas por el pobre diadblo que terminó siendo Castillo y eso que, desde luego, no hace mejor a la clase política peruana que lo defenestra.
La Alianza del Pacífico nos representa mucho en México, pues ha permitido crecimiento e intercambio, nos acercó a Sudamérica y ahora la han pateado.
Y que nos quede bien claro: Perú no es Ecuador. Y las consecuencias serán negativas con esta ruptura innecesaria provocada por México por meterse en lo que no le importaba. Anuncia que reducirá visas a peruanos. Valiente solución.  Al recibir nuestra embajada en Lima a la ministra Betssy Chávez agranda el problema, pues el derecho de asilo no es cuestionable, la injerencia que lo acompaña, sí. Y si todo está bien –ya se ve que no, como que ya no hay relaciones diplomáticas con Perú– todo pinta a mal hasta para la mentada exfuncionaria. Y se rompieron relaciones diplomáticas por asuntos peruanos que no nos competen como mexicanos. Qué lastima perder un gran país aliado allá abajo. Ya estarán contentos.