Es natural, siempre sucede, le ocurre a todos los gobiernos y México no puede apelar al excepcionalismo. Cuando existen fastos del nivel Mundial de Fútbol, diversos agentes juegan sus cartas y exigen, faltaba más, ventajas que, legítimas o no, aprovechan el momento para reclamarlas, ya que la oportunidad única e irrepetible en muchos casos significa serlo para demandarlas y conseguirlas con amplio margen de éxito, o, al menos, un éxito razonable que, no quepa la menor duda, en otras condiciones quizá no se presentaría. Nadie se sorprenda. Lo interesante es ver qué tanto obtienen de quien buscan.
Sucedió con los ferrocarrileros en Francia, los aviadores en España, diversos prestadores de servicios en Gran Bretaña, exigencias políticas en Brasil. Todos sacan raja en momentos así, es su juego y el de los gobiernos es capotearlo en las mejores condiciones posibles. Nada extraño, nada que haga suponer caídas del gobierno que no les gusta a los analistas opositores adelantando previsiones ridículas y estrambóticas ajenas a la realidad. Por eso la oportunidad de este artículo. Para que nadie sea sorprendido por “sesudos” análisis fuera de lugar. Tampoco sabemos si el crimen organizado se aplacará, como luego pasa.
Todos lo saben o debían: gobiernos, agentes económicos y políticos y, desde luego, los analistas, para que no pasen estos últimos por sesudos interpretes de una realidad más que obvia y predecible; y aquellos otros dos, pasen o se muestren o los dibujen como salvadores de la patria y no como aprovechados y oportunistas o verse como cariacontecidos gobernantes que no la vieron venir. Porque si eso último pasara, no verla venir, sí serían muy crédulos o ingenuos. No es el caso en la situación que vive México de cara al inminente Mundial de Fútbol 2026. Todos saben su juego y fueron previsores.
Desde hace meses, todo mundo juega sus cartas y es lo conducente. Ya luego, los oportunismos, estratagemas, las salidas burdas –el PAN se pinta solo para eso– y los enroques pueden ser suficientemente llamativos como para dejarlos pasar así nomás.
Tenemos a la CNTE, al sindicato del metro de la CDMX, al PAN, al PRI, a las lideresas de las madres buscadoras y agentes políticos que las patrocinan –son dos cosas diferentes el dolor legítimo de una madre y quienes lucran políticamente con tal, no nos hagamos– o vendedores de Chichén, todos tratando de sacar raja, unos con más legitimidad que otros, pero todos oportunistas. Cual debe. Lo miserables o corruptos cabe a veces.
Ahí está la CNTE amagando con movilizaciones y bloqueos. Le han ganado el Zócalo pero quedan las vialidades, las pintas, los gritos, esos que podrían ser inocultables a los ojos de los supuestos 5 millones que vendrán y ante las cámaras de todo el mundo. No salió la torpe jugada de cerrar el curso lectivo antes del Mundial, para minimizar el impacto de lo que promete que pueda ser una movilización exhibidora del gobierno Sheinbaum, aunque las demandas de la CNTE fueron causadas por el PRI y el PAN, que de momento no tienen la presidencia de la República en sus manos. Para variar, problemas heredados de ese par que mimetizó como PRIAN, que les jode que se les recuerde. Y sí, ya sabe que el PRI sí robó más. LA CNTE sabe que tiene forma de presionar y la estrategia dilatoria del gobierno puede ser adecuada si al primer silbatazo la atención mediática se centrase en el fut.
No cabe duda que Sheinbaum y su gobierno quieren presentar la mejor cara y también es legítimo buscarlo. Quién sabe porqué hay quienes cuestionan que Sheinbaum busque la mejor imagen. Es su derecho también y va en ello al final, nos guste o no, la de todos.
Cabe un paréntesis: cuando quienes gustan del discursillo facilón, de buenaondita y en plan Marta la Piadosa dando lecciones, que no se olviden en sus sermones aún más hipócritas, que el Mundial ni lo pidió ni lo buscó el gobierno mexicano. Ninguno desde que se asignó la sede en tiempos de Peña Nieto. Eso para que al apuntar, al buscar responsables o cuestionar que haya juego en medio de las fosas clandestinas que alardean, no olviden señalar a los organizadores reales, a los del negocio local e internacional, porque decidieron que hubiera juego y no las pretensiones que llevan años peleando, legítimas o oportunidad según de quien se trate que abra la boca, claro. Muy interesante, aunque se fastidie reconocer que el gobierno, lo que se dice gobierno, todos los gobiernos de todos los niveles y partidos no fueron y no son los primeros interesados en el Mundial 2026, per se, ya que no es su negocio, si bien sí les supone oportunidades políticas. Porque otra cosa es ser arrastrados a atender lo que les toca, repitámoslo, lo que les toca como entes públicos.
¿Cancelarlo? Suena contestatario e irreal. Las cosas no funcionan así y quienes lo gritaron lo sabían o debieron. No sorprendían a nadie con sus elocuentes reclamos, pintas o gritos.
El arzobispo de Guadalajara cuestionaba al gobierno por organizar juego en medio del drama nacional de desaparecidos. No eminencia, va usted muy desinformado. Culpe usted a los promotores de la sede, a quienes vieron oportunidad de fútbol, nacionales e internacionales, que son los verdaderos organizadores. No lo es el gobierno. Sus traumas personales, sobran, eminencia. Repitámoslo: el gobierno de México no buscó el Mundial.
Por cierto, quienes ponen mantas como la de “La CDMX se cae a pedazos”, lo dirán también por los partidos a los que sí votan si es que odian tanto a Morena, por ejemplo. Que no se olviden que esos partidos también gobiernan en alcaldías capitalinas y el PAN tiene la de Coyoacán, donde está el Azteca; y MC a Jalisco, a Guadalajara y Nuevo León. El PRI a Monterrey. Y lo decimos porque esos opositores hablan como si sus preferencias políticas no gobernaran y lo hacen. Son corresponsables y con gusto se lo remarcamos. No sea que quieran vivir en su permanente error, en su burbuja, que también es su derecho.
Pues bien, ahí tiene al sindicato priista del metro. Años con liderillos eternizados mamando de la ubre insaciables cual buenos priistas, demandando aumentos y amenazando huelga. Desvergonzados, no se hartan. Ojalá que el gobierno capitalino no ceda. Sería un bello y formidable golpe al priismo. Ahí tiene a los vendedores de Chichén Itzá que tienen eso hecho un tianguis, como Chapultepec y han conseguido reordenarlos.
La descerebrada narrativa prianista de que somos dictadura encumbrando a la mártir Campos, la deja solo en calidad de una tonta María Corina Machado. Si bien le va. La Sheinbaum cuenta con un reconocimiento internacional solvente y no requiere un 2 de octubre en vísperas del Mundial. Eso que lo entiendan todos. Y Jorge Romero. A la Campos nadie la conoce y ambos son irrelevantes, aunque busquen reflectores. Exactamente, tan irrelevantes como lo son en nuestro entorno político. Salvo para los que se encandilan con ambos, pues se llenan con una simple tostada. El que no conoce a Dios… Después de todo, no brillan más allá de los gritos y postureos de Jorge Romero.
En cuanto al putrefacto PRI de Alito, puede seguir gimoteando. Los memes no dejan de pintarlos como ratas priistas. La realidad es puntual y acertada y les mata su pestilente discurso bravucón y mentiroso. Por lo que toca a quienes lideran y son voceros de las madres buscadoras, sí, la ocasión es elocuente y genial para sus fines. Que ya luego consigan algo más, es dudoso. Los que gritan, pertenezcan o no a esas cuadrillas, que se cancele el Mundial y tal, están en lo mismito que los agoreros analistas opositores que decían que no lo habría ya. Ya ven que no, la justa deportiva sigue, aunque pongan pintas o usen frases lapidarias en contra del acontecimiento. Los verdaderos rostros, las madres buscadoras auténticas, sí merecen que no se detenga su labor y la del Estado, porque merecen justicia. No las confundamos con quienes lucran con su lucha. Y a quienes lucran con el movimiento, también merecen ser exhibidos las veces que haga falta. Oportunistas.








