Sin ánimo de enfriar la euforia despertada por el papel de México en la fase de grupos del mundial de futbol 2026, hay que hacer notar el dato más importante: la FIFA aumentó el número de equipos participantes y con ello tuvo que abrirles espacio a representantes de países que nunca se soñaron siquiera en una competencia de ese nivel.
En ese contexto, hay que consolidar el resultado de las tres victorias de México en el escenario del mundial que fue benéfico para los países medios y bajos:
–Participaron 48 equipos, nada menos que 50% o más de los 32 en las últimas siete competencias entre 1998 y 2022. Y los Mundiales eran más estrictos antes: 24 equipos en cuatro competencias de 1982 a 1994. Y 16 equipos de 1934 a 1978.
–La ampliación de equipos benefició a casi tres decenas de países que le pusieron gran entusiasmo a la competencia, pero muchos de ellos asistiendo por primera vez y por lo tanto saliendo descalificados a la primera.
–Los tres rivales de México en el Grupo A se encuentran entre el nivel equiparable a México: Sudáfrica, Corea del Norte y República Checa. Es probable que en los dieciseisavos enfrente a un equipo también del mismo nivel. Pero la verdadera jerarquía de México se probará a partir de los octavos de final, a donde parece que no llegará.
–El entusiasmo de la afición mexicana merece una precisión: explicar la catarsis de una crisis que agobia a la sociedad en seguridad, estancamiento y descomposición del sistema político, además de las expresiones de la clase media alta que pudo pagar los altos precios de los boletos de la FIFA y las clases populares a los que el gobierno morenista les proporcionó espacios de fiesta que resultaron adecuados para las tres victorias. El análisis de la catarsis en modo de entusiasmo es una señal sociopolítica de la sociedad.
–El futbol ha querido venderse como un deporte popular, pero las autoridades educativas no la han sabido introducir como parte de la formación humana de los estudiantes. Y en las canchas, el futbol depende del poder económico de sus dueños, de los patrocinadores que explotan el deporte de los deportistas y convierten a los fanáticos en consumidores sin freno, y aquí se incluyen los alimentos chatarra y las bebidas alcohólicas que paradójica y contradictoriamente promueven el deporte y los deportistas y la pésima distribución salarial entre deportistas que ganan el mínimo y algunos como Cristiano Ronaldo que tiene ingresos por alrededor de 250 millones de dólares al año o 5,000 millones de pesos, más de 13 y medio millones de pesos al día.
–Los equipos de futbol en México son negocios de los dueños y sus asociados, los futbolistas locales –aún los mejor pagados– son meros asalariados y se trafican entre ellos con base en uno de los principios esenciales del negocio del futbol: la evasión fiscal que no ha querido ser perseguida por las autoridades.
–Los equipos de futbol constituyen un poder económico y político estatal en las plazas donde operan y los gobernadores en turno suelen tener beneficios con el tráfico de apoyos, construcción de estadios con cargo al presupuesto público aunque con boletos de entrada arriba del salario bajo de las mayorías.
–Los patrocinadores parecen copropietarios de las figuras mediáticas de los deportistas. Los jugadores de la selección de futbol, incluyendo a la imagen de anticomunicación del entrenador Javier Aguirre, se embolsaron dinero adicional promoviendo bienes y servicios con la camiseta de la selección que representaba los intereses de la República, pero sin más participación que los impuestos correspondientes. Pero lo grave es que tasaron el cobro de los promocionales sólo para sus carteras particulares. Peor aún: promovieron alimentos chatarra que todos ellos tienen los tres sellos de advertencias por daños a la salud, pero esas empresas patrocinadoras violaron con impunidad las restricciones con el pretexto de que eran como apoyo a la selección de futbol.
–Existen indicios en el sentido de que México ya entró al tráfico de apuestas vendiendo resultados como parte de las acciones importadas sobre todo de Estados Unidos y de Europa. Todavía no se ha profundizado en el estudio sobre el incremento de la ludopatía como un grave caso de exacción de recursos sociales por apostadores que creen ingenuamente que pueden derrotar a la banca.
–De manera contradictoria, el deporte como una forma de salud aparece directamente articulado a la promoción de consumo de alimentos chatarra pero sobre todo de alcohol. Y hay un dato que sigue vigente y nadie ha tomado cartas en el asunto: en los juegos en el estadio deportivo de Ciudad Universitaria se vende cerveza en vasos de plástico que llevan el logotipo de la UNAM y su lema de “por mi raza hablará el espíritu”.
Esto son apenas apuntes que revelan porque el futbol no es un deporte sino negocio aderezado con apuestas, alimentos chatarra y consumo de alcohol. En términos estrictos, el fútbol es el opio del pueblo.
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Política para dummies: la política a veces es la meretriz de los grandes negocios.
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