Reescribir la Historia

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Jesús Carasa Moreno

Hay, ahora, un inquietante movimiento de revisión de la Historia. Algunos no están de acuerdo con el escalafón de héroes que nos propone la que hemos aprendido en la escuela y se dedican a derribar las estatuas de los que, a su juicio, no merecen ese reconocimiento.

Le sale al paso la reacción de los que opinan que la historia está ya investigada y escrita y que los hechos no se pueden cambiar. Y transmiten la alarma ante la violencia de los revisionistas que ligan su actitud a hechos, más o menos recientes, que levantan peligrosas pasiones.

Yo, ya escribí que, en mis reflexiones sobre este asunto, había llegado a la conclusión, que me resultó sorprendente, de que estaba más de acuerdo con los iconoclastas: pero, pienso ahora, que las dos posiciones tienen su razón, en lo que defienden, pero…. hablan de cosas diferentes.

Es cierto que los hechos, sobre los que ha habido una investigación exhaustiva, no se pueden alterar, sustancialmente, pero si se puede revisar la forma en que se cuentan, dar protagonismo a personajes que tuvieron transcendencia social y tienen escasa o nula presencia en ella y poner en discusión la valoración o calificación, cuando se hace, de los personajes que si aparecen. Si la valoración, de su comportamiento, está basada en principios éticos, cívicos o políticos sobre los que no se está de acuerdo, la calificación será distinta para unos y para otros.

Los que consideran que la historia está escrita en piedra, piensan que los personajes relevantes y protagonistas de esa historia han sido y deben seguir siendo, aquellos que detentaron el poder, reyes y reinas, ministros, caudillos, militares, tiranos, dictadores, gobernantes, conquistadores, etc.… que dedicaron su vida, hasta la última gota de sangre……de sus súbditos, a la PATRIA, a ensancharla, a defenderla, pues la consideraban como una finca de su propiedad.

Han merecido reconocimiento y admiración, en la historia escrita los que mejor lo hicieron y lo hacen según estos valores. Y cada país erige estatuas a los suyos, no importa que su prestigio se haya levantado sobre las ruinas y muertos propios y ajenos que causaron.

Pero los que derriban las estatuas de muchos de estos, no están de acuerdo en que la celebridad y los méritos sean repartidos de acuerdo a estos valores y quizá lo que quieren decirnos es que habría que escribir la historia de la humanidad ateniéndonos a otros y dando cabida, en ella, a personajes que han procurado el bienestar de la humanidad, la paz, la salud, la prosperidad, etc.… Esta sería otra historia y puede haber tantas como valores, de referencia, consideremos.

Mientras tanto, qué duda cabe que es pertinente poner en cuestión el prestigio de muchos de los protagonistas de la historia que aprendimos, llena de personajes que protagonizaron infinitas masacres utilizando a sus súbditos como piezas de un ajedrez macabro.

La Historia, que se nos cuenta, está llena de personajes que gastaron sin tino la riqueza, que sus súbditos creaban penosamente, en levantar ejércitos con los que quitar a los vecinos pedacitos de tierra. Y cada patria ensalza a los que le consiguieron más victorias y denigra a los que le propinaron más derrotas.

Voy a poner un ejemplo entre muchos. Se admira y se venera a Napoleón y no solo en Francia, cuando su historia, de gran depredador, es paralela a la de Hitler. Los dos se coronaron a sí mismos y arrollaron las mismas fronteras, simplemente llevados por su afán de poder y dominio, llenando Europa de cadáveres, suyos y de los vecinos, les daba igual.

Si, amigos, yo, también, creo que es hora de reescribir la historia de nuevo, derribar las estatuas de muchos y erigir las de otros que dedicaron su vida a echar una mano a este pobre ser humano y no al cuello y a la faltriquera, precisamente.

Pintor

Publicado originalmente en elimparcial.es