El estatismo

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Con la reciente iniciativa que el presidente acaba de enviar al Congreso, desnuda de una manera nítida su ideología estatista, pero también avienta una carta que puede ser un catalizador para saber de qué están hechas las oposiciones y, si es chicle y pega, no solo el resultado final sería la de una contrarreforma eléctrica, sino el medio que permita descubrir al ‘Judas’ de la oposición para así romper la coalición opositora y de esta manera también allanar el camino de las rutas electorales para Morena y sus aliados en los procesos electorales de 2022, 2023 y obvio, 2024.

La propuesta de contrarreforma eléctrica busca no solo que la CFE se convierta de facto en la empresa preponderante en el mercado eléctrico, sino también de paso, eliminar a los órganos reguladores y de esta manera dejar sin árbitros este sector estratégico para que sea el presidente el que defina las reglas del juego. La propuesta de López no se basa en un análisis del mercado eléctrico fincada en algún diagnóstico que demuestre que las empresas privadas que generan energías han fallado o que los precios se han elevado sin ninguna justificación, etcétera. Por decir lo menos, la propuesta de contrarreforma es simplemente una propuesta ideológica de estatismo y porque piensa que las puede, punto. No busquemos una lógica de racionalidad en la iniciativa porque no la hay, es la ideología presidencial de un mundo que no existe hace mucho tiempo y que el mercado y la globalización han hecho a un lado. Por cierto, de manera paradójica el mismo día, el régimen cubano que tanto admira López estaba terminado el monopolio estatal en la economía con una pequeña apertura al darle un reconocimiento y respaldo jurídico a 32 empresas privadas, el detalle es pequeño pero el mensaje es inmenso, después de 60 años, el régimen de Cuba reconoce el fracaso del estatismo aunque no lo digan expresamente.

No es una propuesta ‘nacionalista’, porque no respeta ni busca estimular la inversión nacional en el sector eléctrico, sino poner a la CFE con un porcentaje de 54 por ciento en el control del mercado. ¿Por qué no solo de 51 por ciento?, pues no sabemos porque las ocurrencias en palacio son así y aún mayores. La Comisión Federal de Electricidad como Pemex son dos grandes empresas estatales que en un tiempo histórico cumplieron su papel y fueron motores importantes para el desarrollo nacional, pero al día de hoy son una rémora para las finanzas públicas y obvio una carga fiscal que todos los contribuyentes pagamos. Pero además son dos empresas que producen a contracorriente de lo que el mundo está haciendo y buscan ir en una ruta cada vez más rápido: energías limpias.

La iniciativa presidencial no solo busca la estatizacion de la energía eléctrica, sino romper la ley al desconocer los contratos ya establecidos para la generación de energías limpias, que sin duda llevará a una serie de litigios internacionales porque las empresas extranjeras no se quedarán de brazos cruzados, pero también atenta contra el Tratado de Libre Comercio y lanza un dardo envenenado de desconfianza para que los inversores, no solo del sector eléctrico, sino de toda la economía, la piense en invertir en nuestro país, ya que la seguridad jurídica no es sólida y las reglas están siempre al contentillo presidencial de su ideología estatista.

La búsqueda de interrumpir las inversiones privadas (nacionales y extranjeras) en energías limpias, no solo es un atentado contra el capital sino que además vulnera los convenios y tratados que nuestro país ha firmado para avanzar en la generación de energías limpias y pone en riesgo al país en su desarrollo porque claramente no somos autosuficientes en la generación de energías solo con las empresas del Estado, y no solo eso sino que ni nacionalmente lo somos y por ello las importaciones que hacemos de las gasolinas y el gas, por cierto, gas que usa la CFE para generar energía.

Con la iniciativa de contrarreforma eléctrica se lanza también un garlito para enganchar a algún grupo parlamentario, de la oposición, ya que al ser una reforma constitucional, Morena y sus acólitos (verdes y del trabajo ) no cuentan con los votos para lograr su aprobación, pero quien sea el traidor será también para la alianza política-electoral para las elecciones por venir hasta la presidencial de 2024 y eso no es poca cosa, es la definición histórica para que la sociedad sepa con quién cuenta para atajar la destrucción de las instituciones y de la democracia que el populismo está de manera obsesiva y afanosamente ocupado en hacer, encabezado por su líder desde Palacio Nacional.

@aguilarsoliss