Un año de pesadilla

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Entre toques de queda, reformas legislativas y la implementación de una normativa de urgencia para la utilización de las vacunas contra el SARS-CoV-2 así llegan varios países al último mes del año y en pleno inicio de la temporada decembrina.

El mundo tiene la mirada puesta en las vacunas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que no tiene capacidad para instrumentar que la inmunización anticovid sea o no obligatoria para la población “porque eso dependerá de cada país” es una decisión que cada nación tomará atendiendo a sus prioridades esenciales; hasta el momento no es obligatoria, ni en Rusia o en China, los dos primeros países en  vacunar a sus miembros del ejército.

Algunos países van más adelantados que otros en materia de solicitud, adquisición e instrumentación de la vacuna y su utilización bajo el argumento de la emergencia sanitaria.

Justo hace un año que las noticias desde China daban cuenta de un virus desconocido que provocaba una intensa neumonía que podía llevar a la muerte; las primeras informaciones situaron a Wuhan, en la provincia de Hubei, como epicentro del nuevo virus de la familia Coronavidae; entonces se dijo que estaba relacionado con el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) y con el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS).

Hace un año, el mundo veía de lejos la posibilidad de contagiarse del patógeno que el gobierno chino situó en un mercado de mariscos en Wuhan, la zona cero, por los primeros infectados.

Para el 2 de enero, la secuencia genética al completo fue bautizada como SARS-CoV-2, una evidencia científica compartida con la OMS y desde entonces con el resto del mundo.

Desde que el virus salió exportado de las fronteras chinas se ha cobrado la vida de un millón y medio de personas a nivel mundial, en datos preliminares e infectado a casi 70 millones de seres humanos.

Prácticamente 365 días después del brote detectado en Wuhan, el desafío para buena parte de los países del mundo pasa por el control de la transmisión de cara al invierno y la rápida implementación de un calendario de vacunación anticoronavirus con las primeras aprobaciones de emergencia del uso de una inmunización lograda en tiempo récord.

 

A COLACIÓN

Reino Unido sorprendió el pasado 2 de diciembre con el anuncio oficial, desde Downing Street, del visto bueno de la Agencia Reguladora de Productos Sanitarios y Médicos (MHRA, por sus siglas en inglés) para importar la vacuna de Pfizer y BioNTech; un total de 40 millones de dosis para inmunizar a 20 millones de personas.

Se ha echado mano de una cláusula de emergencia sanitaria, en una nación que camina hacia los dos millones de contagios y que recién superó los 50 mil fallecidos por Covid-19.

Matt Hancock, ministro de Sanidad, habló de la perentoria necesidad de proteger lo más rápidamente posible a los más vulnerables, son sobre todo ancianos y sus cuidadores.

Antes de mediados de diciembre deberán arribar a Reino Unido las primeras dosis: son 800 mil vacunas trasladadas desde una filial del laboratorio de la farmacéutica estadunidense Pfizer; las autoridades sanitarias irán llamando a las personas para que acudan día y hora de forma específica para recibir su primera dosis y 21 días después será necesario colocar la segunda.

La meta del gobierno británico es arribar a Semana Santa con la mayor parte de su población vacunada, para que, de cara al verano, como lo aventuró Hancock puedan tenerse unas vacaciones lo más “normales” posibles.

Un desafío ingente, pero ante las muertes diarias provocadas por el coronavirus todo esfuerzo es nimio, hay países que cada 24 horas reportan decesos superiores a las 300 personas es como si diariamente se estrellase un Boeing 747-400; otros como Francia, Reino Unido o Estados Unidos superan los 500 fallecidos diarios, equivalentes a un Airbus A380.

Se trata de que la creatividad, la inteligencia y la resiliencia venzan finalmente a una pandemia que ha vuelto de cabeza al mundo provocando además la peor crisis económica de la historia.

@claudialunapale