El Estado laico navideño

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A tirones y empujones hemos llegado a las Navidades de 2021. A nada de que se verifiquen, se merecen una reflexión ad hoc, puesto que cada año ronda en el ambiente ese espíritu tan peculiar de origen religioso, pero pocos se atreven a darle forma gubernamental. Así ¿el Estado mexicano, laico y juarista, lo es al toparse con la Pascua de Navidad? No hay entidad, partido político ni agente político que se le resista, por laico que sea y lo ordene la ley.

A saber si la mezcla no respetando la sana distancia marcada por la ley misma, por aquello de la separación Estado-Iglesias, que nadie dijo Estado-Navidades, sea causada por nuestro folklorismo político. Ese que engendra cosas como Alito, un chiste mal contado el priista.

Hay algunos comportamientos interesantes por paradójicos y contrastantes con el espíritu juarista que debiera caracterizarnos. Aun así, nos distinguimos de países de cultura similar y nuestro acercamiento con la Navidad sí tiene ciertos toques laicistas en lo público. Deje usted que sea feriado por ley el 25 de diciembre. Debería de ser hábil para fines de oficinas públicas de un Estado carente de religión oficial alguna. Mas es lo que hay.

Hete aquí que de siempre, el gobierno de turno decora plazas y avenidas, fachadas y arboledas con motivos típicos de las fiestas decembrinas. Pero siempre hubo y hay una peculiaridad: si usted observa con atención, en México no se enaltecen figuras religiosas en el decorado público navideño. No es la norma. Remarcan la fecha, pero con símbolos no religiosos colocados por el Estado laico, impulsor de los paramentos prodigados por doquier. Así, velas, esferas, nochebuenas, piñatas, pastores componen los adornos y conforman un mosaico de luces multicolores que por tal aluden al inconfundible periodo navideño, pero carentes de alusiones religiosas directas. Hasta ahí, el laicismo más o menos se defiende, no obstante que ya se ha transgredido desde el momento en que un Estado que igual responde a judíos o a musulmanes, se decanta solo y en exclusiva, por las Navidades y no por otras conmemoraciones de origen religioso de otras denominaciones y comunidades religiosas.

Cosas extrañas del Estado laico y da igual el partido que lo detente de manera temporal; que igual se monta pesebres dentro de palacios de gobierno –suponemos la incomodidad de ciudadanos mexicanos no cristianos o no creyentes ante tales muestras en un espacio público, de todos– que igual desde la abrogación de la ignominiosa Ley Calles, permite exteriorizar ciertas fiestas mediante una autorización gubernamental que, a priori, no denegará. Ningún gobierno puede desentenderse de operativos el 12 de diciembre.

Resulta peregrino el argumento de ser así por una mayoría, porque en un Estado laico además de no detentar religión alguna, o abraza todos los credos o se abstiene de todos. No es el caso, ya que el mexicano es selectivo, indebidamente.

A partir de todo lo expuesto no resulta extraño que la Navidad se cuele por todas partes. La orquesta de Minería adscrita a la UNAM, laica toda ella, incluye repertorio musical navideño donde algo se referirá a la señalada ocasión de origen religioso, aunque tal vez cuida los entremeses y villancicos que se interpreten, escogiendo los que no citen personajes religiosos. O quizá, no.

Si bien se da pauta a que los artesanos, agricultores y demás intermediarios hagan su minita en Navidad vendiendo desde flores a objetos musicales, muchos creados con apoyos de dineros gubernamentales, no deja de ser significativo ese apoyo público facilitado holgadamente. Usando espacios públicos para ello –ergo, laicos– para la venta de productos navideños o ligados a un evento religioso como la Navidad.

La decoración de espacios públicos es esperada y aceptada. No parece ligada a un hecho religioso o simplemente responde a valores entendidos que no se cuestionan. De momento, al menos. Se la admite sin más. ¿La fiesta es la fiesta y punto? Llámense una avenida o en los aeropuertos, que son del Estado. Se adorna y punto. Se instala y punto.

Las felicitaciones por Navidad o las salutaciones de año nuevo emitidas por toda jerarquía de servidores públicos, las roscas de reyes que se prodigan pagadas por el Estado, las ferias y los árboles navideños colocados en plazas públicas y la decoración de jardineras y camellones, más las alusiones a ella de los dignatarios estatales de toda laya y rango, no requieren de la bendiciones de obispos y cardenales para remarcar una fecha de motivos religiosos. Lo hacen y la citan a la Navidad y ya está. Y todos se quedan tan contentos. Sí, algunos se van por el secularizado “Felices fiestas”. ¿Cuáles? Pues las religiosas ligadas a la Navidad. Punto.

Usted no se fije ni repare en si Calderón rompió piñatas en Los Pinos, un espacio laico que atestiguó una misa privada de un papa,  o si antes Fox indebidamente le besó la mano al Papa –otra torpeza que no tenía par y arguyendo con inusitada tontería como sus ya habituales, que lo hizo por ser un fiel, olvidándose de su investidura laica detentada en ese preciso momento– o Peña, que a Benedicto XVI lo fue a ver al Vaticano, como gobernador, ergo pagado por los contribuyentes de un Estado laico, que mantiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede –representante de Dios en la Tierra– y ha dotado al solio pontificio de nacimientos, artesanía de motivos navideños patrocinado todo por los dineros públicos de un Estado laico. Esos dineros aportados por los contribuyentes, sean o no creyentes. Que a estas alturas, qué mas da, tal parece. Y conste, que nadie se confunda: ser laico no es ser anticlerical. Salvemos las distancias, por favor.

Pues mientras el Estado apenas guarda las formas, le deseo una felices fiestas con una sosegada Nochebuena y una feliz Navidad, ornamentada a tutiplén.

  1. A todo esto y en un ambiente prenavideño, dice Monreal que todavía no es tiempo para declararse candidato a la Presidencia y por su sintaxis, para gobernar. Su arbitrariedad y su trayectoria invitan a que nunca sea tiempo. En sus cargos nunca ha resaltado por grandes acciones en pro de mayorías. No se necesita su grisura. Y no, no basta que sea un gran político o que él es un animal político. Los electores al centro, los ciudadanos como objetivo. Y estos no han recibido de Monreal, grandes acciones.

@marcosmarindice