¡Salvemos nuestro planeta!

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Jeffrey Sachs, director de The Earth Institute, destaca la relevancia de limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2 grados centígrados porque sobrepasar ese límite implicará llevar a los ecosistemas a enfrentarse a una extinción en la que solo sobrevivirá la ley del más fuerte.

El Acuerdo de París pone barreras y lo hace a partir de los 1.5 grados centígrados para con ello generar una implicación de las políticas públicas y la acción privada orientada a la reducción y el control de las emisiones de los gases de efecto invernadero.

Todos los firmantes se han comprometido además a tener un escrutinio quinquenal a fin de evaluar “el progreso colectivo”; primera fecha, de una primera evaluación, a la que se llegó el pasado 12 de diciembre y con un resultado bastante negativo: los esfuerzos son nimios.

Simplemente, el año 2014, de acuerdo con la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés)  fue el más caluroso jamás observado desde que existe registro a partir de 1880 a la fecha.

En palabras de Michael Mann, director del Centro de Ciencias del Sistema Terrestre de la Universidad de Penn State, el persistente aumento en la temperatura mundial es “un recordatorio” de que mientras las personas están preocupadas por la pandemia hay “otra crisis todavía más fuerte” de fondo.

Hay datos alarmantes: “El cambio climático podría acabar con la mitad de nuestras especies en solo 50 años; los glaciares terminarían desapareciendo antes de que concluya el siglo; hay una elevadísima concentración de CO2 en la atmósfera que tenderá a agravar los efectos nocivos en las poblaciones provocando más desplazamientos, más refugiados y nuevas catástrofes”.

Sachs que también es miembro de la Red Española para el Desarrollo Sostenible (REDS) cuenta con información privilegiada de primera mano y no en balde en las diversas conferencias académicas, en universidades españolas o bien para fundaciones de prestigio, insiste arduamente en que el tiempo se  agota ya no para “revertir” sino para “mitigar”.

Al menos hay 17 especies de animales extintas en los últimos 50 años y 15 mil especies de plantas corren el riesgo de desaparecer para siempre; son la mitad de las plantas aterciopeladas del globo terráqueo.

Si la biodiversidad se altera impacta a  los ecosistemas y termina lastrando la vida orgánica haciendo que la cadena biológica resquebraje comenzando por la muerte de microorganismos hasta grandes especies. Un fenómeno devastador.

A COLACIÓN

La  mano del ser humano ha sido en buena medida culpable de provocar el enorme drama para la supervivencia de las futuras generaciones, el  saliente presidente Trump ha renegado una y otra vez negando inclusive el  cambio climático calificándolo burlonamente de “invento chino”;  y con una soberbia desbordada ha dado privilegios a las plantas productoras de carbón nada más para ir a contracorriente.

El todavía inquilino de la Casa Blanca no solo derribó los peldaños puestos por la Administración Obama en el renglón de los compromisos ante el cambio climático,   en su Plan de Energía Limpia Asequible permite que cada estado de la Unión Americana fije sus criterios para las emisiones de CO2  y en vez de cerrar las plantas de carbón permite la extensión de su vida útil.

Por cierto que Reino Unido acaba de sentar un precedente histórico: el gobierno ha reconocido el fallecimiento en 2013 de la niña Ella Kissi-Debrah cuyo asma empeoró coincidiendo con los años de peores niveles de polución en el aire; su muerte ha sido causada por la contaminación.

La contaminación ambiental es nociva. Momentáneamente sin Estados Unidos participando, China hace unos días anunció en voz de su presidente Xi Jinping, que el gigante asiático estará en condiciones de llegar a 2060 con una neutralidad de carbono y afirmó que harán “todo por tener una economía verde” porque ésta significa progreso.

A su vez, la UE adoptó el compromiso de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero “en al menos un 40%” en  2030 tomando como parámetro  el año de 1990.

El cambio climático es un mayúsculo desafío de coordinación y de competencias porque implica modificar la dependencia en el uso de la energías fósiles; lo que está en juego es la Civilización que podría no salir bien librada de esta pandemia climática.