Los dichos y los hechos: la “casa gris” un déjà vu

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Cuando el periodista Carlos Loret de Mola reveló la existencia de la “casa gris” que habitó en Conroe, en la ciudad de Houston, el hijo mayor del presidente Obrador se destapó la cloaca. Algo olía mal. Con el paso de los días reporteros de distintos medios, tanto de México como de Estados Unidos fueron descubriendo la suciedad que se pretendía esconder bajo la alfombra mediática de Palacio Nacional.

El presidente hizo declaraciones explosivas para tratar de minar el trabajo de investigación de Loret y su equipo de investigación. Tras el discurso oficial las cosas lejos de esclarecerse se enturbiaron aún más. Cuando algunos accionistas de la compañía petrolera Baker Hughes hicieron público su interés por iniciar una investigación por la presunción de un posible conflicto de interés luego de las denuncias periodísticas que apuntaban a un alto ejecutivo de la empresa y el hijo del presidente, el matrimonio de los López Adams salieron a “comunicar” mediante redes sociales que no existía “ningún conflicto de interés”. Carolyn Adams lo hizo a través de la reproducción de una conversación de WhatsApp con un supuesto agente inmobiliario y José Ramón López Beltrán en un breve mensaje de Twitter deslindándose y apelando a su vida “privada”.

Fue la reacción a bote pronto de la pareja debido a que los accionistas de la petrolera hicieron pública la carta en la que pusieron sobre aviso al Departamento de Justicia y la Comisión de Bolsa y Valores sobre el asunto que implica a Keith Schillings, ejecutivo de Baker Hughes, quien fue el que cedió el uso de la residencia de lujo, conocida ahora como la “casa gris”, en alusión a la famosa “casa blanca” del expresidente Peña Nieto que derivó en un escándalo de corrupción entre altos funcionarios del gobierno y contratistas y que finalmente detonó un escándalo que concluyó con la derrota del PRI en las urnas por el malestar social, mismo que aprovechó Obrador para llevar agua a su molino en su candente campaña presidencial donde la bandera contra la  corrupción fue su principal estandarte.

La “casa gris” es un déjà vu.

En amplios sectores sociales se ha dejado sentir un enojo social porque con Obrador se están repitiendo actos de corrupción que jamás se atienden y quedan en completa impunidad. Algo que él prometió combatir y que por el contrario se alientan desde la casa presidencial.

El gobierno de Obrador se ha mostrado como una cleptocracia. Su famosa creación del instituto para devolver al pueblo lo robado fue una ocurrencia y está terminando como un monumento a la corrupción obradorista.

Los alegatos tienen varios matices. El presidente dice que “al parecer la señora tiene dinero”. La nuera quien ha compartido en sus redes sociales una fastuosa vida con viajes por el mundo en aviones privados y fiestas glamorosas (muchos de ellos en compañía de su pareja, ahora alega que con dificultades paga las mensualidades de un automóvil que compró a crédito y el imputado alega que ejerce como abogado en territorio estadounidense al servicio de una compañía privada que no cuenta con una razón social establecida y en una dirección falsa. Y lo peor es empleado de los hijos de un empresario millonario que trabaja “gratis” para el gobierno del presidente Obrador. José Ramón litiga en Estados Unidos sin tener autorización para ello porque ha incumplido con las disposiciones legales establecidas violando los tratados bilaterales en materia de profesiones.

Los accionista de Baker Hughes han señalado que “no hay suficiente claridad, profundidad, información y compromiso” por parte del ejecutivo de esa compañía que cedió la residencia al matrimonio López-Adams por lo que solicitaron la intervención de las autoridades de justicia y de la bolsa de valores para aclarar el caso.

En México el presidente Obrador incurrió en una catarata de violaciones a la ley para descalificar las investigaciones de Carlos Loret al tiempo que demandó la intervención de las autoridades fiscales y del INAI para que investigaran los ingresos del periodista.

Obrador se ha escudado en el fuero de su cargo presidencial que le brinda impunidad para atacar a Loret al que ha indilgado una serie de epítetos, como “mercenario” y “pseudoperiodista”.

Hace unos años (octubre de 2016) el tabasqueño demando por “daño moral” al periódico The Wall Street Journal por publicar en sus páginas por no incluir en su declaración patrimonial dos departamentos que estaban a su nombre. El alegato de Obrador fue que él había cedido esos bienes a sus hijos en el año 2005 mediante un juicio intestamentario. La demanda quedó registrada en el juzgado 73 de lo Civil 119 Ordinario del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. Después de un tiempo Obrador reculó al dar marcha atrás a ese juicio.

Lo mismo ocurre con la propiedad del rancho de la ciudad de Palenque en el estado de Chiapas, donde se desconoce el origen de la propiedad y como llegó a manos de la familia de los López Obrador.

En el caso de las propiedades de Manuel Bartlett el presidente Obrador también descalificó las investigaciones del periodista Carlos Loret. Mediante triquiñuelas el funcionario se deslindó tal y como lo hizo también la que fuera encargada de sancionar la corrupción Eréndira Sandoval y su esposo John Ackerman, quienes se hicieron una riqueza súbita.

Ahora con el escándalo de la “casa gris” ha salido involucrado el “asesor” del Tren Maya, Daniel Chávez un multimillonario que presta sus “servicios de manera gratuita” al gobierno de la cuarta transformación y quien proteje al polémico hijo del presidente.

El debate ha llegado al Congreso y otras instancias donde se ha cuestionado el proceder del inquilino de Palacio Nacional quien ha protagonizado un fiera cruzada para proteger a los suyos contradiciendo su compromiso de que iba a velar por los interses del país, inclusive por encima de su propia familia.

A la hora de la verdad Obrador actúa como lo hicieron sus antecesores como López Portillo y el escándalo de la Colina del Perro y su mansión de Acapulco, como los Salinas de Gortari y las innumerables propiedades de Raúl Salinas, el rancho de Vicente Fox y Marta Sahagún y luego la Casa Blanca de Peña Nieto.

Enemigo de la transparencia (su gobierno ha clasificado la mayoría de la información de su gobierno como asuntos de seguridad nacional), el presidente Obrador quien alega todas las mañanas en sus conferencias la veracidad de los medios, boicotea el derecho a la información. El derecho a saber de los mexicanos es letra muerta.

En términos concretos el periodista Loret de Mola cumplió con las reglas elementales del periodismo de investigación que ha puesto de cabeza a la “cuarta transformación”.

La “casa gris” es un asunto de interés público y develó la información que ocultaba el presidente quien estaba al tanto de la situación y que él tramposamente sintetizó en la frase de “al parecer la señora tiene dinero”.

Todavía hace un poco de más de dos años (2019) José Ramón despachaba como delegado de Morena en el Estado de México pero a partir de 2020 su estilo de vida dio un giro rocambolesco. Ahora es el hijo de papi.

Quien se atreva a criticar al junior como respuesta recibirá la metralla de insultos y descalificaciones desde la tribuna presidencial.