La agonía de la ONU

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António Guterres, titular de la ONU, ha sido duramente criticado en diversos circuitos porque en el actual conflicto, anunciado desde el 4 de diciembre en el Washington Post, ha carecido de iniciativas para frenarlo. Ni siquiera en las mesas de negociación propuestas por Turquía en suelo turco, entre las delegaciones rusas y ucranias, la ONU ha estado presente fuese Guterres o Martin Griffiths recién nombrado por él para el papel de mediador de paz entre Rusia y Ucrania. Un cargo gestionado más de un mes después de iniciada la invasión.

El próximo 24 de octubre, este organismo cumplirá 77 años de existencia, se trata de una evolución del concepto de la Sociedad de las Naciones (nació en 1919) y que sirvió para nada, porque no pudo contener la escalada, que terminó destruyendo a Europa con la Segunda Guerra Mundial y metiendo a Estados Unidos en la guerra tras el bombardeo japonés a Pearl Harbor.

Solo dos bombas atómicas, sobre de Hiroshima y de Nagasaki, en territorio japonés y la liberación de los territorios ocupados por los nazis gracias a los ejércitos rusos y estadounidenses terminaron con seis años de devastación, sufrimiento y frenaron la carnicería humana que se estaba viviendo. Ha sido la guerra más devastadora de que se tenga memoria.

La ONU surgió de la visión norteamericana: la pretensión era darle un carácter universal, inclusivo para que todos los países se sintiesen representados en un órgano cuya misión esencial es la de velar por la paz mundial y por el respeto al derecho internacional, a fin de evitar que las diferencias terminen siendo dirimidas en una guerra.

En sus primeros diez años de vida ya había tenido terribles pruebas con los siguientes conflictos: la guerra de Vietnam de 1945 a 1946; la guerra civil griega de 1946 a 1949; la guerra de Indochina de 1946 a 1954; la segunda guerra civil de Paraguay de 1947; la rebelión malgache de 1947 a 1948; la primera guerra Palestina de 1947 a 1949; la guerra indo-pakistaní de 1947; la guerra árabe-israelí de 1948; la guerra civil de Costa Rica del mismo año; el bloqueo de Berlín en 1948; la violencia en Colombia de 1948 a 1953 y la guerra de Corea de 1950 a 1953.

Demasiadas pruebas de fuego sobre todo con la guerra indo-pakistaní, con la de Corea que terminó con un país escindido en dos; y luego vendría la guerra de Vietnam de 1955 a 1975. Fue tan solo el aviso de que el mundo seguiría siendo guerrero, voraz y trepidante y que sostener la paz, a veces, depende tan solo de la voluntad de un gobernante.

La década de los sesenta estuvo plagada de conflictos bélicos en África, con matanzas lamentables y en Oriente Medio acontecería la Guerra de los Seis Días que involucró a Israel, Egipto, Siria, Jordania e Irak.

Ha sido un discurrir del tiempo lleno de violencia bélica, de atrocidades, de invasiones, de genocidios, de magnicidios, de pisotear una y otra vez a una paz letraherida convertida en el objetivo número uno de supremacistas, invasores, mesiánicos, psicópatas y asesinos.

A 1956, la ONU llegó con la idea bien plantada de desarrollar una Fuerza de Emergencia, una unidad militar que coloquialmente se conoce como los cascos azules. Básicamente es una brigada conformada por fuerzas especiales de diversas partes del mundo, actualmente supera los 40 mil cascos azules.

No tiene una función bélica, más bien la protección de la población civil, que es la más perjudicada cuando hay una guerra; también actúa ante catástrofes humanitarias o bien puede inclusive servir de garante en unas elecciones para evitar un baño de sangre. Tiene muchas funciones.

Ni son para la ofensiva ni para la defensiva. Solo la protección humanitaria y hasta en el campo, en su actuación, pueden llegar a tener una capacidad mediadora.

A COLACIÓN

Si la ONU ya venía debilitándose con el enquistamiento del conflicto árabe-israelí y palestino, comenzó a desangrarse con los atentados del 11 de septiembre de 2001 que sirvieron de pretexto para que Estados Unidos invadiese y bombardease a Afganistán y luego siguiera de corrido hasta invadir Irak en marzo de 2003.

El organismo cuya dura misión es sostener la paz global gime agonizante desde hace varios años porque las grandes potencias no lo respetan, no valoran la concordia por encima de sus ambiciones estratégicas.

La invasión de Rusia a Ucrania está sepultando a la ONU con un Guterres absolutamente rebasado por la situación y tiene tanto susto en el cuerpo que ha sido incapaz de mostrar carácter para verse personalmente con el dictador ruso, Vladimir Putin, y ponerle en la mesa la Carta de las Naciones Unidas y acordar con él y con el mandatario ucranio, Volodímir Zelenski, un diálogo para frenar la masacre bélica.

No hay ninguna iniciativa real que derive en un cese al fuego en una invasión que cumplirá dos meses, con miles de muertos, con millones de desplazados y refugiados y con potencias, cada una jugando sus cartas, utilizando a Ucrania como pretexto para destruir al ser humano. Estados Unidos interesado en armar a Ucrania para desgastar a Rusia y reposicionarse en Europa. Preocupa que no se hable de paz con la seriedad que debería hacerse ante el inminente riesgo de que, un día o una noche cualquiera, caiga un misil ruso en territorio de la OTAN o bien se compliquen tanto las cosas que Rusia detone no una, sino varias bombas atómicas tácticas, en territorio ucranio lo que sería devastador para la vida humana y para el medioambiente. La pregunta es, ¿dónde demonios están los casos azules de la ONU? ¿Por qué razón Guterres no propone enviarlos ipso facto a Ucrania?

@claudialunapale