El fin de la era Monreal

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Decía el Abuelo Chilo que las desgracias nunca llegan solas.  El último día de julio será una fecha que el Clan Monreal recordará por siempre.

La elección interna celebrada por el partido del presidente presume una votación de 2.5 millones de electores. Si le quitamos los conflictos que nos mostraron la televisión y las redes sociales, no creemos que la cifra alcance los 800 mil sufragios.  Con eso no se gana una elección ni siquiera en Veracruz, que hoy es dominio del Morenismo nacional.

Los hermanos Monreal perdieron la elección de ayer en Fresnillo. Perdieron también el resto del estado. El junior no acaba de crecer, aunque no tenga piernas de jinete. El gobernador, que logró serlo tras tres intentos, hoy no tiene las riendas de la entidad en sus manos. Su representante nacional, el sempiterno Ricardo, ha sido sustituido por nuevas caras y nuevos personajes que hoy juegan en el nuevo ajedrez nacional que se ha puesto a operar en el tablero de Palacio Nacional.

Para Zacatecas esta es una desgracia que se suma a las que se han arrastrado a lo largo de décadas, tal vez desde que en nuestra entidad se ganó la Revolución Mexicana en una cruenta batalla que consiguió el nuevo pacto federal, a costa de que,  durante 50 años hayamos vivido destruidos, sin que la federación volteara siquiera a ver a nuestros coterráneos, que terminaron por irse a vivir a los Estados Unidos (en Chicago, California viven más zacatecanos que en Zacatecas mismo) y por cambiar su residencia a la zona conurbana de la Ciudad de México: poblaron Ecatepec, Atizapán, Neza… todos los lugares donde los terrenos fueran baratos.

A Zacatecas parece habérsele acabado cualquier interlocución con el gobierno federal, con la tragedia que esto conlleva: Hemos entrado en una etapa de “ni los veo, ni los oigo” por parte del presidente de México, que no es proclive a seguir protegiendo y prohijando al clan Monreal. Esa división política nos ha quitado recursos, inversiones… hasta visitas del titular del Ejecutivo, que se da la vuelta en “U” cuando le hablan de Zacatecas.

Por su parte, Ricardo I está fuera de la jugada: no compitió en la elección y tampoco votó.  Era importante que perdiera su estado y su municipio, para facilitarle al gobierno federal la salida de este personaje de los puestos de decisión.  Desde luego que hubo línea para que esto ocurriera.

Empieza agosto y con él la caída en picada de la familia Monreal, un grupo que lideró la clase política que durante 30 años. Tres décadas durante las que explotaron y expropiaron para ellos todo tipo de puestos, pues nunca se dieron abasto los 14 hermanos para obtener prebendas que alcanzaran a pagar vidas y haciendas de tantos miembros orgullosos de portar el apellido o de tener vínculos legales y de consanguinidad: “Ser o parecer Monreal” era un título de nobleza. La familia ha llegado a la tercera generación, todos con  puestos y sueldos pagados por los contribuyentes. El viento ha empezado a soplarles en contra: hoy se ven despeinados, desencajados y descompuestos. Están perdiendo con rapidez lo que edificaron con muchos años de componendas y mañas.

El suplente del senador y chalán oficial, anunció que Morena debiera reconsiderar el aislamiento de su jefe y  re-admitirlo entre las selectas “corcholatas” para que el piso se ponga parejo, y no se parezca al de las calles de la colonial Zacatecas.

El líder de la JuCoPo está totalmente acotado. Todavía lo usan algunos de los programas de televisión y ciertos medios, con preguntas que tienden a confrontarlo con el presidente. Pero el orgullo de AMLO es gigantesco e irreversible. En unos días, Ricardo Monreal tendrá que entregar su puesto a alguien más: sea de Morena o de otro partido, para dirigir el Senado de la República, porque doña Olga no controla ni a sus nietos.

Apenas estos días hubo un evento deportivo en la capital de Zacatecas: el señor gobernador se atrevió a ser presentado en el recinto. Le chiflaron “hasta el infinito…y más allá” y eso que estamos en la “luna de miel” del primer año de gobierno.

Todo esto no es accidental. Hay estrategias orientadas a destruir a este clan. La violencia que nos inunda como nunca en Zacatecas, la ausencia de obras, un gabinete que no durará más de un semestre y que hubiera servido para atender a alguno de los municipios más modestos de la entidad, pero que no sirve para servir, gestionar o siquiera dar la cara a los ciudadanos, preocupados por el desorden y la ausencia de planes y respuestas. La Gobernanza está ausente.

El ambiente en el Senado de la República es muy difícil para Monreal en estos días. Es un hombre apestado por sus pares, a los que cortejó con millones de pesos, con nombramientos, con recomendaciones… sacaba hasta a presos de cárceles como la de Veracruz.  Hoy nada de esto le sirve para enfrentar lo que sigue.

En Zacatecas triunfó en los comicios internos de Morena, la encargada de repartir los denarios que manda la federación para los ancianos, los pobres y los niños. ¡No habría podido ser de otro modo!  Extrañamente, ella misma es parte del Clan Monreal, aunque su posición es disidente porque busca ser senadora de la República para sustituir al actual líder del Senado, hoy caído en desgracia.

Se dio el último domingo de julio el banderazo de salida hacia la carrera presidencial: fueron ubicados los cuadros que habrán de votar, los personajes que harán la campaña. La estructura tiene meses configurándose, a fin de que la maquinaria electoral esté aceitada y funcionando.  Quedó legitimada con el voto de una militancia sucia y corrupta que nada le pide al PRI en sus peores momentos.

En Zacatecas habrá un despertar. Cambiarán los comportamientos de alcaldes que no controlan a sus poblaciones, de diputados que tienen minoría y no pueden tomar decisiones. Ha comenzado el derrumbe de un castillo de naipes. Será un estado con liderazgos obsoletos y sin la gobernanza ofrecida. Viene una crisis política que se sumará al caos y la violencia en que estamos inmersos. Un difícil porvenir.