El reto de defender a la 4T

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Defender a López Obrador y a su 4T se ha convertido en una actividad de alto riesgo para quienes emprenden dicha tarea. Los encargados de hacerlo –sean a sueldo o por convicción propia– se enfrentan a un líder que improvisa día a día y que no repara en contradecir sus declaraciones o decisiones pasadas. La única constante es que deberán tragar sapos diariamente y sin hacer gestos, aún a costa de su credibilidad.

 

Defender contra todo

Elena Poniatowska dijo que las mañaneras son «un abuso del poder presidencial (por) obligar a los periodistas que vayan todas las madrugadas a hacer preguntas a modo», pero a los pocos días –luego de la polémica desatada–, se desdice y el presidente López Obrador da vuelta a la página diciendo que le manda un abrazo y que la quiere mucho.

La detención del exsecretario de Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, primero fue festejada como logró de la 4T, para luego pasar al enojo porque representaba una injerencia en contra de la soberanía nacional, pasando por la condena del militar ligándolo a la corrupción del sexenio pasado –como otro ejemplo más de esto–, para defender su exoneración a inicio de este 2021; esto muestra la manera en que los defensores pasan de la condena a la justificación a una velocidad increíble.

Eso sí, la DEA es presentada como una agencia que fabrica pruebas e investigaciones en este particular, pero que es confiable en el caso de Genaro García Luna.

Ya habíamos visto como muchos callaron ante lo dicho por López Obrador ante las protestas de mujeres por la violencia de género. Muchas usuarias de redes sociales que se autodefinían como feministas, callaron como momias ante la manera en que el presidente minimizó los actos en las calles, las pintas y la manera en que se expresó acerca del hartazgo por los feminicidios.

Era una primera señal de que los defensores lo eran del presidente, incluso a costa de su propia dignidad o coherencia, y no de las causas que las mujeres representan.

La lista no hace sino crecer al paso del tiempo, como veremos a continuación.

Carmen Aristegui era la periodista preferida por el sector que hoy simpatiza con López Obrador. Su material sobre la Casa Blanca del matrimonio Peña-Rivera el sexenio pasado, la colocó en el altar de la libertad de expresión que erigieron sus admiradores… hasta que comenzó a criticar al actual presidente, por lo que empezaron los ataques con la etiqueta #AristeguiTraidora y otros similares que evidencian lo cambiante que son este tipo de personas.

Otro ejemplo lo tenemos en Anabel Hernández. Alabada por sus denuncias de los actos de corrupción durante el sexenio de Felipe Calderón, se recurría a sus textos en cada ocasión que se quería marcar la diferencia entre el gobierno que inició funciones en 2018 y el del pasado, pero cuando señala que López Obrador incurrió en errores, como la exoneración de Cienfuegos, pasa a ser parte de los odiados críticos que buscan torpedear al lopezobradorismo.

La revista Proceso también ejemplifica esta volubilidad en cuanto a opiniones. Cuando ha publicado en portada temas que evidencian lo negativo de la administración del exjefe de gobierno de la capital y líder de Morena, de inmediato sus defensores alegan que se trata de un medio que perdió privilegios, que María Scherer –hija del fundador del semanario– influye por su matrimonio con Juan Ignacio Zavala –cuñado de Felipe Calderón– y que ha traicionado el legado de su padre; pero cuando dicha publicación da a conocer algo negativo de algún gobernante de la oposición o de un liderazgo contrario al inquilino de Palacio Nacional, de inmediato vuelve a ser un referente del periodismo y se utiliza para dejar en claro aquello que se repite múltiples veces en la mañanera: “no somos iguales”.

Esto muestra algo que ya se ha vuelto parte del anecdotario nacional, la manera en cómo la crítica hacia el titular del ejecutivo federal deja de ser parte de los contrapesos para quedar en una feria de contradicciones entre los que dicen defender al lopezobradorismo.

Si alguna actividad es complicada, esa es –sin duda– la defensa del proyecto que dice representar la 4T. Cual veletas en un huracán, los defensores tratan de captar las siempre cambiantes señales, sin importar que vayan en sentido contrario a lo dicho unos minutos antes, porque así es esto, hay que defender lo que se dijo o decidió a pesar de que la contradicción sea la constante y se tenga que tragar sapos al por mayor.

En esta feria de declaraciones, publicaciones, imágenes y eventos, los defensores del presidente tratan de seguirle el paso a quien ha hecho de la improvisación su estilo de gobernar, alabando una decisión que será modificada poco tiempo después, a la cual hay que volver a defender olvidando que minutos antes habían dicho lo opuesto.

El problema es tratar de sostener que el presidente no se equivoca y no permitir que alguien más haga evidentes sus errores e irregularidades, es decir, la humildad quedó excluida de la 4T.

@AReyesVigueras