¿Qué ha pasado en Rusia?

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Los propios corresponsales extranjeros en Rusia no tienen la certeza de qué pasó hace unos días en el país de Putin:  para Antón Troianovski, corresponsal del New York Times, lo acontecido es fruto de las ambiciones y del enorme poder militar amasado por Prigozhin con Wagner y las pugnas groseras y abiertas de él con el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú y  Valeri Guerásimov, jefe del Estado Mayor, por ver quién controlaba la logística de la invasión en Ucrania y la apropiación de los territorios. Troianovski aclara que no tiene la suficiente información para definir si fue una rebelión real o un autogolpe orquestado por Putin.

Los últimos acontecimientos en Rusia no dejan a nadie indiferentes y hay que ser prudentes a la hora de analizarlos, me dijo Raúl González, coronel del ministerio de Defensa de España.

El experto miembro de IDITESDE, un think tank, especializado en temas militares recordó que Prigozhin era un ala radical alrededor de Putin que representaba una serie de intereses ultranacionalistas muchos de ellos militares y oligarcas que llevaban tiempo pidiendo mayor contundencia en la invasión de Ucrania.

¿Autogolpe orquestado por el propio Putin para sacudirse a Prigozhin y de paso purgar a los militares que llevan tiempo criticándolo y urdiendo contra él? En la opinión de Lucas Martín, analista y estratega militar, que ha realizado diversas misiones con la OTAN todo apunta hacia ese camino.

“Analizando dicha maniobra es un autogolpe para quitarse de circulación a gente que tal vez estaba ganando demasiado apoyo en el Kremlin o en la misma Duma; y de esa forma acusarlos del desastre de Ucrania”, me dijo al respecto.

Estados Unidos esperaba que con las sanciones contra Rusia y sus oligarcas, aunado al apoyo militar y económico a favor de Ucrania, tarde o temprano, salieran a la luz las grietas alrededor del poder omnímodo de un Putin con mentalidad imperialista.

Desde el Pentágono aventuraban que parte de la cúpula de Putin, harta de la guerra y de sus consecuencias, diesen un golpe de Estado o inclusive que los propios rusos se echasen a la calle para desmantelar la autocracia que tienen encima.

Incluso, en la prensa norteamericana, llevaban meses especulando  con la posibilidad de que Putin fuese traicionado y asesinado. Lo que a todos sorprendió es que se utilizase a Prigozhin, cabeza de Wagner, señalado por su animadversión contra el titular de Defensa  a quien llegó a responsabilizar de la falta de suministros bélicos durante la toma de Bajmut.

La resistencia este invierno de las valientes tropas  ucranias en  Bajmut ha sido un punto de inflexión:  se  ha convertido en una de las batallas más largas desde que inició la invasión y ha sucedido en una ciudad de 41.6 kilómetros cuadrados que antes de la guerra tenía casi 78 mil habitantes y que se convirtió en un territorio necesario para dominar por parte de los rusos por encontrarse en el Donbás y también por sus características industriales al ser además una de las ciudades principales productoras de vino espumoso de toda Europa del Este.

Después de la fallida toma de Kiev, recién iniciada la invasión, las voces de estrategas militares muchos miembros de la OTAN, mostraron su asombro por todos los problemas logísticos, armamentísticos y en las cadenas de mando en el ejército ruso. Siendo uno de los ejércitos vencedores en la Segunda Guerra Mundial y después, temido tras adquirir la tecnología de la bomba nuclear, hablar de las tropas rusas significaba hacerlo de uno  de los ejércitos más poderosos del mundo.

La invasión dejó expuestas todas sus debilidades. Hace algunos días, Anthony Blinken, secretario de Estado de Estados Unidos, hacía mofa pública de los errores del Kremlin para dirigir a sus tropas y llegó a subrayar su capacidad para fracasar.

Tanto González, como Martín, llevan tiempo reiterando que alrededor de Putin hay dos facciones con tensiones internas respecto de la invasión:  un ala más dura que  quiere a un Putin más contundente capaz de activar el botón.

 

A COLACIÓN

Lukashenko, declaró a la prensa de su país que Prigozhin ya se encuentra en territorio bielorrusio y confirmó que  acogerá a  cientos de sus paramilitares del disuelto Grupo Wagner. Lukashenko ha revelado que Bielorrusa  construirá unas instalaciones con fines militares para albergarlos.

Por su parte en Rusia, circulan rumores sobre la detención de Sergei Surovikin, comandante de las fuerzas rusas en Ucrania y que, al parecer estaba enterado de las maniobras de Prigozhin.

De acuerdo con el New York Times citando a fuentes del Ministerio de Defensa de Rusia, Surovikin estaría bajo arresto tras la sospecha del Kremlin de mostrarse contrario a los planes estratégicos de Putin sobre la invasión de Ucrania y brindar su apoyo al líder de Wagner.

A su vez, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, declaró a la prensa de su país, que esperaba “mucha especulación en torno a estos eventos” y pidió a los periodistas que escribieran al ministerio de Defensa para solicitar información al respecto de la situación del general Surovikin.  Aquí está claro que la figura de Putin no está debilitada sino todo lo contrario saldrá más fortalecida con acontecido en su país.

@claudialunapale