Cuidado

0
222

Estamos transitando, y no lo hemos medido, por un terreno muy fangoso y extremadamente delicado. Poco a poco se está socavando a la ley y a la procuración de la justicia. El presidente no sólo ha tomado decisiones de inversiones y seguridad nacional en asambleas callejeras, incluso pretende llegar al juicio a expresidentes mediante una evaluación de levantadedos en alamedas y plazas públicas. A los abogados ya los etiquetó “traidores a la Patria” y al poder judicial lo cuestionó por no favorecer las reformas que a él, no al país, le interesan, como la eléctrica.

Saltándose todos los protocolos y reglamentaciones, años atrás al grito de fraude se determinó como “presidente legítimo” y optó por cerrar Paseo de la Reforma porque “ni un solo cristal se rompió”. Su activismo se fortaleció luego del secuestro (lo que corresponde a un delito) de instalaciones federales de petróleo. Pero ahora ya le quedan chicas las consultas populares, ha anticipado que si las instituciones se oponen a sus caprichos modificará la Constitución y pregunto, que sigue después a la imposición: ¿el garrote, el autoritarismo, la ausencia de garantías constitucionales? Por ello también estoy en desacuerdo con que la reciente manifestación civil colectiva en el Monumento a la Revolución, en reclamo a las políticas del gobierno haya terminado en un supuesto atril de ministerio público en donde las aglomeraciones gritaban culpable y dictaban sentencia.

Ni de un lado, ni del otro. Tenemos códigos, parámetros, líneas y reglamentaciones que nos permiten vivir en sociedad, con convivencia y concordia. La Constitución no debe ser letra muerta o un panfleto a modificar toda vez que ingresan nuevos gobernantes o legisladores. Sin leyes estamos perdidos, sujetos a abusos y corrupción. Los abogados son garantes de estabilidad ante el cumplimiento de las leyes vigentes. Su tarea es fundamental incluso superior a la ignorancia de muchos legisladores que únicamente facilitan la aprobación de iniciativas a conveniencia personal.

Repito, es muy peligroso que cualquier persona aplique la ley que le convenga, así sea el presidente. Es de alto riesgo la soberbia de cambiar preceptos constitucionales si no reciben el aplauso unánime de todos. La democracia por ello reclama en sano ejercicio un equilibrio de poderes y de partidos políticos. El mayoriteo lleva finalmente a una anarquía y más aún cuando muchos políticos saltan de un partido a otro respondiendo a sus promociones en la burocracia. Los tiempos aquellos donde el presidente preguntaba la hora y sus sirvientes le respondían “la que usted diga señor” parecían ya superados. Por ello las elecciones de este año son importantes, porque ahí vamos a determinar el fortalecimiento de instituciones que nos respalden o su desaparición para quedar como inválidos sociales a Merced de ocurrencias populistas e ideas reeleccionistas.

Conductor del programa Va En Serio, mexiquense tv canal 34.2