Para creerles

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En alguna ocasión entrevisté al entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard. Me confesó “al aire” que en la regencia de Manuel Camacho Solís su principal problema eran las manifestaciones y plantones de los radicales de izquierda, fundamentalmente la coordinadora de maestros y todos aquellos afiliados al PRD que como izquierda contestataria pretendían hacer creer que sus movimientos eran necesarios y democráticos.

De ese lado, el de los amarillos, en varias ocasiones señalaron “manifestación que no hace daño no sirvió”. Gran parte de las tareas políticas de Camacho y Ebrard era conciliar con los grupos de oposición, buscar el diálogo y el no enfrentamiento y quien más los protegía, entendía y favorecía en esas tareas era su amigo Carlos Salinas de Gortari, entonces presidente de México y quien antes de tomar posición del cargo Informó a Camacho que el no sería el secretario de gobernación que mejor le encargaba a la Ciudad de México muy revuelta, muy insatisfecha, enojada y participativa hacia el movimiento que habían construido Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo.

Salinas había decidido que el hombre en gobernación sería Don Fernando Gutiérrez Barrios quien solicitó licencia al cargo de gobernador de Veracruz para cumplir las instrucciones del mandatario. A Camacho y a Ebrard les tocaron entre otros temas, pacificar a la Ciudad de México, negociar las condiciones óptimas para evitar enfrentamientos con los damnificados del sismo de 1985 y después iniciar la negociación pacificadora en Chiapas con el EZLN pero desde ahí empezaron la construcción el andamiaje político necesario para debilitar la candidatura presidencial de Luis Donaldo Colosio.

En pocas palabras para Salinas había solo unos cuantos funcionarios incondicionales y leales a sus instrucciones, Córdoba Montoya, Patricio Chirinos y Manuel Camacho Solís. De Camacho, su brazo derecho, su operador, su cómplice Marcelo Ebrard con quien intentó incluso formar un partido político que fracasó rotundamente.

AMLO a decir de ellos era uno de sus principales dolores de cabeza, incluso el tabasqueño intento frustrar una ceremonia de grito de Independencia con sus “barrenderos de Tabasco” en pleno zócalo. Esos eran los sujetos que manejaban los hilos detrás del poder de Salinas de Gortari. Un Camacho que viajó a Europa para entrevistarse con dirigentes de la social democracia, para buscar aliados en el congreso de Estados Unidos para convencer de la limpieza con que triunfo Salinas.

Reconocerían los avances del Frente Democrático Nacional (Cárdenas) pero nunca dejarían que la izquierda tomara el poder. Camacho y Ebrard negociaron con Felipe González, con Aznar en España, buscaron recomponer al PRI, salvar al sistema, enmendar errores y todo para buscar el beneplácito de Salinas y llevar a Palacio Nacional como presidente a Camacho Solís.

Es decir, no sólo eran salinistas, tenían tatuado el emblema del PRI y sus principios. Hoy Camacho está muerto y Ebrard giró su rumbo para incorporarse a aquellos que la causaban dolores de cabeza en el Distrito Federal. Camacho escribiría “ en 1989, la Ciudad estuvo muy agitada.

Llegamos a tener, en un día, 36 protestas y manifestaciones distintas en el zócalo”. De negociador con la izquierda reventadora hoy Ebrard es parte del gabinete de quien procuraba desestabilizar al sistema: AMLO, pero más allá, después de formar parte del equipo cercano del tabasqueño en la CDMX cuando López Obrador fue Jefe de Gobierno y Ebrard cuando responsable de la seguridad pública se vino el lamentable caso de los linchamientos en Tláhuac en donde Marcelo justificó que no llegó al sitio por la “orografía” y fue despedido por el propio presidente de la Republica y rescatado por AMLO para incorporarlo otra vez a su gabinete y buscar la catapulta que lo llevará a sustituir a AMLO en la capital.

Ahí se estaban amarrando las alianzas no en beneficio del país, sino en cubrir los intereses de grupo que estaban muy lastimados por las sospechas de mal manejo financiero en la construcción de los seguros dos niveles de periférico y de la Línea 12 del Metro. Pero ahora la pregunta es, con estos antecedentes de políticos congruentes, defensores del sistema, del PRI, de Salinas, hombres de una sola pieza, leales, serviles, devotos, congruentes, idealistas, convencidos, luchadores, ideólogos, operadores y activistas, ¿cómo es que podemos creer que estén en el bando opositor, el de los enemigos políticos, los que intentaron destruir la estructura política, aquellos que destrozaron a Bartlett por qué se le cayó el sistema, los bloqueadores de carreteras, los paristas universitarios, quienes herían con picahielo los cuartos traseros de los caballos de los granaderos, aquellos que gritaban loas al encapuchado Marcos?

Como confiar en un político que se inspiraba para componer el himno del Pri en Tabasco y ahora después de haber transitado en varios partidos acusa a todos de saboteadores, corruptos, mafia, conservadores, fifis, neoliberales? Dónde encontramos la congruencia, la ética, los escrúpulos y el servicio a la nación?.

Conductor del programa Va En Serio mexiquense tv canal 34.2