Cementerio

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Bien dicen por ahí que cada quien construye o destruye su destino. Y amlo está en eso. Le ha bastado menos de tres años para desgastar su imagen, debilitar la confianza en él y multiplicar las crecientes sospechas de su ineficiencia.

El presidente se ha rodeado de gente carente sin escrúpulos y con serios antecedentes de irregularidades, ahí para empezar, se viene a pique su discurso de la moral y más cuando ya están comprometidos en temas de dinero hasta su propia familia.

La Línea 12 del Metro, Marcelo Ebrard, Mario Delgado y Claudia Sheinbaum han abierto una fosa al tabasqueño que se niega a ver y a aceptar. Los tres personajes, hoy lastre para la 4aT no pueden escapar a su responsabilidad política, civil e incluso legal. Lo ocurrido en la tragedia del Metro ni fue un evento fortuito ni un “incidente” como lo calificó la jefa de gobierno.

Esto fue un acto de omisión, de negligencia, de irresponsabilidad y de corrupción, en pocas palabras de desdén y menosprecio a su trabajo y a la vida de los ciudadanos. Pero vemos que amlo no es capaz ni siquiera de asomarse a la zona de la tragedia y no es para evitar la fotografía, “al carajo” sino que sabe bien que no tendría un sólo argumento para defender a Sheinbaum, a Serranía y a él mismo que estaría expuesto a recibir en verdad al “pueblo sabio” enfurecido por tanta muerte junto a tanta mentira.

Pero antes de ignorar a los fallecidos, amlo abrió el mismo su sepultura política con la cancelación caprichosa del aeropuerto de Texcoco. Esta decisión será el sello evidente con que se recordará su precaria gestión. Acusando corrupción que nunca ha comprobado canceló la oportunidad de operar un aeropuerto hasta con siete pistas. Una consulta callejera fue la que determinó el valor presidencial para dar la orden, una consulta falsa como siempre. El Proyecto más ambicioso de Foster fue trastocado para ofrecer un plan ridículo al Teniente González que hasta el momento solo tiene una mala copia de hangar y una pista que usaba la Fuerza Aérea ya en se nos engaño con una supuesta inauguración haciendo creer qué hay avances sustantivos gracias a los soldados albañiles. Hace seis meses el aeropuerto internacional de Texcoco tendría que estar ya funcionando por lo menos con tres pistas y compitiendo con los mejores del mundo.

No fue gratuito el que aún cancelado se le haya otorgado un premio internacional en arquitectura. 331 mil millones de pesos nos costó a los mexicanos la cancelación de Texcoco. Si leyó bien 331 mil millones de pesos. ¿Saben lo que significa esa cantidad para la educación, para la investigación, digamos para el mantenimiento del Metro?

Pensando en unas súper universidades podríamos construir más de 82 con un costo de 4 mil millones de pesos cada una y qué decir de centros de salud para superar por nosotros mismos la pandemia.

Texcoco cerró porque amlo no podría soportar que Peña Nieto, su enemigo mediático, fuera recordado como el precursor de un importantísimo cambio comercial y turístico para México. Hoy hay desconfianza de inversionistas, hay muertes, hay crisis y amlo además de desdeñar a las víctimas protege a los corruptos que se dieron a la tarea, como en el Metro, de acelerar criminalmente las obras para condecorarse con ridículas inauguraciones. Hasta hoy no has sanciones legales para los responsables.

Por ello, la sepultura de amlo está hecha por el mismo presidente y cuanto más tarde en aplicar sus mentadas promesas morales y legales, más hondo será el hoyo de la historia para él que pagará, acuérdese de mi con las traiciones de los personajes que hoy defiende. Total, así se ha comportado el tabasqueño con toda aquella agrupación que en el reciente pasado le creyó para promoverlo a la candidatura presidencial y al perder en las urnas les dio la espalda hasta formar su propio partido que co o el se ha auto calificado “rayito de esperanza” engaña anunciando que Morena es la esperanza de México. Falta saber quien de los suyos escribirá su epitafio.

Conductor del programa VaEnSerio, MexiquenseTV canal 34.2