Buenos vecinos

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Jesús Romero-Trillo

En las últimas semanas he observado que cada vez hay más ancianos que salen a pasear, en muchos casos acompañados por sus familiares. Todos sabemos que los ancianos han sido los mayores afectados durante la pandemia, especialmente los que vivían en residencias. Según las cifras facilitadas por el Gobierno de España, entre marzo de 2020 y enero de 2021 fallecieron 29.408 ancianos en residencias a causa del Covid-19.

La Premio Nobel de Literatura Doris Lessing publicó en 1984 la novela “Diario de una buena vecina” donde narra la relación de amistad entre dos mujeres de clases sociales y edades diferentes. La protagonista, Janna, es una mujer madura y viuda que tiene una carrera profesional de éxito y se caracteriza por tener poca empatía hacia los problemas de los demás. Janna conoce por casualidad a Maudie, una anciana de trato difícil que vive sola y en condiciones precarias. Maudie vive sin agua caliente ni calefacción y, aunque ha trabajado toda su vida, se encuentra sola. A Maudie le ocurre lo mismo que a muchas personas ancianas: de joven ha sido dueña de su vida y de mayor se niega a ingresar en un asilo para que cuiden de ella. El libro relata magistralmente cómo crece la amistad entre ambas mujeres y cómo esta amistad les cambia la vida.

EUROSTAT (datos de marzo 2021) prevé que en 2050 el 32,7% de los ciudadanos en España tengan más de 65 años, lo que superará la media de la Unión Europea que se calcula será un 29,5%. Ante esta situación, y tras los dramáticos efectos de la pandemia, es necesario repensar urgentemente el papel de los ancianos en la sociedad. Creo que hay que descartar el concepto de “asistencia” y reemplazarlo por el de “compañía”. Los ancianos deben ser ayudados a permanecer en sus casas y a no ser “asistidos” en instituciones anónimas. Los ancianos, como todos, necesitan relacionarse con su entorno habitual. Extirpar al anciano de su contexto vital hace que pierdan los lazos afectivos con su mundo y se vean obligados a convivir con personas desconocidas en un ambiente sin familia y donde todas las relaciones sociales que mantienen son con personas de su generación. Creo que nadie desearía vivir de este modo pudiendo tener la alternativa de vivir en la propia casa, con la ayuda que sea necesaria y rodeado de sus vecinos de siempre. Además, y aunque se haya terminado la amenaza de la pandemia, persiste el virus de la soledad que es el más contagioso y letal.

Hay muchas Maudies en nuestras ciudades. Las podemos ver paseando por la calle, a veces con su perro, y frecuentemente entablando conversación con los vecinos. La ONU ha declarado la década del envejecimiento saludable de 2021 a 2030. También, el Papa Francisco, un anciano, ha declarado el próximo 25 de julio la Primera Jornada Mundial de los abuelos y las personas mayores con el lema: “yo estoy contigo todos los días”. Es urgente crear redes de apoyo vecinales que conozcan y contacten cotidianamente con los ancianos que viven solos en nuestros barrios. Podemos empezar por los de nuestro edificio, están cerca de nosotros todos los días.

Catedrático de Filología Inglesa en la UAM

Publicado originalmente en elimparcial.es