Softpower y diplomacia de las vacunas

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En los últimos meses ha cambiado y para bien, el posicionamiento de la Casa Blanca hacia el multilateralismo y el respeto de los organismos internacionales, Trump como presidente en plena pandemia se confrontó directamente con la OMS y su director, Tedros Adhanom, con fuertes señalamientos de encubrir a China en el tema del virus y de ser su alcahuete.

La decisión de retirar los fondos norteamericanos al organismo y después anunciar que Estados Unidos lo abandonaría fue aprovechada por otros actores internacionales.

Ahora bien, con Joe Biden las tornas han cambiado: los analistas internacionales hablan de un softpower,  con Washington más implicado en el ritmo de vacunación  mundial a tal punto que anuncia la cesión de 500 millones de vacunas para los países menos desarrollados.

La Unión Americana está buscando recuperar el terreno perdido desde hace años frente a China, tanto en América Latina, como en África y en otros territorios y la vacuna le proporciona ese cambio de estilo de pasar de la política del abandono y la agresión a  la cara de la solidaridad.

Estados Unidos, de acuerdo con el documento “Geopolítica de la salud” elaborado por el Barcelona Centre of International Affairs (CIDOB)  es uno de los mayores productores de vacunas antiCovid pero sus exportaciones son  minúsculas: de sus 333 millones de vacunas producidas hasta mayo de 2021, tan solo un 3% se había enviado fuera de sus fronteras (a México y a Canadá, principalmente). En contraste,  hasta el mes de mayo, de los 597 millones de vacunas producidas por China, 242 millones (el 42%) habían salido de sus fronteras y de los 319 millones de la UE, se exportaron –o cedieron– 111 millones (el 35%).

“Al principio, mientras que Estados Unidos se preocupaba solo por vacunar a su población, Rusia y sobre todo China las suministraban a cambio de concesiones favorables a sus políticas e intereses. Estas potencias aprovechaban la vacuna para llenar el vacío dejado por Washington y responder a un sentimiento de abandono presente en muchos países en desarrollo”,  según el texto elaborado.

El Ministerio de Exteriores chino se ha comprometido a suministrar (gratis o a bajo coste) vacunas a más de 80 países que no puedan acceder al mercado de las vacunas desarrolladas en Europa o  la Unión Americana. También ha otorgado licencia de producción de su vacuna Sinovac a cinco países: Turquía, Brasil, Malasia, Egipto e Indonesia, donde la farmacéutica BioFarma aspira a alcanzar los 154 millones de dosis producidas a finales de 2021.

Según explica, Pol Morillas, director de CIDOB, en algún caso se ha empleado explícitamente la vacuna como mecanismo de presión diplomática, como en Paraguay, conminándole a que retirase su reconocimiento a Taiwán. También en clave de proyección global, mediante la Ruta de la Seda Sanitaria que vincula la participación en el macroproyecto Belt and Road con la entrega de viales, reforzando así la dimensión geopolítica de su acción exterior en el ámbito sanitario.

 

A COLACIÓN

A su vez, Moscú ha vendido hasta la fecha, 16.3 millones de dosis a unos 45 países, cuya lista de espera es muy larga mientras que su población se rehúsa a vacunarse: solo 12 millones de sus habitantes han aceptado ponerse la Sputnik V.

Luego está el contexto de América Latina, la conclusión de CIDOB, es que tanto Rusia como China han mostrado una mayor disposición y rapidez para entregar sus dosis y se han convertido en los grandes proveedores de la región; un total de 14 países  están inoculando con vacunas chinas y otros nueve países con dosis rusas, dentro del espectro latino.

El dossier analiza que no es fortuito que Chile y Perú, los principales productores de cobre a nivel mundial, estén vacunando mayoritariamente con vacunas chinas. Tampoco que Brasil haya comprado Sinovac al mismo tiempo que negocia con Huawei la construcción de la red inalámbrica 5G. O que Argentina haya acordado la compra de vacunas a Rusia mientras se ratificaba el protocolo de cooperación espacial entre ambos países.

En esta reciente geopolítica de la salud, Moscú está jugando un papel clave en América Latina acercándose a Venezuela y a Bolivia países con los que busca acuerdos energéticos. Además ha dado un salto cualitativo gracias a Sputnik V en sus relaciones con Brasil, Argentina y México.

A través de esta diplomacia de las vacunas, China y Rusia disputan la influencia histórica de Estados Unidos en América Latina y el Caribe; la pandemia sirve de pretexto para abrir nuevos frentes y horizontes.

@claudialunapale