Aburrimiento

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Jesús Romero-Trillo

Llegado este verano tan deseado surge a veces la pregunta de cómo combatir el aburrimiento, pues una de las mayores adicciones de nuestra época es la de llenar la vida con distracciones que nos impiden disfrutar del “dolce far niente”. El aburrimiento tiene en nuestra sociedad una connotación negativa que se remedia no solo con una sobredosis de series, videojuegos o búsquedas frenéticas en la web, sino que muchas veces se combate utilizando a los demás. Un ejemplo de este fenómeno es cuando tras acabar de comprobar todas nuestras redes sociales enviamos mensajes preguntando a los conocidos “¿qué haces?” o “¿cómo estás? Entonces, tratamos a los demás como “objetos de entretenimiento”.

Heidegger decía que el aburrimiento nos permite sintonizar con la naturaleza de nuestra existencia y nos ayuda a escuchar lo que ésta nos tiene que decir. No respetar el aburrimiento del otro es una intromisión en su privacidad, y no soportar el aburrimiento propio es un síntoma de activismo incontrolado.

Vivimos en la era del activismo buscando desesperadamente algo que hacer. Una de las consecuencias del activismo es el síndrome del “cruzadismo”, que suele aparecer en vacaciones y que siempre encuentra nuevas causas que defender. Lo cierto es que los “cruzadistas profesionales” suelen ir encadenando una causa tras otra y suelen aprovechar el descanso de los demás para promocionar sus iniciativas. En muchos casos, pasado el verano, la causa se desvanece o se desconoce su impacto.

La distracción es la enemiga de la creatividad, aunque la creatividad es una batalla que pocos se aventuran a librar. En general, el artista nunca está satisfecho con su obra porque cree que siempre se puede mejorar. Crear una obra de arte, sea esta musical, pictórica, narrativa o de cualquier otra índole, es afrontar el abismo de tener la nada por delante y empezar a llenar el folio, la partitura o el lienzo con las propias ideas. No en vano, los grandes artistas son los que han perseverado en su intención, independientemente del aplauso o la crítica del público.

En este primer verano de la “nueva normalidad”, apaguemos los móviles, disfrutemos del aburrimiento y seamos creativos. Pero, sobre todo, dejemos que los demás se aburran y sean creativos, si quieren.

Feliz verano.

Catedrático de Filología Inglesa en la UAM

Publicado originalmente en elimparcial.es