Muerte en dos llantas

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Este fin de semana fue lamentable por un evento que se dio en la carretera CDMX/Cuernavaca. No puedo  afirmar que se trató de un accidente, pero si una tragedia. El permitir que grupos de motociclistas tomen las carreteras del país como pistas de velocidad, que circulen rebasando carros (serpenteando), tomando como suyo el espacio de acotamiento son actos temerarios, de franca irresponsabilidad y que saben, son conscientes que están no solo violando las disposiciones y reglamentos vigentes, sino que ponen en serio riesgo la vida de terceras personas, digamos que son homicidas en potencia, crimínales autorizados.

He escrito en otras ocasiones la agresividad con que se conducen los motociclistas en la CDMX. Usan sus vehículos como armas y no están dispuestos a que alguien les llame la atención por su comportamiento porque se convierten en los  más salvajes, iracundos y agresivos seres contra los demás.

Y enfatizo sobre los que desde muy temprano los fines de semana usan periférico sur como pista de carreras, hasta los repartidores de todos tipo de mercancía que por llegar rápido se pasan la luz roja, se suben a las banquetes y circulan en sentido contrario.

Permanentemente he denunciado lo que ocurre desde Xochimilco hasta San Jerónimo todos los fines de semana con las motos y no se soluciona nada en absoluto.

Oficialmente se reconoce la muerte de ocho motociclistas muy cerca de Tres Marías, pero no son los únicos, primeros o últimos en ese tramo. Incluso debo decirle que otros motociclistas trasladándose de Cuernavaca a la CDMX, siendo testigos del fallecimiento de sus colegas, aceleraban sus motos como si nada hubiesen visto.

Casi siempre se presentan en grupos “convoys” y festejan sus arbitrariedades tomando la carretera México/Acapulco como suya por aquello que llaman “Acamoto”.

Pude ser testigo, meses atrás, que en una gasolinería cerca de Chilpancingo un motociclista a otro le cuestionó: “a qué hora me rebasaste, no te vi y eso que venía a 200”. Por supuesto ambos conductores en la parte de atrás de la moto presumían a una mujer.

Hoy sería falso aquel que intente defender a los motociclistas del evento en la carretera de Cuernavaca argumentando que no necesariamente ellos tuvieron la culpa. Les contaré algo, algunos kilómetros a distancia, pasando la caseta de peaje hacia la CDMX mientras en Tres Marías estaban levantando los cadáveres, dos motociclistas a alta velocidad se cambiaban de carril cuando de pronto uno no pudo controlar su moto, se impactó en el muro de contención, derrapó la moto y por suerte no se cayó. De haber sido así, por la velocidad, hubiera salido disparado, rodando en el pavimento y terminando atropellado bajo algún carro en circulación. Repito, este sujeto pasó por el sitio donde mutilados estaban tirados varios cuerpos y no le importó ni su vida ni la de los demás.

Debo ser claro, las patrullas de la Guardia Nacional, apostadas en la carretera sólo están para extorsionar a los conductores que rebasan los 140 k/h. A los motociclistas los dejan, no los detienen, les temen. “Somos los mismos, jefe” dice el patrullero mientras extiende la mano para recibir algún billete.

“Abra la puerta de la unidad para que constate que son las patrullas de la policía federal hoy pintadas de Guardia Nacional. La multa es de cinco mil pesos, puedo encontrar la forma de dejársela en 700 o usted diga cómo nos arreglamos”, señala el oficial a unos metros de la casilla de peaje “tomada” por encapuchados, obligando a una cuota a los conductores de todo tipo de vehículo, “porque es para Ayotzinapa”.

Ocho muertes en dos llantas y pudieron ser más, y serán más porque en este país nadie pone orden y quien así debe hacerlo se dedica a intentar cambiar la historia de hace 500 años o los uniformados que en lugar de aprehender a los delincuentes y violadores de la ley, cobran su “derecho de paso”.

He leído varios mensajes en las redes sociales sobre la muerte de los motociclistas y afirman “no me da gusto, pero se lo merecen”.

Conductor del programa VaEnSerio MexiquenseTV canal 34.2