Juan Arabia y su desalojo de la naturaleza

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Miguel Ángel Gómez

La Belleza está dando vueltas. La gran locomotora − como una tormenta feroz – a veces, sin previo aviso, un escalofrío me hace experimentar una conversión – los pedazos de cualquier cosa tienen la sensación de estar a punto de morir. No intenta hacer lo que se le ordena exactamente – la amante se detiene al pie de la escalinata – la chaqueta de lana, sorda, se queda sin bailar – Todos bailan – a través de su espejo miro su Belleza, no dirá no volveré más− nuestros pasos se precipitan a la misma salida – un colibrí en la bauhinia se atreve a pensar que tiene suerte de que no le hayan clavado un cuchillo − hay pueblos − divididos, ideas puras − Busco la Belleza del colibrí, voluntariamente, haciendo lo que me viene en gana – es muy emocionante buscar, dirigirnos a las cosas sencillas –

Digámoslo a las claras, con el poeta Juan Arabia (Buenos Aires, 1983) encontramos el símbolo, el sentido. Lo salvaje se descompone y se transforma en medusa o pez espada o colibrí. En los caminos de arena piensa en el colibrí, se fía del COLIBRÍ MAREADO que se comporta como gente civilizada – el colibrí parece muy brillante, es envidiable. Le estremece recordarlo, como dice Proust “no trae cólera o crueldad”. De vuelta a los Bosques Silenciosos en plena noche tiene reacción al terror −Imperante – Nadie puede hacerle añicos ni siquiera los violines dobro que caminan – rápido hacia el oeste – La racionalidad está inmaculada y representa el sacrificio. Sí, cada día el estornudo no tiene el bello don de la emoción directa – “Néctar, Licor, Hachís: como el origen / del fuego. En América las flores / alimentan legiones. Brota el alga / del renacuajo, el grillo sacude Banderas”.

Arabia usa tijeras herrumbrosas en la calle de los guías para llevarnos a una poesía iluminada por la lámpara azul y alejado de las modas − con sábana de brillantina – Rechaza la adoración. Junto a él, a su lado, ausente, frotándose una picadura de mosquito en el antebrazo derecho, va Rimbaud. Los libros de poesía pueden decir como Allen: “Los cuerpos tibios / brillan juntos / en la oscuridad, / la mano se mueve / hacia el centro de la cara, / la piel tiembla / de felicidad / y el alma viene / feliz al ojo”. Los versos no pueden permanecer en silencio durante muchas horas seguidas. No ser rutinario tiene sus ventajas, la aventura le lleva a un terreno completamente distinto. El desalojo de la naturaleza (Buenos Aires Poetry) nos hace ver en una noche neblinosa. Podemos apreciar forajidos sinceros que quieren creer, revoluciones que entran impunemente en el mundo del psicoanálisis.

Oh barca con necesidades oscuras y necesidades vitales – El bote quiere salir volando por una tangente que lleve el ancla a la eternidad. Hermosas hojas cuentan más cosas sin microscopio. Las rosas de los juncos asumen el papel de protagonistas − La garganta nueva con momentos de soledad. Luego las sabandijas tienen cerrados todos los armarios, cuentan los terrones de azúcar que toma – En los poemas está el espíritu guardián de la Mente que sale para dar un paseo matutino en el momento en que asoma la luna. En “Hart Crane cae de un barco” sabe mirar el joven poeta argentino, explorar avenidas de ladrillo del pasado: “Tus delicados jinetes en la tormenta / vienen por vos, como vendrá por nosotros, / y ustedes, aquellos extraños”. Solo Arabia es capaz de expresar con “poderosas puertas espirituales” al hombre y su naturaleza. Sabe viajar, sabe quedarse en las ciudades, delante de ellas, examinándolas como quien examina un billete que cree que es falso.

Aquí está sentado viendo la Belleza del Bosque con Crecimiento − en este nada irritable atardecer − sin álamos talados. La peregrinación solitaria crea obras maestras. Puede enfrentarse a todos y desafiar su poder. El abedul saborea, amplía, desarrolla. Los enemigos de la escritura ¿son verdaderos poetas? Sus páginas no huelen a humo viciado ni a bebidas enrejadas, sus libros (como The Bund cuando dice: “Volarán alto estas canciones / de una máscara harán un artificio más pobre, reduciendo las cenizas de su experiencia”) no se convierten en una huella de costumbrismo. Su munición no está harta de vagar por ahí. Un granjero quema una hoja seca momentáneamente inmóvil −Arde y el granjero parece extra de un film. El fuego llega tras un segundo de oscuridad, qué mal se ha pasado hasta ese instante. Quemar la inspiración como el granjero que cuenta con distintas puertas − para entrar y salir – Una condición: “Todos bárbaros y todos malvados / Pecadora condición de la naturaleza”. Hojas interminables quemándose −La aventura quema cada día. En la parcela contigua otro granjero, un intruso entre rancias hojas, son como palabras las suyas que nos miran.

En la Tierra Oscura Yeats y el joven Pound están descalzos sobre las tablas sucias del suelo. Malviven − en otro mundo sin calefacción, sin luz, sin agua − pero escriben. El gran granjero descendiendo, descendiendo. Descendiendo – Caída violenta de la hoja. Lo que le trajo hasta aquí le sacará de aquí. La luna está rascando el viento del fuego. En un rincón del campo un zorro se queja. Si fuera escritor tomaría centenares de notas − acerca de las cosas más disparatadas − Estaría en su derecho de buscar las palabras exactas. ¡Ese humo fantástico! Ese humo oculta su pálida sombra que guarda un silencio con efecto de película muda.

Cual adornos meticulosamente desordenados las cenizas de la Belleza. La luna está viva, con una precisión puramente geométrica ¿Vio su sombra? Cinco millones de estrellas le empujan pidiendo alguien que le complemente. La frescura tendrá los ojos marrones o grisáceos. No habrá ojos lagrimosos ni barba rala. El desalojo de la naturaleza de Juan Arabia no es el habitual, ríe y grita que todavía está vivo con una invitación baudeleriana: “Bajemos juntos a sentir el desalojo. / Escuchar el viento que se mueve por encima del trigo: / la aguda guerra del metal”. El humo se pierde − como nosotros perdidos – sin hogar en paz.

Escritor español.

Publicado originalmente en elimparcial.es