El caudillo y el mito de Cárdenas: El acarreo como arma política

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Atraca matraca.

Con un discurso disfrazado de “patriótico”, el presidente Obrador celebró el cierre de su tercer año de gobierno. 

En nuestra historia el discurso político se convirtió en un ritual que huele a rancio.

Obrador encarna la figura emblemática del caudillo de la que el país no ha podido librarse como símbolo de su atraso político.

El discurso es parte del poder y de la posmodernidad. Lo malo es que Obrador sigue atrapado con los fantasmas del pasado.

Como siempre la plaza pública anegada de acarreados. Ancianos, niños, mujeres y hombres, estudiantes y desempleados mezclados ahí en la plancha del Zócalo reunidos ahí con un solo propósito: saludar con reverencia al creador del Movimiento de Regeneración Nacional, la organización que ha garantizado como ningún otro partido la mayor movilidad social. 

Se ven ahí entre la muchedumbre a hombres del campo traídos desde sus lejanos pueblos en autobuses como cuando se acarrea a los borregos en camiones de redilas.

Óscar Brauer –el secretario de Agricultura y Ganadería en los tiempos de Echeverría– tenía la encomienda presidencial del acarreo en los eventos del presidente. Brauer decía: “En México los campesinos no están organizados para producir… están organizados para votar”.

No podía quedar exento del discurso triunfalista, del país de los otros datos, el insulto y la blasfemia. 

En la llanura decenas de miles de hombres y mujeres fanatizados escuchan las palabras que caen con datos y cifras rimbombantes como el agua de las cascadas desde la altura del templete donde habla el caudillo dirigiéndose a la masa.

A cada cifra triunfalista las matracas hacen su estruendo mientras otros agitan cartulinas y banderas de Morena y los gritos y alaridos en apoyo de o-bra-dor… o-bra-dor…

Se conjugan el discurso patriótico con el aparato propagandístico. 

Pero esta vez el discurso tenía un sentido distinto: escuchar las conquistas de la “cuarta transformación” como si viviéramos en un cuento como el país de las maravillas y el presidente en el papel del Sombrerero Loco.

Un aplauso para los inmigrantes que saturan al país con sus remesas. ¡Vivan los indocumentados! No importa que cientos de ellos mueran al año en su afán de huir de la pobreza que asfixia al país. 

Los miles de millones de divisas que superan con mucho a la producción de Pemex, la empresa más importante del país y una de las 500 empresas más importantes del mundo. Con sus manos y sus vidas los inmigrantes son esa masa ausente en la plancha del Zócalo a los que se les rinde tributo porque sin ellos nos estaríamos muriendo de hambre. Hombres y mujeres que han abandonado sus tierras y sus familias y que solo son reconocidos en el discurso.

Obrador no podía ser la excepción. Palabras más palabras menos, todos los políticos son iguales y sus vidas y sus discursos ya nos aburren. 

Allí, en esa macroplaza en la que se pueden albergar un poco más de cien mil personas apretujadas, se podrían apilar –y sería insuficiente el espacio– los 285 mil fallecidos por la pandemia y los ataúdes de los otros cien mil de muertos por la violencia y los 94 mil 426 desaparecidos. 

Hace 83 años en esa misma plaza decenas de miles de mexicanos se reunieron para “apoyar” al presidente Lázaro Cárdenas con motivo de la expropiación petrolera. 

Pero el hecho “histórico” del cardenismo es un mito. 

El historiador Alan Knigth desmistificó esa epopeya con la que crecimos varias generaciones.  

Omar Fabián González Salinas maestro en Historia por el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en su ensayo El discurso patriótico y el aparato propagandístico que sustentaron a la expropiación petrolera durante el cardenismo” acaba por derrumbar ese mito. (http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-26202016000200088)

El maestro González Salinas escribe en el ensayo publicado en el año 2016:

“¿Acaso desde que se nacionalizó la industria petrolera la población dio su apoyo incondicional pensando que dicho recurso no solo tenía un valor económico, sino que también formaba parte de la simbología nacional? Todavía sigue siendo un lugar común creer que tras la expropiación el gobierno de Lázaro Cárdenas gozó de un espontáneo, absoluto e incondicional respaldo popular. No obstante, como ha sugerido Alan Knight, gran parte de ese apoyo fue dirigido y manipulado por el gobierno cardenista empeñado en vencer la apatía de la población.

“En las siguientes páginas retomo la propuesta de Alan Knight para demostrar que durante el cardenismo la reacción positiva que la población tuvo hacia la expropiación petrolera fue promovida en gran medida por el gobierno mediante un hábil manejo de un discurso patriótico y una maquinaria propagandística que abarcó desde manifestaciones públicas, discursos, imágenes, rituales celebratorios, organizaciones de masas, e inclusive hasta la labor de profesores dentro y fuera de las escuelas. No niego que hubo importantes actos espontáneos de adhesión, pero aun existiendo estos, el gobierno de Cárdenas sabía que debía trabajar en mantener e incrementar el entusiasmo y acallar las críticas para que el respaldo poblacional fuera constante y mantuviera a flote la nacionalización de la industria petrolera, incluso llegadas las consecuencias más críticas, como la presión extranjera, los boicots económicos o las protestas internas provenientes de los opositores al gobierno.

“El artículo busca un doble objetivo: abordar los recursos propagandísticos que ayudaron a concretar la nacionalización de la industria petrolera, e intentar esclarecer qué tanto esta propaganda de cuño patriótico contribuyó a la dimensión simbólica que en México se ha creado en torno al petróleo y la expropiación de marzo de 1938”.

Con Obrador se repite la historia. El discurso y la propaganda para la manipulación de las masas.

Prosigue el historiador:

“Si buscamos antecedentes en el contexto de la Revolución mexicana, tenemos que Venustiano Carranza movilizó una propaganda que abarcó periódicos, conmemoraciones históricas, desfiles, discursos, imágenes y arte efímero. Tanto en el periodo bélico como de reconstrucción del país fue común que los líderes revolucionarios emplearan estas y otras estrategias con fines de legitimación política y movilización social. Claro ejemplo de ello se vivió durante el proyecto cultural de la Revolución que buscaba crear un ‘hombre nuevo’ que fuera nacionalista, instruido, trabajador, con valores cívicos, de higiene, sin vicios y anticlerical. Como segunda aclaración es preciso señalar que este aparato propagandístico no estuvo estrictamente dirigido por Lázaro Cárdenas. El presidente quería e incitaba al apoyo y él mismo criticó a los opositores de la expropiación, pero lo que buscaba era el convencimiento y no la obligación. Respecto al apoyo popular, ‘no quiero nada que no sea espontáneo’, fue su petición ante algunos gobernadores. Sin embargo, cuando la estructura del Estado entró en acción, en el camino de la movilización social se emplearon otras estrategias, como el acarreo forzoso. Por último, aclaro que pese al enfoque utilizado, de ninguna manera se trata aquí de defender una estrecha visión que presente a la sociedad como una masa manipulable a merced de lo que marca el Estado. Se aborda, sí, la lucha por la opinión pública, un esfuerzo al que recurre todo gobierno -del signo ideológico que sea-, pero para tener un estudio balanceado también se incluyen miradas ‘desde abajo’ para precisar que no todo el apoyo a la expropiación fue resultado de la labor de convencimiento y acarreo, pues también lo hubo espontáneo y, en el extremo opuesto, también surgió una crítica y oposición a la medida expropiatoria.

“La idea de una Independencia económica también fue evocada en el festejo patrio del ‘grito’. En septiembre de 1939 el PRM organizó una manifestación pública en el zócalo capitalino; se invitaba a asistir para celebrar la Independencia y para demostrar solidaridad con el presidente para que siguiera adelante con su obra de ‘emancipación del pueblo mexicano’. Durante el acto, en la fachada principal de la Catedral fueron puestas dos imágenes, una de Miguel Hidalgo y otra de Cárdenas. Según la prensa, la primera de ellas simbolizaba la ‘emancipación política de México en 1810’, mientras que la segunda refería la ‘emancipación económica en 1938’, estrategia que buscaba demostrar que Cárdenas ostentaba una ‘ascendencia política’ que se remontaba al ‘Padre de la Patria’. El presidente que lideró la expropiación figuraba como heredero del espíritu revolucionario y la misión libertaria que se ha querido ver en Hidalgo”.

Nada nuevo hay bajo el sol.

El acto de masas de Obrador para festejar el cierre de su tercer año de gobierno fue la demostración de un arma de lucha política.

Obrador sigue en campaña por eso se le ha olvidado gobernar. 

Atraca matraca.