En nombre de la libertad nos oprimieron

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Desde el pensamiento español del siglo XVI fuimos reconocidos como seres con derechos de la ley natural, que reconoce a todos los hombres el derecho a la libertad y a la propiedad.

El derecho a la libertad y a la propiedad de nuestros pueblos, es por tanto, de naturaleza. Sin embargo, este no será la idea del colonizador, piensa que los pueblos de América violan la ley natural por lo que no pueden ser acogidos por ella. Por esta razón, la servidumbre se justifica y se nos conmina ascender por la vía de la moral y de la religión.

A pesar de este pensamiento, la Corona española reconoce derechos de nuestros pueblos conquistados, prohibiendo la esclavitud, los trabajos forzados, deroga la perpetuidad de la encomienda y decreta la tutela de nuestros pueblos por la Corona.

En sus disposiciones de impuestos para nuestros pueblos cuida que no excedan sus recursos ni comprometan la reproducción de su fuerza de trabajo. El Estado español toma bajo su mando a nuestros pueblos americanos.

Las leyes de Indias de 1680 constituyen dos regímenes políticos, la de los españoles y el nuestro, conocido como República de indios que permite a nuestros pueblos mantener cierta autonomía de vida interna y de decisiones. Podemos decir que la República de indios fue una especie de autonomía de gobierno, de territorios y tierras reconocidos por la Corona.

La República de nuestros pueblos no es mala idea, significa la capacidad de vivir asociados en condiciones de igualdad y de libertades para el interés común.

Nuestras comunidades son en realidad Repúblicas, por autogobernarse, por sus culturas que es un medio para resolver eficazmente sus problemas por el hecho de vivir juntos. En verdad, resolvemos mejor nuestros problemas que los demás. El problema es que ellos no resuelven nuestros problemas.

Esta autonomía descansa en la comunidad, dotada de personalidad jurídica para nosotros, con capacidad de gestión de sus autoridades elegidas cada año, o cada dos o tres años por medio de democracia directa, es decir, por asamblea, a esta asamblea le llamamos Junta, por alguna razón.

De acuerdo a la norma de 1680, los de afuera no podían establecerse y permanecer en un máximo de tres días consecutivos en el lugar. La comunidad estaba provista de una base hacendaria indivisible e inalienable, el fondo comunal debía ser suficiente para satisfacer las necesidades de la población.

Los campos son repartidos entre las familias, se dispone de áreas de explotación colectiva para alimentar la Caja Comunitaria de ahorro, además contó con superficies de bosques y de pastizales de libre acceso para la comunidad.

Desde luego, los hombres pagan un tributo de fianza de solidaridad. Estaban obligados al trabajo en labores de utilidad pública, estaban exentos de impuestos comerciales y del diezmo. El Tribunal de Santo Oficio no tenía jurisdicción en la comunidad, un Procurador de Indios defendía en forma gratuita sus causas ante las instancias judiciales y administrativas.

Como se puede observar, los pueblos americanos de la Colonia gozaban de mayores garantías que hoy en día. Estas leyes permitían que los pueblos de antaño escapasen del genocidio, que no es cualquier cosa.

Esta autonomía comunal no ha servido de experiencia al Estado moderno mexicano quien se ha negado reconocernos como sujetos de derecho público y a la autonomía, les siguen negando a nuestros pueblos las libertades, la igualdad, el territorio, la propiedad, el autogobierno y de tener una vía propia para vivir.

Las valoraciones coloniales fueron constantes en nuestra historia, la grandeza de nuestro pasado, la riqueza y valoración de nuestros territorios y la manera de observar y vivir con la naturaleza, como ejemplos. Sin embargo, el México independiente nos vuelve la espalda, las nuevas élites gobernantes conciben a la nación como una asociación contractual de individuos libres e iguales que viven según las leyes que voluntariamente se otorgaron. Solo reconocieron al ciudadano como sujeto de derecho pero no a los pueblos. De un solo golpe nos desaparecieron, fueron brutales, para justificarse dijeron ser liberales.