Oaxaca, la industria de la manifestación, ingobernabilidad y sucesión

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Oaxaca era una entidad federativa en paz. Su Palacio de Gobierno siempre tenía las puertas abiertas de par en par. Su zócalo y alameda lucían limpios, despejados, esplendorosos, donde propios y visitantes paseaban o tomaban café en los portales, para conversar o solo para admirar desde ahí la monumental Catedral y los edificios históricos de alrededor.

Todavía así lució hasta el sexenio del gobernador Heladio Ramírez López. Después, quien sabe en que momento se rompió la paz, se mancilló la tranquilidad. Y cerraron las puertas del Palacio de Gobierno por temor a una incursión violenta de manifestantes; hasta la fecha solo abren cuando el mandatario en turno preside algún evento oficial en los acanterados corredores del inmueble; el 15 y 16 de septiembre, y el 20 de noviembre cuando no hay amenaza de boicot a los actos conmemorativos de las fechas históricas.

Para entrar, hay que hacerlo por alguna de las puertas laterales previa identificación, autorización de algún funcionario, y tras pasar por un detector de metales. El Palacio de Gobierno se convirtió en una muralla, en un cerco entre gobernante y gobernados.

Llegó un momento en que los corredores exteriores del Palacio de Gobierno de Oaxaca se transformaron en mercado, donde, además de vendedores de artesanías, los propios manifestantes pusieron puestos de “souvenirs” adelante de sus carpas y mantas con las leyendas de sus protestas. Imagen idéntica a lo largo y ancho del zócalo y la alameda.

Esa ha sido la imagen del centro histórico de la capital oaxaqueña, corazón político de la entidad; un corazón herido, sangrante, en mayor dimensión cuando las manifestaciones arrecian al grado de extenderse las carpas por calles adyacentes y paralelas, o al grado, incluso, de barricadas confeccionadas con llantas en llamas como en el 2006.

Las manifestaciones han ido abarcando la periferia, cruceros principales, y acceso y salidas a la capital, con bloqueos hasta de 12 y 24 horas continúas.

Ese ha sido parte del viacrucis que han vivido oaxaqueños, oaxaqueñas, turistas, avecindados, sexenio tras sexenio; desde Diódoro Carrasco Altamirano, en cuyo sexenio salió a la luz el Ejército Popular Revolucionario (EPR), hasta Alejandro Murat Hinojosa (actual gobernador), pasando por José Murat Casab, Ulises Ruiz Ortiz y Gabino Cué Monteagudo.

Todos en su momento del PRI, excepto Cué quien dimitió a las filas priistas mucho antes de convertirse en mandatario estatal; él fue funcionario de Diódoro.

Una de las percepciones es que el ambiente político, la paz social, la estabilidad, se empezó a descomponer de manera más evidente a la llegada de José Murat. En aquél entonces, éste y Diódoro eran priistas, pero tras la sucesión hagan de cuenta que hubiese llegado un gobernador de oposición al PRI.

Diódoro padeció una persecución política priista que lo orilló a renunciar al PRI. Luego se adhirió al PAN. El priismo local llegó al grado de pedir su expulsión en voz de quienes habían sido sus colaboradores más cercanos. En su momento, a Cué lo abrigó el Partido Convergencia, y fue munícipe de la capital oaxaqueña.

José Murat hizo gobernador a Ulises Ruiz cumpliendo así (dicen) un compromiso con Roberto Madrazo; independientemente de ello, Pepe y URO eran amigos, pero de pronto ¡zaz!, la amistad se rompió en miles de pedazos de modo irreparable hasta el momento. ¿Por qué? Solamente ellos lo saben.

Como gobernador, Ulises no cedió a las pretensiones del magisterio radical, el cual emprendió una serie de movilizaciones hasta instalarse en un plantón indefinido en todo el primer cuadro del centro histórico de la capital oaxaqueña. Ruiz Ortiz pidió ayuda al Gobierno Federal, entonces encabezado por el panista Vicente Fox. Pero lo dejó solo.

En algún momento, el gobierno de Ulises intentó un desalojo pero uno de sus colaboradores erró. Y ahí se desató el conflicto 2006-2010, el cual se convirtió en una masa amorfa como una bola de nieve que va rodando y creciendo; al magisterio se le unieron organizaciones sociales, naciendo la autodenominada Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO).

Al paso del tiempo, cabe preguntar: “¿Todo fue una estrategia para sacar a Ulises a costa de la paz de la ciudadanía oaxaqueña?

En 2010 gana Gabino Cué postulado por la coalición PRD-PAN-PT-Convergencia, y en su gabinete participan personas cercanas a José Murat como Germán Espinoza e Irma Piñeyro, quien en la campaña dimitió a la candidatura a la gubernatura por el Panal para sumarse al coalicionista.

Claro, no por ser personas cercanas necesariamente debe haber un vínculo con la decisión de formar parte del gabinete de Cué, cuyo gobierno no estuvo exento de las movilizaciones sociales. No haberlas, habría sido lo lógico porque éstas suelen hacerlas las organizaciones afines a la “izquierda” o más bien, contrarias al PRI.

Pero las hubo en contra de su gobierno o para demandar obras, viviendas, proyectos productivos, etc. Al menos eso se decía, y casi siempre son las mismas exigencias esté quien esté en el Ejecutivo estatal. Incluso, se habla de un “piso” de peticiones para de ahí irse a un techo, que en ocasiones incluye libertad de “presos políticos”.

Pareciera que en Oaxaca solo hay dos industrias: El turismo, y la manifestación, ésta quizá mas jugosa, sin riesgos y sin inversión por parte de los manifestantes. Hay casos que el propio gobierno termina pagando el gasto de alimentación y traslado.

Al finalizar el sexenio de Gabino arreciaron las manifestaciones sin faltar las barricadas, los bloqueos de cruceros en la capital oaxaqueña, entradas y salidas, y de las principales carreteras de la entidad. Los inconformes en su mayoría pertenecían al magisterio radical, el cual se rebeló porque Cué acató la reforma educativa del entonces Presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

La movilización, a la cual se unieron “organizaciones sociales”, terminó en el lamentable enfrentamiento entre manifestantes y policías en inmediaciones del municipio de Asunción Nochixtlán.

Quien sabe hasta donde las movilizaciones tenían raíces en la sucesión gubernamental. Pero en el 2016, en el contexto de la víspera de la entrega de constancia de mayoría al gobernador electo, Alejandro Murat Hinojosa, del PRI, se produjo un desalojo en las instalaciones del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), en cuyo frente había un plantón magisterial.

Los líderes magisteriales habían detenidos, en algún momento.

Alejandro Murat asumió el cargo el 1º de diciembre de ese año en un lugar habilitado como Recinto Legislativo porque manifestantes (magisterio y “organizaciones sociales” aliadas) tenían cercado el Congreso Local. Pero pocos meses después, como por arte de magia, volvió la calma, la tranquilidad, la paz, a Oaxaca.

Una cosa relativa, porque sí había manifestaciones, pero esporádicas y sin radicalismos.

Sin embargo, de un tiempo para acá –un año quizá— empezaron a ser más frecuentes las movilizaciones y más radicales: Sindicatos universitarios, normalistas y “organizaciones sociales”. En los últimos meses han llegado al grado de sitiar la capital oaxaqueña al bloquear cruceros principales y los accesos a ésta.

En las últimas movilizaciones de normalistas ocurridas esta semana, la ciudadanía ha dicho expresiones como las siguientes: “¡Queremos otros 43!” “¡Estamos hasta la madre!” “¡Huevones!” Expresiones que revelan que los habitantes de Oaxaca están llegando al límite de la paciencia al verse afectados no solamente en su derecho de libre tránsito, sino en su economía de por sí lesionada severamente por la pandemia.

¿Por qué es cíclica la escena de las movilizaciones radicales en el último año del sexenio del gobernador de Oaxaca?

¿Cuál es el motivo? ¿La insuficiencia presupuestal para atender demandas sociales? ¿Rompimiento de pactos en función de otros pactos con probables sucesores? ¿Tienen algún vínculo con los procesos internos de los partidos políticos? ¿Las movilizaciones son acciones para sacar dinero para las campañas electorales?

VISITAS A SEGOB 

El pasado 2 de marzo, justo cuando la capital oaxaqueña padecía la movilización de normalistas de alrededor de 12 horas, el gobernador Alejandro Murat presumió en Twitter: “Productiva reunión con @adan_augusto, titular de la @SEGOB_mx, damos seguimiento a la agenda de gobernabilidad del estado de #Oaxaca.” 

¿Cuál agenda?

¿Cuál gobernabilidad?

¿La agenda tiene que ver con la ampliación de presupuesto para Oaxaca, con acciones de seguridad pública, con la promesa del gobierno federal de concluir las supercarreteras pendientes? ¿O tiene que ver con la sucesión oaxaqueña?

Dicen, en los corrillos políticos locales, que diversas acciones y movilizaciones (incluso, universitarias) están relacionadas con la selección de la candidatura de Morena.

Por cierto, el virtual candidato de Morena a la gubernatura de Oaxaca Salomón Jara Cruz hace unos días también visitó al Secretario de Gobernación.

Correo: rosyrama@hotmail.com