¿Y los obreros?

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Uno de los pilares del corporativismo mexicano era el sector obrero, acompañado del campesino y popular, de los que ya hablaremos.

La retórica del régimen de la revolución mexicana ató a los obreros a sus representaciones y a los representantes laborales a la maquinaria de control político. Así por ejemplo las demandas obreras se canalizaban según las necesidades más amplias del sistema. Si se requería congelación de salarios los obreros aguantaban para ayudar a frenar la inflación, por muy falaz que fuera el argumento.

Encontramos gobiernos más dispuestos hacia las huelgas y a su resolución favorable a los obreros y gobiernos que pisoteaban los derechos obreros, eso sí, siempre dentro de los marcos institucionales, porque los que los desbordaban eran tratados con todo el peso de la represión, no pocos terminaron encarcelados.

Como todo el sistema también la representación obrera se corrompió y hasta los sindicatos “independientes” se charrificaron siguiendo el modelo de la CTM, CROC, CROM pero con una retórica revolucionaria. Encontramos líderes charros decrépitos y anacrónicos y otros que se reelegían para “ayudar” a las masas obreras, dejando el cargo al morir.

Parte de la inteligencia del sistema fue que esos obreros eran un ejército electoral que sabía muy bien que había que votar por la bandera y asistía a mítines a cambio de tortas y refrescos y la promesa de no ser reprimido.

Con la llegada de los neoliberales el sindicato dejó de simular la representación, aunque la venta de contratos colectivos se hizo más descarada, así el obrero para lograr victorias tenía que ir primero contra el sindicato y luego contra el patrón, así que las victorias empezaron a escasear y hay luchas dolorosas y vergonzosas. El sindicato minero perdió una fortuna a favor de su líder que fue a esconderse a Canadá y mantiene un conflicto con un oligarca que ya dura 15 años.

Y los obreros parecen haberse alejado de las urnas tricolores y al parecer no hay nadie que se haya preparado para cacharlos.

La derecha no se interesa en la política de masas porque cree que controlando el poder puede pisotear a los descamisados que detesta.

La izquierda intentó varias veces organizar a las masas obreras con muy poco éxito. Pero podemos sospechar que entre los 30 millones de votos iban muchos obreros que tal vez pensaron que finalmente podrían tener al gobierno de su lado, y por lo menos por lo que toca al salario si les han respondido.

La nueva política posiblemente ya no intente o pueda reconstruir ese corporativismo. Morena es una mezcla de grupos, organizaciones e individuos que no se ha integrado como partido y no da señales de estar pensando y preparando para integrar a las masas, tal vez deseando que la narrativa electoral los ponga del lado de la 4T, bastaría con recordarle a los obreros que bajo los neoliberales el salario real perdió dos generaciones y que tal vez se recuperen para vivir como sus abuelos y no peor.

Hay la posibilidad de que los obreros no votarán pensando como obreros y posiblemente empiecen a pensar como ciudadanos, lo que sería un gran brinco adelante.

@shmil50