Lenguaje de los artículos de Politing: Mejora el trato con la comunidad

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“Todos somos muy ignorantes,

lo que ocurre es que no todos

ignoramos las mismas cosas”. Einstein

Toda Universidad tiene tres funciones: Docencia, Investigación y Extensión. Esta última –articulada con las dos anteriores- asegura que la Universidad esté en contacto permanente con su entorno y garantiza así, una fluida relación con la Sociedad Civil: Estado, empresa y comunidad. Es la demostración práctica del quehacer académico y su objetivo es identificar y anticiparse a las necesidades y problemas de la sociedad, con el fin de proponer y desarrollar proyectos que contribuyan a su comprensión y solución.

Este es un propósito para todos los canales de proyección social de la Universidad: estudiantes, profesores, directivos y egresados, para lograr altos impactos sociales, sostenible científica, económica -pero sobre todo- socialmente. De ahí que los indicadores utilizados para calificar estas actividades se basen en el “impacto” en la sociedad. En el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “impacto” es la huella o señal que un proyectil deja en un blanco. Parece muy razonable esta medida, sin embargo, se puede discrepar en cuáles deberían ser los proyectiles y cuáles los blancos.

Actualmente sólo existe un proyectil y un blanco. El Proyectil, corresponde a los artículos en revistas indexadas de circulación internacional y el blanco, es la etérea comunidad académica global, cuyas caras y nombres sólo son accesibles a los iniciados. Lamentablemente, salvo ese único proyectil (las revistas indexadas) los otros son circunstanciales o definitivamente no cuentan. En cuanto a los blancos, el único aceptable actualmente, es la comunidad científica que lee y se nutre -para su actividad académica- de las revistas indexadas de circulación internacional, a pesar del escaso número de lectores de esas publicaciones, particularmente en países como los nuestros.

Sin embargo, para que la Universidad logre su función de extensión, debe mostrar algo más que dichos artículos selectos y exclusivos para revistas indexadas. Y es que ni siquiera los libros y capítulos de libros -que suponen un cuidadoso trabajo de elaboración- representan una práctica que se estimule, mucho menos los textos, cartillas y documento que se elaboran con lenguaje llano para que cualquier ciudadano del común los lea, entienda y conozca. Esos temas -supuestamente difíciles y exclusivos- son inaccesibles para el ciudadano de a pie y van a una reducida elite y a un selecto circulo de iniciados y sabios, algunos de ellos convertidos ya en verdaderos orates.

De ahí que el índice de impacto de las revistas indexadas sea cuestionado incluso por miembros conspicuos del establishment científico internacional. Más allá de la eficiencia o no de ese tipo de índices, lo central es que el impacto (huella, señal) de esas revistas es prácticamente nulo, fuera de un sector de individuos (los mismos miembros del sistema de acreditación, los investigadores y sabios encerrados en sus torres de marfil y algunos alumnos de posgrado) muy pocos reciben y leen revistas indexadas. Son escasos miembros del común de los ciudadanos (nuestros vecinos, parientes, amigos y relacionados) que leen estos trabajos y se puede corroborar al cuantificar el número de suscripciones locales e incluso el número de consultas a las mismas.

Perder esa presencia de las Universidades a nivel internacional sería suicida. Pero eso no excluye la necesidad de preguntar a qué blanco se le tira cuando se hace ciencia y con qué proyectiles. Vale la pena pensar en múltiples proyectiles para varios blancos, pues en la medida en que se estimulan los artículos de alto nivel, ciertas problemáticas -relevantes para nuestro medio- no son publicables pues no son del interés de las agendas de investigación globales o sólo llegan a grupos de sabios, aislados de los problemas comunes de nuestra sociedad y los pocos que llegan a la comunidad, no los entiende el común de la gente.

Pero si el grueso del financiamiento de la actividad académica proviene de los recursos generados por la misma sociedad, el criterio es reconocer que el que financia debe recibir –PRIORITARIAMENTE- los beneficios de la investigación. Así, los que pagan -los contribuyentes- deberían ser un blanco reconocido del trabajo científico tal y como es, el criterio de los artículos de Politing, que debe incorporarse al sistema de evaluación, con indicadores apropiados.

Lamentablemente, hoy día hablar enredado y escribir complicado es símbolo de ilustración, erudición y sabiduría y es creencia popular que mientras más enredado se hable, más conocimientos se tiene. Para pasar de sabio, leído e instruido nada mejor que hablar de forma tal que nadie entienda o se confunda quien escuche, como el académico que le preguntó a un taxista: ¿cuánto computa su taxímetro al aeropuerto? a lo cual, el confundido ciudadano le respondió: con ella, o sin ella, vale lo mismo sumercé…