Es Claudia

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Xóchitl Patricia Campos López

Ahora que la cuestión religiosa comienza a estructurar la coalición opositora a Morena, se hace evidente el desfase de la dirigencia invisible frente al cambio social en México. Las trasformaciones en el orden legislativo norteamericano, provocadas por la infiltración derechista y deshonesta en las instituciones políticas más significativas del ámbito judicial, han encendido las alarmas respecto de la defensa de los derechos humanos y la libertad en mucha gente; pero sobre todo en los jóvenes y, particularmente, en las mujeres. Es un contrasentido el retroceso institucional civil y democrático que viven los Estados Unidos, pero es muestra de que -a pesar de las diferencias ideológicas- se hace necesario preservar espacios e instituciones que son de todos, que son públicos y, sobre todo, comprender que el conservadurismo no tiene una perspectiva incluyente sino excluyente; a la mitad está la noción “desechable”.

Lo ocurrido en las cortes norteamericanas demuestra que Estados Unidos es un pueblo semisoberano (Schattschneider), así fue diseñado su sistema político y acomete medidas plutocráticas para salvar las oligarquías en el diseño aristocrático federalista de su origen. Pero no se había dado un retroceso tan contundente, incluso en la cuestión social donde también México se hallaba un poco más adelantado. La Unión Americana opta por las élites frente a las masas, siempre bajo la esperanza liberal. Es un modelo que les ha funcionado.

El PRIANRD no comprende el cambio social que vive México derivado de la crisis del globalismo neoliberal. En pocos meses se ha generado una modificación de conductas, perspectivas y aspiraciones que han cambiado para siempre la mentalidad de las nuevas generaciones. Con todo y los señalamientos críticos a la tecnología, la influencia de los espacios digitales -sobre todo las redes sociales- han sido como la caja de pandora que desató todo tipo de tempestad. En breve están ocurriendo disrupciones y cambios de discurso, modas, tendencias, identidades, etc.; que implican un salto cuántico en la línea del progreso y libertad.

Si el PRIANRD comienza a identificarse como una coalición tradicionalista antiliberal, lo mejor que le queda es transfugar a MORENA; incluso bajo la retórica del nacionalismo católico anticomunista. La Guerra Fría se ha quedado atrás y los países viven diferentes revoluciones conservadoras -incluso Rusia- que están marcando los límites de la globalización liberal -de tipo occidental-. En el 2000 terminó un mundo de cosas e inicio una nueva época que, probablemente ahora, culmina su doloroso nacimiento. El siglo XX ha sido, tal vez, el peor siglo de la humanidad. Y las generaciones del siglo XXI tienen razón en querer superarlo. El PRIANRD no conseguirá derrotar a MORENA y AMLO si retorna a los valores sociales de Pío IX, el anticomunismo es el hombre de hojalata para estos tiempos.

Lo mejor que podría sucederle al PRIANRD es regresar a su origen, y éste es el Salinismo. Si Claudio X. González y su falange aliancista se van a parecer a Genaro Lozano, de FRENAAA, sólo podrían conseguir un puñado de votos de sus simpatizantes y miembros. Desde el 2018 -inclusive-, muchos grupos del nacionalismo católico han saltado al barco de Morena y lo encuentran coincidente con sus valores de sociedad cristiana perfecta. Si el PRIANRD busca un candidato que cuente con los recursos, capacidad intelectual, discurso modernizador y fortuna coyuntural, el nombre es Claudia Ruiz Massieu Salinas.

En la mejor tradición del muégano mexicano, el salinismo desarrolló una alternativa al nacionalismo revolucionario para reconciliarlo con el neoliberalismo; y funcionó. El régimen cambió. El liberalismo social es el proyecto que puede estructurar la vía mexicana a la modernidad capitalista proestadounidense, además de que coincide con todos los prejuicios subyacentes y remanentes en las nuevas generaciones. El liberalismo social puede hacerse libertario, pero ningún libertario se hace nacionalista católico. Lo que quiere decir que los dinosaurios y dinojuniors tienen que suponer su extinción formalmente.

La retórica religiosa sólo termina por fortalecer el Lópezobradorismo. AMLO no se traduce a los electores jóvenes (18-29 años) como comunista, masón, populista o satánico; sino como un líder veterano progresista. Incluso su dimensión temporal resulta un punto a su favor porque representa al abuelo condescendiente y paternalista al que los jóvenes confían en la generalidad de las familias disfuncionales de México. Sus canas y modales, paradójicamente, le dan la autenticidad que el PRIANRD no tiene. A pesar de sus campañas mediáticas, la percepción es que AMLO dice la verdad y no “chamaquea” a la gente, como hacen los dinosaurios del PRIANRD.

La falta de liderazgos en el Frente Anti/AMLO resulta más que evidente. Sin embargo con Claudia Ruiz Massieu Salinas pueden desarrollar una posibilidad seria de confrontar a MORENA en 2024. Es necesario fortalecer el liberalismo social salinista para hacerse entender con las nuevas generaciones de electores, al menos resulta más cercano que modernizar los tropos de Julio Meinville. Ya no funciona una estrategia como la del Grupo Atlacomulco en el 2012. Es Claudia, pero si no se apuran, sólo van a confirmar frente a los jóvenes, y particularmente a las mujeres, que además de mentirosos, están pasados de moda y resultan unos paranoicos machistas inadaptados.