AMLO y el sojuzgamiento del PRI

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Xochitl Patricia Campos López

A diferencia de la sucesión presidencial de 1988 cuando la tecnocracia neoliberal persiguió a la facción representativa del nacionalismo revolucionario -particularmente cardenista- hasta expulsarlos del Partido Oficial, es evidente en la presente coyuntura crítica de la globalización el intento del Nacionalismo Revolucionario por tomar los restos del Partido Revolucionario Institucional para darle forma a la fuerza social que representa MORENA. El PRI fue desdibujándose después del salinismo y no ha logrado una recuperación electoral en base al diseño corporativista que le dio origen. Ahora, MORENA representa el conglomerado popular que sostiene la popularidad del Presidente López Obrador, pero carece de un diseño, estructura regional, e incluso una serie básica de configuración organizativa. Probablemente, la intención presidencial de incluir al PRI en la coherencia ideológica de Morena radique en asimilar el movimiento de masas al diseño partidista que le brindó a México una estabilidad autoritaria.

La crisis del PRI es reconocida por la Familia Revolucionaria en su mayor conjunto, sólo el dirigente nacional vinculado al Grupo Atlacomulco lo niega; pero si el PRI permanece en el extravío promiscuo de la alianza PRIANRD, su destino fatal es inevitable.

El PRI, como el extinto partido comunista en la extinta URSS hoy Rusia, para garantizar su conservación y retorno efectivo a la estructura del poder, sólo tiene como camino seguro el apoyo a MORENA, incluso su papel puede identificarse como mediador entre facciones extremas y partidos satélites exóticos.

Alejandro Moreno tenía una salida digna hace pocas semanas, la solicitud informal planteada por los grupos representativos del PRI reciente constituye un mensaje sin reservas: su dirigencia lastima profundamente al partido. Sin embargo, la personalidad de Moreno Cárdenas, así como el interés del Grupo Atlacomulco por asegurar su patrimonialismo regional; observan en perspectiva negacionista lo que para muchos es una claridad, que el PRI ya no cabe en ningún lado sólo en Morena.

Por otro lado, la obsesión presidencial para con el PRI va más allá de anhelar el Partido Oficial que, en algún momento, fue central para la definición de la cultura política mexicana. Ocurre que Morena es un avispero de fuerzas vivas, faccionalismos, cacicazgos y liderazgos alternativos que será imposible organizar sin un modelo previo de Partido de Masas. Morena puede ser la Cuarta Transformación del PNR, si el PRI se adhiere al Movimiento de Regeneración Nacional.

Hasta ahora parece inevitable la sucesión presidencial a favor del Lopezobradorismo, la oposición se confunde y las fachadas no tienen ninguna fuerza moral frente a la sociedad. El contexto global no les favorece y las elecciones norteamericanas tampoco están considerándolos como protagonistas del debate que se aproxima. El PRI tiene que volver a Morena o extinguirse en una flama azul porque fuera del nacionalismo revolucionario, todo liberalismo -aunque sea social- se ha vuelto pecado y delito.