Pobreza y moral

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Guillermo Buendía

Para José Luis Uribe Ortega,

por esta larga amistad que se aprecia a la vuelta de tantos años.

El té –que olía a pescado-, el azúcar gris, el pan, la vajilla, eran desagradables; también lo eran los temas de la conversación: miseria, enfermedades. Antón Chejov. Los campesinos, Editorial Cumbre, México, 1968.

I

En las condiciones infrahumanas de explotación y la crueldad del sometimiento de que fueron objeto los pueblos vencidos en los años siguientes de la conquista se encuentran las causas de la pobreza asociada al sistema colonial, y que la sociedad capitalista de nuestros días ha profundizado. No obstante, existen diferencias fundamentales sobre las determinaciones que la reproducen. La esclavitud y el trabajo asalariado corresponden a modos de producción que determinan relaciones sociales de explotación y propiedad, de apropiación de excedentes y rentas diferentes históricamente, así como las contradicciones particulares de clase y las luchas políticas para transformarlas o no.

La lucha política tomó la forma, hacia mediados del siglo XVI, de una defensa piadosa con Vasco de Quiroga, quien bajo la influencia de Tomás Moro, modeló un sistema mejor para los indios purépechas. La Utopía (1518), ese lugar que no hay, al concretarse en esta región de la Nueva España también hizo extensivo el pensamiento crítico contra la tiranía monárquica al no reconocer poder alguno “de la ley”. “Moro no deja títere con cabeza –escribe Manuel Alcalá al prologar Utiía, Editorial Porrúa, México, 1981- … taca, uno tras otro, el despotismo de las monarquías, el servilismo de los cortesanos, la venalidad de los cargos público, la obsesión de las conquistas, el lujo y las injusticias de nobles y monjes”, porque al autor le interesó que lo imaginario soportara la verosimilitud de sus teorías políticas, sociales y religiosas con el propósito de ser implantadas. Esta defensa piadosa contra los poderes monárquico y papal, a la muerte de De Quiroga en 1565, fue rápidamente acabada para no subvertir el orden establecido. La pobreza se generalizó durante la vigencia del régimen de la encomienda, luego las haciendas no modificaron las condiciones de penuria de los peones, ni el trabajo asalariado provee lo necesario a losd obreros en su lucha para la supervivencia.

A lo largo de la historia general de la humanidad se ha tenido un mundo habitado por mendigos, pordioseros, menesterosos, marginados, indigentes, lumpen; una masa de seres que ha permanecido haciendo abstracción de los modos de producción que la reproduce. Los esclavos erigieron el esplendor y auge de los imperios egipcio, griego, mesopotámico, sirio, fenicio. Vivían y morían sin reparo alguno muy a pesar de la decadencia y desaparición del otro imperio, el romano. La República y Del sumo bien y del sumo mal concibieron la estructura estatal y de gobierno, distinguieron orígenes y fines políticos y morales de las clases dominantes al asumir el poder para gobernar. Las obras teológicas escritas fundamentalmente a partir del siglo IV de nuestra era proclaman la promesa de la Gloria para sortear el estado de miseria material prevaleciente durante el medioevo, y aún después de la Reforma luterana.

En las cartas de Pablo de Tarso y el evangelio de Mateo se puede leer una historia de salvación y bienaventuranza reservada principalmente a los pobres. La ciudad de Dios contra los paganos de Agustín de Hipona, la apología del cristianismo contra la herejía de los falsos dioses, el pecado y la culpa, el destino y la providencia divina dispuesta para el socorro de la humanidad perdida en vicios y corrupción, no alteró ni atentó contra el orden de explotación feudal desde ese temprano desarrollo y menos durante el milenio siguiente, hasta cuando escritores españoles, franceses, italianos e ingleses comenzaron  recrear la vida de lazarillos y miserables habitantes del submundo monárquico y burgués, con el surgimiento de relaciones sociales de producción que propiciaron la acumulación de la riqueza en otras clases. Mas no serán los autores de obras literarias quienes han de tratar el tema de la pobreza en sí, aunque sí presente para desentrañar la naturaleza humana atrapada en circunstancias de extrema miseria. La corte de los milagros de Víctor Hugo o los suburbios de Máximo Gorki son momentos históricos de las masas empobrecidas; narraciones que recrearon las condiciones de clase y vínculos políticos determinados por el desarrollo desigual y combinado de las fuerzas productivas y las luchas políticas contra la monarquía y el zarismo.

La creación literaria por sí misma es fuente para el análisis de la pobreza hecho por las ciencias sociales, las que han de explicar e interpretar las determinaciones causales de la pobreza y su reproducción. Adan Smith, presbiteriano y con la gran influencia que dejó en él Francis Hutcheson –profesor de filosofía moral de la Universidad de Glosgow- escribió La riqueza de las naciones (1776) después de haber conocido las obras de los fisiócratas Francois Quesnay y Anne Robert Jacques Turgot, principalmente. Más de un siglo y medio antes, en el auge del Renacimiento, Montchrétien publicó Tratado de economía política (1615), donde la “idea de moderación, de la que estaba imbuido todo el pensamiento de los escolásticos, fue totalmente reemplazada por su contraria: la búsqueda de riquezas”, apuntó Ferdinand Zweig en El pensamiento económico y su perspectiva histórica (Fondo de Cultura Económica, México, 1954). “la poderosa fecundidad del dinero –sostenían los mercantilistas- (es) la fuente principal de la riqueza y el poder del estado. La escasez del dinero la causa principal de la pobreza, la desocupación y el atraso general”.

Fue durante este periodo de expansión colonialista y de revolución industrial cuando la miseria de la población fue condición de la acumulación de la riqueza monopólica fabril y comercial. Las leyes inglesas de asistencia a los pobres permitieron paliar, con la intervención de parroquias, las mínimas necesidades de los obreros que los bajos salarios que percibían no llegaban a cubrir. En peores circunstancias se hallaban los desempleados. Thomas Malthus y David Ricardo postularon teorías para explicar el desarrollo económico capitalista y fenómenos asociados a la producción, inversión y crecimiento poblacional, donde el “el capital es el rector y el benefactor de la sociedad” (Zweig, 143). En el prefacio a La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845) redactado para la edición alemán de 1892, Engels afirmó: “resultó que los grandes fabricantes, que antes habían sido los instigadores de la lucha contra la clase obrera, eran ahora los primeros en predicar la paz y la armonía. Tenían para ello razones muy poderosas… Todas estas concesiones a la justicia y al amor al prójimo no eran en realidad más que un medio para acelerar la concentración del capital en manos de unos pocos y aplastar a los pequeños competidores… (y) empeorando la suerte del obrero”.

II

La conceptualización de la pobreza en México estuvo dominada por la polémica suscitada hacia el final de la década de los cincuenta del siglo pasado alrededor de la rigurosidad científica de la forma en que fue expuesta por Óscar Lewis. Significar ser pobre desde el enfoque descriptivo de la historia de vida limitado al ámbito de la familia –seres encarnados sí, mas individualmente desclasados al haber perdido la extracción campesina en el vacío devorador de los desplazados establecidos en los cinturones de miseria de la región oriental del Distrito Federal, principalmente- resultó la pretensión de crear una corriente antropológica de la pobreza. Los atroces sucesos individuales como particulares de estos seres pobres revelan una falta de conciencia de clase al quedar atrapados en el servilismo, odios, rencores y encubierta violencia; la esperanza perdida dentro del abismal poder de la miseria material. Sin embargo, la desigualdad social producto de la distribución inequitativa de la riqueza y el caótico crecimiento urbano que acompañó el proceso de industrialización acelerado de aquella época no aparecen como causas determinantes históricas de la pauperización obrera, ni es el fondo crudo de las condiciones de precariedad para explicar la pobreza.

“Óscar Lewis y su aporte al enfoque de las historias de vida” es un acopio comentado de fuentes seleccionadas por Jorge E. Aceves Lozano, profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa (revista Alteridades, 1994) para sostener la tesis: “Quizá la centralidad del texto autobiográfico presente en los libros de Lewis haya dificultado la incorporación de la dimensión social más amplia en que estaban inmersas las familias: la ausencia de un contexto que permitiera comprender ciertas condiciones y presiones sociales ha sido algo que siempre se le pidió a Lewis, pues de otro modo tanto su concepto de la pobreza como los procesos que la reproducen quedan  como esencia auto contenidas y fuera de las relaciones sociales existentes”. Treintaitrés años antes, Ricardo Pozas Arciniega publicó en la Revista de la Universidad (1961) “La pobre antropología de Óscar Lewis” –clara alusión al título de Carlos Marx, La miseria de la filosofía (1847) para refutar las tesis de Pierre-Joseph Proudhón contenidas en La filosofía de la miseria– donde acusa las pretensiones científicas de La antropología de la pobreza (1959) del doctor Lewis.

A dos años de la publicación del libro Pozas escribió el ensayo para criticar el tratamiento sugerente de científico que Lewis formula de la pobreza en México: “el relato y el análisis no son el fin último de las investigaciones antropológicas, que el antropólogo no ha de detenerse en las simples descripciones, que su labor es formular síntesis, elaborar conceptos que funciones como hipótesis, para someterlos a prueba, para llegar a explicar y desenmarañar las realidades sociales… en la medida en que se convierte (la pobreza) en problema social; en tanto que los que sufren la pobreza sean conscientes de sus causas y se conviertan en elementos activos para evitarla… la nueva función de los antropólogos en el mundo modero es la de servir como relatores de los estudios de la gran masa de campesinos y habitantes urbanos de los países subdesarrollados… explique las causas de los fenómenos sociales para comprenderlos y para corregir el mal funcionamiento de la sociedad. Nada de esto tienen los relatos familiares del autor”.

Pozas Arciniega ya había publicado Juan Pérez Jolote. Biografía de un tzotzil (1948), quien entre 1938-1939 asistió al seminario de marxismo impartido por el filósofo y etnólogo alemán Paul Kirchhoff, naturalizado mexicano años posteriores. En 1961 se publicó Los hijos de Sánchez. Aunque los juicios del antropólogo mexicano fueron escritos criticar La antropología de la pobreza, éstos también pueden ser extensivos para el otro texto de Lewis. “… el simple relato no es aún antropología (y se coloca Lewis) como un simple relator de hechos intrascendentes” escribió Pozas para sentar que los “fines prácticos de las investigaciones del doctor Lewis” los haya entregado en “informen confidenciales para las instituciones de su país”. La postura crítica de Pozas lo lleva a concluir que Lewis no explica las causas de la pobreza en México porque de hacerlo “tendría que explicar los mecanismos de explotación, internos y externos que la determinan, y exponer los hechos que han hecho de México el país donde los pobres se empobrecen más cada día y donde los ricos son cada vez más ricos”.

III

A fines de noviembre pasado Julio Boltvinik participó en la Mesa de Debates moderada por Carlos Ramírez y Samuel Schmidt con el tema “Pobreza, ¿cuestión moral o económica? –destacado investigador de El Colegio de México y colaborador de La jornada- refirió las características y contexto de la precariedad en que se encuentra el 73 por ciento de la población del país. La pobreza expresa en sí misma la desigualdad de clases que, por los antecedentes históricos ancestrales, las causas no se encuentran en la renovación moral ni en la regeneración política, sino en las contradicciones de las relaciones de producción capitalista. “La división del trabajo sólo se convierte en verdadera división a partir del momento en que se separa el trabajo físico y el intelectual… desde este instante, se halla la conciencia en condiciones de emanciparse del mundo y entregarse a la creación de la teoría pura, de la teología pura, de la filosofía y moral puras, etc. Pero, aun cuando esta teoría, esta teología, esta filosofía, esta moral, etc. se hallen en contradicción con las relaciones existentes, esto solo podrá explicarse porque las relaciones sociales existentes se hallan, a su vez, en contradicción con la fuerza productiva existente… Por lo demás, de suyo se comprende que los espectros, los nexos, los entes superiores, los conceptos, los reparos, no son más que la expresión espiritual puramente idealista… la representación de trabas y limitaciones muy empíricas dentro de las cuales se mueve el modo de producción de la vida y la forma de intercambio congruente con él”. Esta larga cita de Marx y Engels tomada de La ideología alemana ha de servir para indicar la naturaleza de la moral y encontrar en ésta las causas que expliquen la pobreza no más allá “de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso”.

El plano moral cuando entra al discurso político para explicar desde el poder la pobreza en México, hay que anotar, sin embargo, las diferencias entre la renovación moral y la regeneración política. A principios de la década de los ochenta, el gobierno del presidente Miguel de la Madrid Hurtado enmarcó el contrato social con la renovación moral, que permitió establecer los pilares fundamentales del modelo neoliberal a través de las políticas gubernamentales para enfrentar la crisis económica. En ese entonces, las teorías económicas de Milton Friedman privilegiaron la acumulación privada de la riqueza: la principal responsabilidad de las empresas era obtener los máximos beneficios para los accionistas. Ante este capitalismo salvaje, ideólogos de derecha retoman con gran fuerza de difusión el concepto de responsabilidad social empresarial para justificar los fines de las empresas, la ganancia, respetando las reglas legales como las costumbres morales. De ahí la importancia que se le dio a la mejora continua de la legislación y a la propaganda de la nueva cultura laboral. No obstante, las costumbres morales del movimiento obrero organizado dadas por el sistema corporativo del partido de Estado-“casi único” en aquella época- significaron el empobrecimiento de los trabajadores con la contención salarial y los contratos de protección.

El poder del que hizo gala la CTM estuvo construido sobre el control sindical. Las costumbres morales de la austeridad únicamente afectaron a las clases trabajadoras en aras de la estabilidad del crecimiento económico. La clase política no dejó de repetir que mientras se diera certidumbre a la inversión privada y el Estado dejara de ser rector e interventor de la economía, se generarían empleos: México ocupa el último sitio de la OCDE en el rubro salarial. Muy lejos quedó “el tinglado” para acabar con los cuadros obreros e influencia del Partido Comunista Mexicano –Arturo Anguiano, El Estado y la política obrera del cardenismo, Editorial ERA, México, 1975- y la persecución de los líderes de los ferrocarrileros, del magisterio y salud en los años cincuenta y sesenta que se enfrentaron al autoritarismo y represión de los gobiernos priistas. No figuran hoy en la conciencia de las clases trabajadoras estos antecedentes históricos de las conquistas y derrotas obreras. Hoy las costumbres morales acusan a otras determinaciones por las cuales persiste la pobreza en el país: la falta de oportunidades o l corrupción.

guillermobuendiah@gmail.com