Errores innecesarios: el ridículo del INE en Europa y eliminar el horario de verano

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Cada tema tiene su envergadura y ameritan reflexionarse sus prolegómenos. El público merece saber las razones del porqué se comete tamaño ridículo en el INE, ya que ensucia a México: la Constitución federal no faculta al INE a buscar asesorías ni opiniones extranjeras. De ningún tema. ¿Tiene que ir al Consejo de Europa a que le den los argumentos que de todas formas sobra que diera el INE en México? ¿no halla sus propios argumentos? ¿cree equivocadamente, que Europa le tiene que o le puede enmendar la plana a López Obrador? pues sí que es mayúsculo el extravío del INE. En manos de Córdova Vianello no es de extrañarnos, pues el sujeto es una vergüenza de la democracia mexicana. ¿Qué solo buscaba una opinión? Sus inocentadas no cuelan. Burdo.

Para empezar, es una tomadura de pelo y una irresponsabilidad el haber acudido el INE al Consejo de Europa a preguntar qué opinaba la Comisión de Venecia acerca de la reforma electoral que propone López Obrador. Si los partidos y los políticos tienen prohibido los apoyos extranjeros, cuantimás el INE. Sería absurdo que el INE sí pudiera ser coucheado por extranjeros. Y eso fue lo que buscó: que extranjeros se pronunciaran sobre decisiones que solo competen a los mexicanos y les compete por absoluto e incuestionable mandato constitucional, que el INE viola al pretender que organismos extranjeros se pronuncien por instancia del INE, para más colmo, sobre asuntos políticos que solo competen a los mexicanos y usar tales de ariete.

Es una vergüenza que el consejero presidente del INE mancille otra vez el nombre del árbitro electoral. Uno que nos sale muy caro, que no ha justificado las razones para sostener el sueldazo insultante de Lencho y seguimos pagándole los ilegales boicots que delincuencialmente hace con Ciro Murayama –usando la página web del INE de palestra ajena a los valores democráticos, subiendo textos propagandísticos antidemocráticos– lo mismo boicoteando las consultas populares que haber celebrado acudir a Europa y el inopinado posicionamiento que desde allá se lanzó. El día que Murayama deje su puesto, merecería enfrentar a la justicia y la cárcel por prevaricador. Y Lencho, igual.

La reforma electoral en ciernes, en dado caso, sustituirá al INE del que Córdova está próximo a dejar de presidirlo. A su parcialidad sumamos el boicot de las instancias democráticas mexicanas que mantuvieron contra ellas él y su cómplice Murayama, únicas llamadas a discutir una reforma que ya no va con Lorenzo Córdova ni lo refiere, pues va de salida. Así que se vuelve juez y parte innecesaria en un debate que ya no lo alude, después de todo, pero como siempre usurpa funciones, y sabe que carece de ciertas competencias, es la razón por la cual ha ido a lloriquear al Consejo de Europa; otra facultad de la cual también carece del muy ilegal consejero. Ilegal es sus execrables procederes contra una reforma que ha tenido que impulsar el nombre de “consultas” ya que el INE se dedicó a boicotearlas en vez de organizarlas, como sí lo mandata la Constitución. Sus leguleyos argumentos de quererse evadir conducen a que la reforma tenga que ponerle acento hasta a eso, en organizar consultas. Nos lo hubiéramos ahorrado sin las delincuenciales acciones, tanto de Córdova, como de Murayama, siempre esquiroles de la democracia.

La Constitución no prevé que el INE y, concretamente, sus autoridades y específicamente, Lecho, tenga facultades para buscar una opinión extranjera sobre temas políticos mexicanos, por mucho que se pinte como supuesto demócrata ni tampoco goza del derecho para encubrir que tal pronunciamiento sirva, siquiera, como ariete político, toda vez que ni es vinculante ni tiene peso legal alguno en el Derecho mexicano. Ese Derecho mexicano que el INE también está obligado a respetar. ¿Qué el pronunciamiento europeo tiene solo un peso político? Pues como tal se le trata: carece de toda importancia y eficacia legal, por muy político y muy europeo que sea.  Por lo demás, la comisión europea consultada consideró que la propuesta se enriqueciera con la participación de todos los actores involucrados y sea discutida ampliamente. Cosa muy diferente a limitarse a descalificarla, como sostuvieron medios opositores contando medias verdades. Sí, no se cambie lo que funciona, advierten; y sí, porque si se trata de esto último, empezaríamos por Córdova y Murayama, su despilfarro, sus sueldazos, su frivolidad y despropósitos, los muy caraduras. Eso es lo que ni funciona ni es democrático ni abona a nuestras libertades. Queda servida, comisión europea consultada por ese par de forma tan inopinada y torpe.

Pasemos al horario de verano. Una práctica que tiene al menos 50 años en el mundo y 26 en nuestro país. Llegamos tarde y mal a esta medida. ¿Impulsada para unos cuantos? Puede ser, mas no necesariamente. Sin consulta ciudadana, sin duda. ¿Justificó al cien su aplicación con los resultados obtenidos de supuesto ahorro de energía? No y cada una de estas preguntas merecen desarrollar sus respuestas con más precisión y holgura.

De entrada, también dígase que es una patraña sostener que eliminarlo nos coloca en retroceso. Respuesta: algunos opositores a López Obrador son tan orates que dan peña ajena. Dicho así: peña ajena. Pararon su reloj en el pasado. Al inicio de la aplicación se cuestionó que la pusiera el PRI. Se cuestionó más su utilidad que su eficacia. Se habló de que por principio, México estaba un huso horario atrás del que realmente le corresponde (adelantar el reloj era recuperar ese sitio que por extrañas razones habíamos abandonado) y que eso, se dijo, se mal negoció en los años veinte del siglo pasado. Nunca se volvió a hablar de ello. Nunca supimos si estábamos o no, en el huso horario equivocado. No nos extrañe. Ahora bien, sí ayudaba a los inversionistas a que la Bolsa de Nueva York no estuviera tan lejana de la bolsa espejo que ha sido siempre la mexicana. Pero eso no era necesariamente un mejor argumento para eliminarlo, como no lo fue para ponerlo. El ahorro energético fue siempre pingüe. Nunca consiguió grandes cifras anuales gracias a su implementación. Mas reconozcamos que los opositores al horario de verano tampoco han mostrado mejores cifras contundentes sobre las afectaciones físicas que sostienen que acarrea. Inferir casos o suponerlos, no es evidencia científica, aunque sirva estupendamente para un soso argumentario político. No confundamos ambas cosas.

La polémica legal de 2001 fue trascendente. Se arguyó que el presidente no podía decretar un cambio de horarios. La Corte admitió la controversia. Ordenó que el Legislativo, en su caso, aprobara o desechara esa posibilidad. Así se hizo. Se aprobó entonces, la Ley de husos horarios. Ordenaba modificar el horario como lo conocemos, del primer domingo de abril al último de octubre. Con algunas reformas posteriores, es el esquema vigente hasta 2022, cuando el Congreso federal lo ha eliminado.

Siempre he considerado que, en efecto, no era facultad del Ejecutivo establecer ese horario de verano, pero no solo porque corresponda hacerlo al Legislativo, sino porque, a diferencia de los argumentos esgrimidos, es el agente, el poder que dispone pesos y medidas y el tiempo es una medida. Yo lo hubiera enfocado por ahí. Por otra parte, es verdad que López Obrador se opuso siempre. Fue después, bandera electoral y ha cumplido; en lo tocante a su posibilidad ha abonado a eliminar el horario de verano salvo para la franja fronteriza norte, lo cual nos revela que la salud personal no lo es todo para eliminarlo. Que la economía y la realidad también importan para dejarlo. Y sí, hay muchos temas importantes en el panorama, pero este no es menor. Es debate recurrente que no ha desaparecido por 26 años, así que no cabe el argumentillo falaz de que es un distractor. Sostenerlo es preguntar a quien lo dice: pues ¿dónde has estado estos 26 años de debate?

¿En qué podría estribar la conveniencia de sostener el horario de verano? Dado que yo apoyo tal horario, digo que no puede negarse que a lo más se gana dos horas “robadas” al amanecer, cuando el día goza de la mayor cantidad de luz a inicios del verano. Tampoco es un misterio que si llueve, se oscurece temprano y el horario de verano se relativiza. Igualmente, a muchos nos sucede que octubre se hace más pesado por su prolongación. ¿Ergo? Pues que no podemos que los días extendidos de luz son más aprovechables, la gente distribuye mejor sus actividades y las mujeres, sobre todo ellas, prefieren salir con luz de sus centros de trabajo. Ese punto en los tiempos de violencia que vivimos, mueve a considerar que no era una medida equivocada el sostenerlo.

Ahora bien, se ha eliminado tal horario. Quienes la mitad de nuestras vidas hemos vivido bajo él, deberíamos de reflexionar si nos fue perjudicial; personalmente, no lo ha sido. Por otra parte, los jóvenes merecen vivir un verano sin mover relojes. Tener esa experiencia les permitiría aquilatar la importancia, beneficios, conveniencias o no, así como los pros y contras del horario de verano. Quien quita y en dos años, gane quien gane la presidencia por aclamación popular y viendo las diferencias entre tenerlo y no, el ganador impulsara un nuevo horario, acaso sometido a consulta popular, y convendría preguntarnos si deberíamos de recuperarlo o movernos un huso adelante para estar en el que dicen que realmente nos correspondería desde los años veinte del siglo XX y que cedimos erróneamente, recuperando el huso adecuado. Quizás ese sea el origen de todo este asunto y su innecesario embrollo.