México ¡tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos!

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La  elección de medio término en el vecino país del Norte, fue fatal para nuestro pueblo y lo será para nuestro gobierno. Los resultados muestran el crecimiento del Partido Demócrata, no esperado, pues todo hacía parecer que Biden tendría una derrota incuestionable. Las cifras aún no son totalmente claras.  Donald Trump no pudo anunciar su candidatura presidencial, dado que las cifras han cambiado sus expectativas y sus estados de ánimo. Por el contrario, Joe Biden -a pesar de su edad- anuncia que competirá para consolidar su proyecto.

AMLO, el presidente de México, presumía su buena relación con el troglodita expresidente Trump, a pesar de que éste lo exhibía y lo obligó a custodiar la frontera con soldados mexicanos para evitar el tránsito de migrantes a los Estados Unidos.  Señalaba que el muro que inició a edificar, no era tan fundamental, pues la guardia mexicana haría el trabajo de detener a los transeúntes ilegales.

López Obrador tuvo diferencias con Joe Biden a partir de que bloqueó la Cumbre de las Américas, presumiendo su liderazgo que al final no resultó tanto, porque los ausentes fueron solamente los presidentes latinoamericanos que podían ser encarcelados al pisar suelo americano, como Maduro o el nicaragüense Ortega.

Los encuentros entre ambos presidentes de México y Estados Unidos muestran un lenguaje corporal seguro en el norteamericano y empequeñecido en el mexicano. No hablar el idioma inglés y tener una intérprete en todo momento, lo dimensionan inseguro.

El futuro será así: un Biden echado para adelante, a pesar de sus años, un Andrés Manuel confrontado con los sectores que influyen en la economía, en la política y la comunicación y prácticamente viviendo el último año de gobierno pues, en el que le faltará, empezarán las traiciones, los deslindes y el golpeteo para un régimen que se confrontó con todos y que ahora sólo tendrá a Morena para buscar cómo refugiarse a fin de impedir las investigaciones judiciales.

En este contexto, el 13 de noviembre tendrá lugar una marcha en distintas partes del país, en apoyo del Instituto Nacional Electoral, un órgano que permitió transitar de un autoritarismo feroz y de un priísmo obsoleto, hacia estratos superiores en la Democracia.  Hoy Morena quisiera terminar con el pasado para regresar a la obsolescencia de la autocracia que ya debiera ser imposible a estas alturas.

AMLO ganó una elección histórica con una gran votación, pero nunca con el número de votos del PRI, ni tampoco con el número de Vicente Fox. La elección intermedia de López Obrador marcó para él una contracción importante de votos: perdió la mayoría simple en la Cámara de Diputados y el control absoluto de la Ciudad de México. De las dos consultas que se hicieron, en ninguna logró los votos necesarios para hacerlas vinculantes.

Al INE hay que salvarlo: tenemos que estar este domingo en la marcha para defender a nuestro órgano electoral. Desde luego que ninguna institución es perfecta. Habrá que revisar, pero pensar en la locura de desaparecer plurinominales cuando se crearon para equilibrar la vida democrática del país, sería un retroceso para la patria. Eliminar los órganos electorales locales, elegir a los consejeros con procedimientos primitivos y poco certeros, no conduce sino a que el gobierno que ya empieza a extinguirse tenga el control de un proceso que tantos años y vidas costó a México.

Hoy observamos a un presidente neurotizado, que refleja su estado de ánimo: agrede a todos los sectores de la sociedad, descalifica, se burla. Consideramos que su salud no está ya para eso. No mueve su brazo izquierdo y su rostro muestra rencor, encono y desesperación.  Un presidente no puede morir en el puesto: generaría una catástrofe nacional cuyos límites no alcanzamos siquiera a ver.  El ejército nacional se muestra cada vez más empoderado: sería peligroso en un escenario como este, porque cuando un ejército decide ascender al poder en cualquier parte del mundo, tarda mucho en bajarse. Pinochet, Somoza, Fidel Castro, Francisco Franco… la tentación es mucha y marea a cualquier persona en el mundo. Hoy, el presidente debe reflexionar: quitarse la ira y suavizar su lenguaje buscando una transición aterciopelada, porque él es un gran luchador social que no puede perder los estribos en el momento más importante de su vida, que es cerrar con broche de oro su gobierno.