Yo tampoco

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Es lamentable, como lo he escrito en ocasiones anteriores, que sea el propio presidente el que provoque que no le creamos. Sus acciones tendenciosas, su manipulación, sus torpezas y sus mentiras cotidianas lo han colocado en esa posición.

Revisemos sus acusaciones y arengas como candidato. Vayamos a su historial de promesas electorales que no ha cumplido porque todo lo montó sobre el teatro de la corrupción anterior.

Hoy mismo lo difundí en Twitter: el precio de la gasolina está en 21.32 en tanto protege a su núcleo cerrado formado por personajes de administraciones anteriores con fuertes sospechas de delitos y enriquecimiento absurdo.

Se comprometió a bajar a la delincuencia, a fortalecer la economía, a acabar con el huachicoleo, a superar niveles registrados como en Dinamarca, a detener la cuarentena por la pandemia en mayo pasado, a crecer el empleo, a respetar la libre expresión y dijo reduciría los precios de los combustibles entre otras tantas populistas declaraciones.

Pero el dinero escasea entre los ciudadanos mientras se reparte de forma generosa en sus proyectos impuestos (aeropuerto, tren maya, Dos Bocas) ante una nación en crisis, incluso de abasto de medicamentos para los niños. Su prioridad es la rifa del avión presidencial, ofrecer asilo a Evo Morales o Assange y últimamente a favorecer a su parentela con presupuestos exageradas para el béisbol.

AMLO ha desafiado a los protocolos internacionales en materia de salud y ha dejado crecer a un ineficiente burócrata como López Gatell jugando con estampitas e inmunidades por la “fuerza moral del presidente” mientras la gente muere en camillas y pasillos de hospitales insuficientes. AMLO alimentó su descrédito cuando se presentaba en el zócalo con cajas de cartón amarradas con reatas argumentando que ahí estaban todos los documentos de los fraudes electorales que nunca probó acabando en la escenografía del plantón de Reforma y en el espejismo del presidente legítimo.

Recordamos su mediática cirugía al corazón que le permitió negociar el bloqueo (le llamó “cerco”) al Senado de la República para impedir la Reforma Energética. Ahí transó políticamente para formar a Morena dando la espalda al PRD. AMLO dejó sospechas de debilidad cuando Jefe de gobierno del DF no supo explicar lo del sr de las ligas y la corrupción de Carlos Imaz y Sheinbaum como tampoco la del hombre de Las Vegas, Gustavo Ponce.

Se entretenía (como con el avión) a engañarnos con el Tsuru o defendiendo a Ebrard luego de los linchamientos de Tláhuac y después con la Línea Dorada. AMLO, el político de fuerza anatómica que después de la cirugía al corazón se presenta jugando béisbol o ahora con la pandemia, bateando con dos personas de la tercera edad sin cubrebocas.

Un mandatario que nos ha ofrecido abrazos en vez de vacunas pero que ahora, cuando Morena va en picada y sus candidatos como Durazo en el evidente desventaja, la economía no repunta y mostró su grave error apoyando a Trump y menospreciando a Biden, justo ahora se contagia “débilmente” de coronavirus. Parece a todas luces un chantaje mediático. De una forma u otra el manejo que ha hecho él en lo personal y como gobierno en el asunto de la pandemia ha sido de una subrayada incompetencia e irresponsabilidad. El presidente invencible no lo parece tanto. Le ha estado apostando más a la pandemia que ha cuidar de los ciudadanos. Hace unas horas presumía estar tratando asuntos internacionales con Ebrard y Romo sin cubrebocas.

AMLO ha ha visto en su gobierno morir a 150 mil personas ( no a 43, a 150 mil) y puesto en riesgo a casi dos millones se seres humanos ante el COVID. El que cuidaba al presidente (dicho por él), el que lo protegía, al que seguía sus indicaciones: López Gatell también fracasó con su jefe pues está contagiado. Veamos cómo y de qué manera se resuelve o interpreta el artículo 84 constitucional que trata sobre la ausencia del presidente. Nadie cree, por lo pronto, que AMLO no hubiera recibido ya la vacuna cuando López Gatell presumió, hasta con fotografía, que como subsecretario fue un beneficiado por sobre los demás ciudadanos. Vacunar al presidente podría incluso considerarse como un asunto obligado de seguridad nacional. AMLO acaba de cenar con todos los grandes empresarios de Monterrey y por supuesto, junto con Ebrard, sin cubrebocas.

AMLO dudó cuando enfermo Peña Nieto, dudó cuando hospitalizaron a Vicente Fox, anticipó que eran trampas para renunciar a la presidencia ante su incapacidad, hoy nosotros no tenemos derecho y oportunidad a dudar? Y que conste que es pregunta.

Patético, AMLO intenta “vacunarse” mediaticamente para evitar interrogantes que involucran incluso hasta beneficios para su rancho, las deterioradas relaciones con USA, la sospecha de fraude en la compra de vacunas y el uso indebido de recursos públicos para alentar el voto a favor de Morena.

Con todos estos antecedentes, ¿usted le cree?… yo tampoco.

Conductor del programa Va En Serio MexiquenseTV canal 34.2