Vacunas y vacunación: disparejos, crueldades y enredos. Derechos

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Lunes 15 de febrero 2021. Comenzó la vacunación anti Covid-19 en tres alcaldías de la Ciudad de México y en municipios de algunos estados.

El presidente provoca enredos, desorden. El gobierno había dicho que los mayores de 60 años serían los primeros en vacunarse, en orden, comenzando por los de 80 años y más, luego los de 70 a 79, después los de 60 a 69. Hemos visto que no ha sido así: mayores de 60 años, pero menores de 80, han ido a recibir la vacuna. La confusión la causó el presidente: reiteró que todos los mayores de 60 años ya pueden ser vacunados, olvidando precisar el orden, por edad. Los menores de 80, sobre todo los informados, deberían colaborar para que los más grandes y discapacitados pasen primero.

Lo anterior es terrible, ya que millones estamos preocupados por nuestros amados ancianos.

Las personas que fueron a vacunarse el primer día, cientos, han tenido que hacer una larga fila para recibir una ficha; muchas se formaron desde la madrugada. Llegaron también personas en sillas de ruedas, que nunca se enteraron que pueden ir a vacunarlos a sus casas. Ancianos y discapacitados están angustiados porque ir al punto de vacunación es muy difícil para ellos, más si lo tienen que hacer a pie o en transporte público, aunque alguien los acompañe, o porque no tienen automóvil, lo que se soluciona con acuerdos con los taxistas. Estoy segura de que la solidaridad de los transportistas de pasajeros, autos y camionetas, municipales y citadinos, apoyarían la vacunación de los mayores de 60 años.

Increíble que nuestros padres, abuelos, parientes, amigos, compadres, vecinos, enemigos, contrincantes, opositores, higaditos, de todos los colores y niveles socio-económicos, tengan que pasar por este “calvario”. La noche del 15 de febrero, López Gatell tuvo la idea de que haya filas, por décadas de edad, para que los mayores de 80 años pasaran primero a recibir la vacuna, lo que no deja de ser una crueldad.

El gobierno tuvo semanas para organizar una logística que facilitara la vida. Pero no lo hicieron, tal vez porque hay pocas vacunas; quizá tener largas filas y solamente puntos de vacunación públicos le conviene: así tendrán tiempo para que lleguen más vacunas. Esto es innecesario.

Muchos mayores de 80 años, y de menos edad, quieren ir al hospital o clínica privado a recibir la vacuna. Me han dicho: “Están violando nuestro derecho a la salud; están violentando los derechos que nos hemos ganado con años de trabajo; están impidiendo que nos vacunemos; quiero ir a mi hospital porque ahí está mi expediente médico, porque lo conozco, porque estoy enfermo, porque hay baños, porque nos pueden vacunar en el estacionamiento; el presidente, en el fondo, odia los hospitales privados que han apoyado durante la pandemia y a quienes podemos ir a ellos; el gobierno necesita apoyarse en los servicios privados; no es justo: es nuestro derecho y nuestra voluntad; queremos pagar, podemos pagar, es nuestro dinero, trabajamos mucho para ganarlo y tener una mejor vida, no se lo robamos a nadie, no somos corruptos.”

El presidente se aprovecha de su paradójico “prohibido prohibir”: está impidiendo —prohibiendo— que millones puedan ser vacunados en hospitales y clínicas privados. ¿Acaso cree que quienes acuden a servicios de salud privados no tienen el derecho de exigir vacunas? Se equivoca; y si no, hay odio.

Millones de personas están dispuestas a pagar el costo de la vacuna y el costo de su aplicación, no sólo para ellos; hay quienes quieren pagar vacunas de mayores de 60 años que no pueden hacerlo y que lleguen a los hospitales privados, que serán los que habiten en la zona aledaña. Así, el gobierno recuperaría fondos y los hospitales cubrirían gastos. Pero rechaza la vocación socio-solidaria de muchos mexicanos.

Incluso podría decretarse que los seguros médicos privados cubran el costo de la vacunación. En Europa y Estados Unidos los seguros, social y privados, reembolsan el costo por aplicación.

En el gobierno, parecería que no hay compasión por los mayores de 60 años, en especial los enfermos y ancianos. Su “parejos” funciona mal: los trata de forma dispareja, sin consideración a su edad, enfermedades, capacidades físicas y mentales, deseos.

Habían dicho que las brigadas irían a vacunar a aquellos que tuvieran problemas de movilidad, entre otros. No han ido y las escenas son dramáticas: ancianitos que apenas pueden caminar o en silla de ruedas haciendo fila, durante horas. Es sencillo: tienen que avisar por todos los medios que a todos los mayores de 80 años, que son pocos, se les vacunará en casa, y cumplir con lo que afirmaron que harían las brigadas; que a los de 60 a 70 años, si no pueden caminar, si no tienen quién los acompañe, si padecen sordera, si tienen daño cerebral, demencia senil, incontinencia, entre otros padecimientos, además de que pueden perderse, también irán a vacunarlos a sus viviendas. El “call center gigante” que habilitaron ha tenido un funcionamiento deficiente: ¿a cuántos han llamado? Aún pueden solucionar esto. Voluntad.

Un asunto delicado es que las vacunas no se apliquen según su eficacia, priorizándola por edad.

Aunque se haya anunciado que la vacuna de AstraZeneca tiene una eficacia “aceptable” (doctora Celia Alpuche Aranda) para los mayores de 60 años, su eficacia disminuye con la edad. Para los menores de 55 años tiene una eficacia del 62.6%, por lo que debería ser aplicada a los que tienen menos de esta edad, pues tienen más defensas, incluidos muchos de quienes atienden a pacientes con Covid-19 y maestros.

AstraZeneca precisa (subrayados míos): “La protección comienza aproximadamente 3 semanas después de la primera dosis de la vacuna. Es posible que las personas no estén completamente protegidas hasta 15 días después de la administración de la segunda dosis. Al igual que con todas las vacunas, la vacunación con la vacuna COVID-19 AstraZeneca puede no proteger a todos los receptores de la vacuna”. “La segunda dosis debe administrase entre 4 y 12 semanas (28 a 84 días) después de la aplicación de la primera dosis.” (https://cima.aemps.es/cima/pdfs/es/p/1211529001/P_1211529001.pdf)

A los mayores de 55 años debería aplicarse la vacuna Comirnaty de Pfizer-BioNTech, cuya eficacia es del 95%. Esta vacuna se la pusieron a los dos Papas: Francisco y Benedicto XVI, y suponemos que a la reina Isabel y esposo (cuando fueron vacunados, la vacuna de AZ aún no estaba autorizada). Urgimos, imploramos, exigimos que a nuestros amados adultos mayores y ancianos se les ponga esta vacuna.

Debemos estar atentos de que la segunda dosis de la vacuna Comirnaty se aplique 21 días después de la primera dosis, y recordar que sólo después de 7 días de la segunda dosis las personas comenzarán a estar protegidas para no enfermarse de gravedad o, quizá, no enfermarse. (https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/955899/Temporary_Authorisation_HCP_Information_BNT162_6_0_UK_editclean.pdf)

Pero hay dos puntos que urge atender para que México tenga la vacuna Comirnaty.

El primero, la UE anunció que, al 8 de febrero 2021, el gobierno mexicano había hecho una sola solicitud para importar vacunas: “autoridades competentes de la Unión Europea autorizaron un envío de vacunas contra la COVID-19 a México. Cabe mencionar que esta es la única solicitud de envío hacia México recibida hasta el momento” (Autoridades competentes de la Unión Europea autorizan envío de vacunas contra la COVID-19 a México – Servicio Europeo de Acción Exterior (europa.eu)). El gobierno ya realizó los trámites para dos envíos: el de esta y la siguiente semana. Esperemos que, a la brevedad, pague y haga las solicitudes necesarias para que recibamos el total de 34.4 millones de dosis de la vacuna de Comirnaty de Pfizer-BioNTech que prometió.

El segundo, ultra congeladores y logística. La OPS señaló (31 de enero) que los países que recibirán vacunas vía COVAX, “sobre el inicio de la entrega de las primeras dosis de vacunas, los países deben garantizar que están listos para utilizarlas (…). También fueron invitados a presentar propuestas para la iniciativa ‘Primera Ola’, un programa piloto global para recibir anticipadamente una cantidad limitada de dosis de la vacuna de Pfizer/BioNTech dentro del total de su cuota asignada. Fueron 72 países de todo el mundo los que presentaron solicitudes que fueron evaluadas por un comité independiente con base en criterios de riesgos e impacto de la pandemia, las tasas de mortalidad de las últimas semanas, así como la cantidad de dosis disponibles y los riesgos en su uso inmediato por parte de los países. (…) El comité seleccionó a 18 países a nivel global, de los cuales 4 son de a la región de las Américas: Bolivia, Colombia, El Salvador y Perú” (Países de las Américas reciben notificación sobre la asignación de vacunas contra la COVID-19 a través de COVAX – OPS/OMS | Organización Panamericana de la Salud (paho.org)).

“En América Latina y el Caribe, 37 países recibirán vacunas a través del mecanismo COVAX, de los cuales 27 lo harán con financiamiento propio y 10 lo harán sin costo debido a su condición económica o el tamaño de su población” (Ibidem). El gobierno tiene que aclararnos si las vacunas de Pfizer-BioNTech que hemos recibido son precompra directa o vía COVAX con financiamiento propio; tenemos que saber si las que son precompra directa están controladas por COVAX, si el que recibamos 34.4 millones de la vacuna Comirnaty depende de la capacidad de México para almacenarla, distribuirla y aplicarla, si depende de la decisión de COVAX; lo pienso, porque no nos han informado que las hayan pagado en su totalidad, o si llegaron a un acuerdo para recibirlas vía COVAX, pues México aportó una enorme suma de dinero. También debe informarnos sobre cuántos ultra congeladores tiene México, en dónde están, su capacidad; dado que somos productores de ultra congeladores, queremos saber cuántos se han adquirido y a quién y en dónde se han distribuido. Porque sin una logística profesional para proteger y descongelar la vacuna de Pfizer-BioNTech y sin planeación profesional para su aplicación, que terminará siendo en hospitales, clínicas y puntos habilitados para ello que cuenten con ultra congeladores y refrigeradores, no tendremos la mejor vacuna. Nuestros 15 millones de mayores de 60 años tienen derecho a recibir esta vacuna.

Además, la vacuna de Pfizer-BioNTech “no debe enviarse (transportarse) en vehículo de motor después de la dilución lejos del lugar de dilución. Cualquier envío (transporte) en vehículo de motor después de la dilución del vial queda bajo la responsabilidad del profesional de la salud” (Reg 174 Information for Uk Healthcare Professionals). Esto agrega un cuidado más, que implica que esta vacuna se reciba y aplique en hospitales y clínicas, públicos y privados, y puntos de vacunación que puedan garantizar calidad constante hasta su preparación final, por profesionales, y su aplicación.

Médicos de dispensarios parroquiales me han compartido su preocupación de que los mayores de 60 años no reciban la vacuna de Pfizer-BioNTech. En los dispensarios existen refrigeradores caseros, donde se puede guardar la vacuna algunas horas. El gobierno puede entregar los viales (contienen varias dosis) a hospitales y clínicas, públicos y privados, que cuenten con ultra congeladores, los que entregarían dichos viales (con la substancia sin diluir) a los médicos de los dispensarios; ellos las transportarían en hieleras con hielo seco a sus consultorios parroquiales; una vez en el consultorio, la substancia continuaría descongelándose, según las precisas indicaciones que indica Pfizer-BioNTech; una vez diluida, se procedería a aplicarla en el dispensario y en el atrio; el tiempo de observación puede hacerse dentro del templo; en todo momento sin olvidar que el cubreboca-nariz no sustituye la sana distancia.

Para el control epidemiológico, el registro de vacunados se enviaría a la Secretaría de Salud.

Ver que nuestros mayores se están vacunando causa una enorme alegría, la que se derrumba cuando vemos a nuestros amados ancianos encorvados, apenas pudiendo caminar, tratando de abrigarse, de cobijarse, esperando durante horas, pasando hambre. Estamos felices porque haya comenzado la vacunación, felicidad que se desmorona cuando escuchamos las palabras de angustia de muchos mayores de 60 años que no pueden estar formados durante horas, que no pueden ir, que no quieren ir porque es agotador, porque les da miedo salir, por lo que sea. ¿Es difícil comprender a los ancianos, en especial a los de 80 y más?

Estamos sorprendidos de que el gobierno no entienda que el derecho a la felicidad es de todos y que con la falta de decisiones correctas provoca dolor, angustia y desdicha entre millones de mayores de 60 años.

Su “parejos” se opone al “primero los pobres”: las palabras del presidente, al reiterar que llegó la hora de los pobres, suenan a venganza. Qué bueno que la justicia llegue a los más desprotegidos: no esperamos menos de un gobierno. Pero, si hubiera realmente justicia e igualdad ante la ley, respetaría a todos, respetaría los derechos consagrados en las leyes.

Estamos tristísimos porque a los mayores de 60 años se les ha negado la vacuna de Pfizer-BioNTech; tristísimos porque a los mayores de 80 años y a quienes lo necesitan no se les vacune en sus casas.

México llora porque el “parejos” es, en realidad, disparejos, ya sea por resentimiento ideológico, por perversa interpretación de conceptos, por egoísmo, porque el gobierno no comprende que la igualdad ante la ley no significa violación de derechos ganados, porque no comprende a nuestros amados ancianos.

México observa que el gobierno se conforma con la respuesta compasiva de unos pocos para con nuestros amados abuelos, olvidando que, en momentos de guerra, desastres, pandemias, prevalece el instinto de sobrevivencia individual. Por eso el gobierno tiene que actuar.

México está siendo testigo de que nuestro gobierno quiere medir a todos con la misma vara, y no con derechos fundamentales y constitucionales, reprimiendo con ello el ejercicio de la compasión y solidaridad que, cada quien en su espacio y como le es posible, puede recibir, dar y compartir.